Nigeria, sin paz, se vio obligada el pasado sábado a llorarnuevas muertes. Esta vez, la matanza de hombres, mujeres y niños tuvo lugar enel estado de Yobe, en el noreste del país africano. Un ataque aéreo de laFuerza Aérea nigeriana, dedicada a combatir a los grupos yihadistasrevolucionarios afiliados a Boko Haram —que desde 2009 han iniciado unasangrienta insurrección armada—, alcanzó el mercado de la localidad de Jilli.El número de víctimas es dramático, pero aún incierto. Amnistía Internacional,que ayer denunció el suceso junto con otras organizaciones humanitarias, hacontabilizado más de 100 muertos y 35 heridos, mientras que el recuento de uninforme de las Naciones Unidas se ha quedado en 56 muertos y 14 heridos.
«Errores» frecuentes
Sea cual sea el número de civiles que han perdido la vida enese mercado —que atrae a muchos comerciantes de los estados vecinos de Kano yJigawa, pero que está estrictamente controlado precisamente por Boko Haram—, latragedia del acto sigue intacta: los altos mandos militares nigerianos, con unescueto comunicado, se apresuraron a confirmar el ataque, alegando, sinembargo, que se trató de un error, de una confusión involuntaria de objetivos.Pero no es la primera vez que la Fuerza Aérea nigeriana ataca a civiles duranteoperaciones militares contra los guerrilleros: en junio de 2025 al menos 20personas murieron en el estado de Zamfara, mientras que en febrero del mismoaño una decena de civiles fallecieron en un ataque llevado a cabo en el estadode Katsina. Un estudio elaborado por Associated Press reveló que, desde 2017hasta la fecha, más de 500 civiles han perdido la vida en «incidentes»similares, señalando la falta de coordinación entre las tropas terrestres y losmedios aéreos como la principal causa de estos «errores».
Ataques y secuestros
Mientras tanto, continúan sin cesar los ataques deyihadistas y bandas criminales contra pueblos y ciudades, sobre todo en elnorte: en los últimos diez días, las víctimas han superado el centenar. En ladiócesis de Kontagora, que abarca los estados de Níger y Kebbi, persiste laconsternación y el dolor por las matanzas de la Semana Santa, que se saldaroncon 24 muertos, la destrucción de la casa de un catequista católico y de unamezquita, y el asesinato de un pastor pentecostal.
Federico Piana



