El informe anual de Oxfam presentado en Davos en enero de2026 construye el retrato más completo hasta la fecha de cómo la riquezaextrema se convierte en poder político, erosiona la democracia y aplasta ladisidencia. Sus conclusiones son tan documentadas como perturbadoras.
Existe una frase del juez Louis Brandeis del TribunalSupremo de Estados Unidos que el informe de Oxfam recupera como epígrafeconceptual de todo su argumento: «Podemos tener una riqueza extremaconcentrada en manos de unos pocos, o podemos tener democracia. Pero no podemostener ambas cosas.» Lo que el documento de casi setenta páginas hace esdemostrar, con datos de 136 países y decenas de estudios académicos, que esadisyuntiva ya no es teórica. Es el presente.
Una década dorada para los milmillonarios
Los números con los que abre el informe son de unacontundencia difícil de procesar. En 2025, por primera vez en la historia, elnúmero de milmillonarios en el mundo superó las 3.000 personas. Su riquezacombinada alcanzó los 18,3 billones de dólares en noviembre de 2025, un 81% másque en marzo de 2020 —ajustado a la inflación—. Solo en el último año, esariqueza creció un 16,2%, tres veces más rápido que el promedio anual de loscinco años anteriores. En octubre de 2025, el hombre más rico del mundo, ElonMusk, se convirtió en la primera persona en acumular una riqueza superior amedio billón de dólares. Los datos individuales no son menos impactantes. Los12 milmillonarios más ricos acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad máspobre de la población mundial, es decir, más que 4.000 millones de personas. Ylo que ganaron los milmillonarios en el último año alcanzaría para distribuir250 dólares a cada persona del planeta, y aun así seguirían siendo más de500.000 millones de dólares más ricos. Al mismo tiempo, una de cada cuatropersonas en todo el mundo pasa hambre.
El freno de la pobreza
El informe desmonta uno de los pilares argumentales delmodelo económico vigente: que el crecimiento, incluso cuando concentra riqueza,termina beneficiando a todos. Los datos muestran lo contrario. En las últimasdécadas, quienes defendían la globalización económica podían ampararse en losavances reales en términos de reducción de la pobreza. Sin embargo, desde quecomenzó la década de 2020, estos argumentos ya no se sostienen. La reducción dela pobreza se ha frenado de manera general y, de hecho, en África ha vuelto aaumentar. En 2022, casi la mitad de la población mundial —el 48%, es decir,3.830 millones de personas— vivía en situación de pobreza. Una proyecciónincluida en la informe resulta especialmente reveladora: si se mantiene latrayectoria actual, 2.900 millones de personas —un tercio de la poblaciónmundial— seguirán viviendo en la pobreza en 2050. Sin embargo, unaredistribución leve bastaría para revertir este panorama: con solo el 65% de loque ganaron los milmillonarios en el último año se podría acabar con la pobrezaextrema en todo el planeta. La desigualdad afecta de manera desproporcionada amujeres, comunidades racializadas y personas LGBTIQ+. Las mujeres y laspersonas racializadas son quienes desempeñan, mayoritariamente, los empleospeor remunerados y más precarios. Se calcula que las mujeres dedican 12.500millones de horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, lo que suponeuna contribución a la economía mundial de, al menos, 10,8 billones de dólares.
Cómo se compra el poder político
La segunda parte del informe es la más políticamenteincómoda. Oxfam documenta con precisión los tres mecanismos a través de loscuales los milmillonarios traducen su riqueza en poder político: comprandoapoyo, controlando medios y ejerciendo el poder directamente. Sobre el primero,los datos de Estados Unidos son elocuentes, pero no excepcionales. La EncuestaMundial de Valores reveló que casi la mitad de las personas encuestadas teníanel convencimiento de que las personas ricas a menudo compran las elecciones desu país. En 2024, tan solo 100 familias millonarias donaron 2.600 millones dedólares a la campaña de las elecciones federales de Estados Unidos, una cifrasin precedentes. Esto significa que uno de cada seis dólares gastados por todaslas candidaturas, partidos y comités procedía de estas familias. Los datos de136 países confirman que, a mayor desigualdad en la distribución de losrecursos económicos, mayor desigualdad también en la distribución del poderpolítico. Esto acaba traduciéndose en la adopción de medidas políticas queanteponen los intereses de las élites frente a las necesidades de los grupos demenores ingresos. Un estudio académico que analizó una amplia muestra depolíticas en Estados Unidos reveló que, cuando una política contaba con elapoyo de los más ricos, la probabilidad de que se convirtiera en ley era del45%. Cuando los más ricos no la apoyaban, esa probabilidad caía al 18%. Sobreel control de los medios, el informe señala que más de la mitad de los mediosde comunicación más importantes del mundo son propiedad de milmillonarios, ytan solo seis milmillonarios dirigen nueve de las diez principales redessociales del mundo. En Francia, el milmillonario de extrema derecha VincentBolloré, cuya fortuna proviene de inversiones en combustibles fósiles, compróel canal de noticias CNews y lo transformó en la versión francesa de Fox News.En Estados Unidos, tanto X —antes Twitter— como Meta han reducido sus medidaspara prevenir la propagación del odio y la desinformación, con el pretexto dela libertad de expresión. Un estudio de la Universidad de California enBerkeley constató que los discursos de odio crecieron en torno al 50% en losmeses posteriores a que Elon Musk adquiriera X. Sobre el ejercicio directo delpoder, el dato más perturbador es quizás este: Oxfam calcula que laprobabilidad de que los milmillonarios ocupen cargos políticos es al menos4.000 veces mayor que el de cualquier persona corriente. En 2025 el mundoasistió a la toma de posesión de un presidente milmillonario rodeado de ungabinete con varios milmillonarios, respaldado y financiado por el hombre másrico del mundo.
