A medio siglo del golpe de 1976, el periodista Bernardo Guerra, propone una mirada situada sobre la memoria en la provincia, reconstruyendo hechos, nombres y contextos que marcaron a la sociedad neuquina y que aún hoy interpelan a la democracia.
A 50 años del golpe cívico militar económico, el 66% de la población sigue sosteniendo que la democracia es preferible a cualquier otra forma de “gobierno”.
El 57% considera como muy importante mantener viva la memoria sobre lo ocurrido durante la última dictadura. Más del 60% está de acuerdo con que la dictadura fue un período de violaciones a los derechos humanos, de crisis económica y falta de libertades.
En 1976, la provincia de Neuquén tenía, aproximadamente, 170 mil habitantes y la ciudad capital unos 45 mil.
Era un polo de atracción por el petróleo, la construcción de las represas y la fruticultura. Neuquén capital era un pueblo que comenzaba a sentir la transformación que décadas después la llevaría a ser una de las ciudades más importantes de la Patagonia.
La población estaba compuesta por personas de distintas provincias y países. La mayoría llegaba atraída por publicidades que hablaban de trabajo en “abundancia”. Otros escapaban de dictaduras que ponían en riesgo sus vidas. En ese marco, dos figuras muy diferentes entre sí comenzaban a destacarse. Una llegaría a tener proyección nacional y la otra fuerte arraigo provincial: Felipe Sapag, varias veces gobernador de la provincia. El otro, un cura, Jaime Francisco de Nevares, que como obispo de la diócesis inquietaría no solo a los sectores más conservadores de la Iglesia, sino también al Ejército y al poder político. Este cura, a poco de arribar a la provincia para asumir como obispo, estableció fuertes vínculos con mapuches, con obreros, con extranjeros exiliados.
Promediando los 60 y hasta los 80, más o menos, la joven provincia fue escenario de importantes movilizaciones: partidarias, gremiales, barriales y de DD.HH. En casi todas ellas se destacó el acompañamiento y la presencia del obispo Jaime de Nevares.
De Nevares y los curas Héctor Galbiatti, Magín Páez y Rubén Capitanio, en el año 1976, convocaron a familiares para reclamar por las desapariciones que estaban ocurriendo en la provincia. Estas acciones son las que dan pie para que en Neuquén se creara la delegación de la APDH, con Noemí Labrune a la cabeza.
Eran tiempos de mucha agitación y movilización. “El Choconazo”, “el frutazo”, las movilizaciones de obreros de la UOCRA, de estudiantes universitarios por la nacionalización de la Universidad, fueron manifestaciones “observadas” con preocupación por las autoridades militares, que no dudaron en declarar a la provincia como de alto riesgo. Y este es un dato a tener en cuenta para entender, un poco, por qué la dictadura se ensañó de tal manera en este territorio.
El 24 de marzo en Neuquén cayó un día miércoles. Fue un día radiante, “casi peronista”, dicen algunos.
Hablar de número de secuestrados/desaparecidos de Río Negro y Neuquén es tarea difícil debido a los traslados que hacía el Ejército. Se los detenía en una ciudad y rápidamente se los trasladaba a otras provincias, como Bs. As., Bahía Blanca, el sur del país o centros clandestinos. Por ello, quienes han trabajado en los Juicios por la Verdad hablan de 50 personas desaparecidas/secuestradas en la región, aproximadamente.
En Neuquén los militares torturaban e interrogaban en La Escuelita, siniestro lugar que estaba atrás del Batallón 161, en la zona conocida por los vecinos como Los Polvorines. También esos tormentos se ejecutaron en la Federal de la calle Santiago del Estero, la Comisaría 14 de Cutral Co, la 4ª de Cipolletti y la delegación de Gendarmería de Junín de los Andes.
Este 24 de marzo de 2026 se cumple medio siglo de aquel momento en que las FFAA, con el beneplácito de los poderes económicos, eclesiásticos y ciudadanos, se apropiaron de las instituciones a sangre y fuego. Pero en Neuquén hubo hombres y mujeres, como por ejemplo Jaime de Nevares y Noemí Labrune cuya resistencia a los horrores de la dictadura se agigantan. Pero no seríamos justos si no recordáramos, también, a jóvenes muy jóvenes por aquellos días que pusieron en riesgo sus vidas por el sueño de una sociedad más justa: Ana Chaina, Carlos y Patricia Roca, Liliana Paredes, Gloria Sánchez, Luis Velázquez, Betina Labrune, Ana Rigoni, son algunos de los nombres que recuerdo. Seguramente son más, muchos más.
Es posible que este martes 24 de marzo de 2026 alguien diga: nos faltan el Obispo, Noemí, Inés, Lolin, Oscar, Walter. Es cierto, físicamente no estarán caminando de arriba a abajo la Avenida Argentina, pero estarán más vivos que nunca en otras caras, otras figuras, porque sus gritos de libertad y justicia siguen vivos en la memoria colectiva. Se resisten al olvido.