Represión en lugar de redistribución
La tercera sección del informe documenta lo que Oxfam llamael patrón más alarmante del momento: ante la indignación generalizada de laciudadanía por el costo de vida y la desigualdad, los gobiernos de todo elmundo están optando por la represión en lugar de la redistribución. En losúltimos 12 meses han tenido lugar más de 142 grandes protestas contra gobiernosen todo el mundo. En 2024, la libertad de expresión empeoró en una cuarta partede los países del mundo. Según Freedom House, 2024 fue el decimonoveno añoconsecutivo en el que este indicador retrocedió a nivel mundial, ya que más de60 países experimentaron un retroceso en derechos políticos y libertadesciviles. El informe ofrece casos concretos y documentados. En Kenia, lasprotestas juveniles de 2024 contra la ley de finanzas impuesta en parte porexigencias del FMI fueron respondidas con secuestros, torturas y al menos 39muertes confirmadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. En Colombia,las protestas de 2021 fueron enfrentadas con militarización y armas letales,causando más de 80 muertes y miles de detenciones arbitrarias. En Argentina,las manifestaciones sindicales de 2024 derivaron en brutalidad policialgeneralizada, con al menos 1.155 manifestantes heridos y 33 con impactos encabeza y rostro. En la última década, se registraron en todo el mundo más de6.400 ataques contra personas defensoras de los derechos humanos quedocumentaban daños causados por empresas. En el 89% de esos casos, el objetivoeran personas defensoras del clima, la tierra y el medioambiente. El informetambién documenta cómo el sistema de deuda global funciona como palanca de estadinámica. Según la UNCTAD, 3.400 millones de personas viven en países quedestinan más dinero al pago de intereses de la deuda que a educación o sanidad.En África, el gasto en el servicio de la deuda es, de media, un 150% mayor queel gasto conjunto en educación, sanidad y protección social.
El nexo entre desigualdad y erosión democrática
Uno de los aportes académicos más relevantes del informe esla demostración estadística de que desigualdad y autoritarismo no son fenómenosparalelos sino causalmente vinculados. Un exhaustivo estudio analizó 23episodios de erosión democrática en 22 países. El estudio reveló que los paísescon mayor desigualdad tienen una probabilidad siete veces mayor de experimentaresta erosión democrática que los países con menos desigualdad. Esa erosiónincluye el debilitamiento del sistema de equilibrio de poderes, la restricciónde las libertades civiles, la manipulación de elecciones y la normalización deprácticas autoritarias. El modelo matemático permite hacer predicciones: en unpaís como Suecia, con menor desigualdad, la probabilidad de retrocesodemocrático es del 4%. En Estados Unidos, más desigual, es del 8,4%. EnSudáfrica, con un nivel de desigualdad aún mayor, el riesgo escala hasta el31%. En la actualidad, casi tres cuartas partes de la población mundial vive enregímenes autocráticos, y menos del 3% vive en países con un espacio cívicoabierto. Es un círculo vicioso que avanza de manera imparable: 42 países seencuentran en un proceso de autocratización.
Las propuestas
El informe no se limita al diagnóstico. En su sección finalplantea tres líneas de acción para gobiernos y sociedades. La primera esreducir drásticamente la desigualdad económica mediante Planes Nacionales deReducción de la Desigualdad con plazos concretos, gravando efectivamente a lossuperricos, cancelando la deuda insostenible de los países del sur global,aumentando salarios y garantizando servicios públicos universales. La segundaes frenar el poder político de los superricos estableciendo cortafuegos legalesentre riqueza y política: regular el lobby, prohibir la financiación decampañas por parte de milmillonarios, legislar a favor de la independencia delos medios y regular los algoritmos para aumentar su transparencia. La terceraes construir el poder político de la mayoría: proteger el espacio cívico,fortalecer los sindicatos, garantizar la representación de gruposhistóricamente excluidos y crear mecanismos de participación ciudadana real enla formulación de políticas. La conclusión del presente informe demuestra queesto no es inevitable. Los gobiernos pueden optar por anteponer las necesidadesde la gran mayoría frente al poder de las oligarquías. Organizada, la propiaciudadanía puede convertirse en un poderoso contrapeso frente al poder de lariqueza extrema. Juntos y juntas podemos exigir un mundo más justo y menosdesigual. El informe cierra con una afirmación que podría parecer optimistapero que descansa en evidencia histórica concreta: el cambio es posible. Lo queestá en juego, según Oxfam, es simplemente si habrá voluntad política —yciudadana— para impulsarlo.
A.G.



