Cómo una corriente religiosa nacida en Estados Unidos seconvirtió en un factor de poder político en América Latina, y qué papel juegaArgentina en ese engranaje global.
Hay una frase que el evangelismo conservador repite desdelos púlpitos de Texas hasta las iglesias de la Patagonia: «Quien bendice a Israel será bendecido.» Es un versículo del Génesis, pero en el siglo XXI funciona también como programa político. Detrás de esa convicción se ha construido, con décadas de paciencia y millones de dólares, una de las redes de influencia más sofisticadas y menos visibles del mundo occidental.
Se llama sionismo cristiano. No es una iglesia, ni unpartido, ni una organización con sede única. Es una cosmovisión teológica conconsecuencias políticas concretas: la creencia, extendida sobre todo en elevangelismo protestante, de que el retorno del pueblo judío a Tierra Santa y laexistencia del Estado de Israel son el cumplimiento de la profecía bíblica yuna condición necesaria para la segunda venida de Cristo. Su base doctrinal esel dispensacionalismo: la historia humana avanza por etapas predeterminadas,Israel tiene un rol irrenunciable en ese plan, y apoyar al Estado judío es, portanto, un mandato divino.
Ser judío refiere a una identidad religiosa, cultural ytambién étnica: implica pertenecer a una tradición milenaria con creencias,historia y comunidad propias. Ser sionista, en cambio, es una posiciónpolítica: es la idea de que el pueblo judío debe tener —y sostener— un Estadopropio, históricamente vinculado a Israel. No todos los judíos son sionistas,ni todos los sionistas son judíos; son planos distintos, uno ligado a laidentidad y otro a una definición política.
Los números desafían cualquier idea de marginalidad. EnEstados Unidos, los seguidores de esta corriente rondan entre 10 y 20 millonesde personas, superando con holgura la cantidad total de judíos en el mundo. Laorganización Cristianos Unidos por Israel —CUFI, por sus siglas en inglés—fundada en 2006 agrupa a más de 7 millones de miembros. Entre ellos figuran elex director de la CIA Mike Pompeo, el ex vicepresidente Mike Pence y elestratega John Bolton. No es una curiosidad espiritual: es un lobby con pesoelectoral, financiero y diplomático capaz de inclinar decisiones en Washington.
La ingeniería del lobby: cómo Israel organiza a sus aliadoscristianos
El avance de esta corriente en América Latina no fueproducto de la espontaneidad religiosa. Fue diseñado. Desde 2004, bajoiniciativa del rabino y político ultrasionista Binyamin Elon, el Parlamentoisraelí creó el grupo de trabajo «Aliados Cristianos de Israel» con unpropósito preciso: identificar pastores, parlamentarios y figuras de influenciaen distintos países para orientar agendas legislativas en favor de Tel Aviv. Elmecanismo es elegante y eficaz: se invita a los pastores a visitar Israel, selos conecta con funcionarios y militares, se financia su estadía, y regresantransformados en embajadores informales.
El turismo religioso a Tierra Santa es, en ese sentido,mucho más que devoción. Es un instrumento de política exterior. Los pastoresque visitan Israel vuelven con discursos, contactos, compromisos y, muchasveces, con recursos para financiar proyectos vinculados al Estado hebreo.Guatemala y Brasil son los casos más avanzados de esta penetración: en ambospaíses, legisladores evangélicos intervienen abiertamente en defensa de Israelen sus respectivos congresos. En Buenos Aires, el proceso llegó a su expresiónmás explícita con la llegada de Javier Milei al poder.
Argentina, el aliado más entusiasta del continente
Pocas transformaciones de política exterior han sido tanabruptas y visibles como la que protagonizó Argentina desde diciembre de 2023.Tras décadas de posiciones críticas hacia el sionismo —o al menos de cautelosaequidistancia—, Buenos Aires se convirtió en el aliado más explícito de TelAviv en Sudamérica. Las señales se acumularon desde el primer día: Mileiexpresó públicamente su admiración por el judaísmo, «soy el presidente massionista del mundo» dijo y prometió convertirse a esa fe una vez concluidosu mandato, anunció el traslado de la embajada argentina a Jerusalén y recitóbendiciones hebreas en actos oficiales. Designó como embajador en Tel Aviv a supropio líder espiritual, el rabino Axel Wahnish.
El punto más alto de ese alineamiento llegó en junio de2025, cuando Milei viajó por segunda vez a Israel y recibió el Premio Génesis—apodado «el Premio Nobel judío»— que incluye un millón de dólares enreconocimiento a su apoyo incondicional. Allí firmó con Netanyahu un Memorándumpor la Defensa de la Democracia y la Libertad contra el Antisemitismo y elTerrorismo. A fines de ese mismo año lanzó los llamados «Acuerdos de Isaac»:una iniciativa calcada de los Acuerdos de Abraham, diseñada para profundizarvínculos entre Israel y América Latina, con Argentina como «país pionero» allado de Estados Unidos.
“Milei apela al judaísmo no tanto desde una filiación religiosa coherente, sino como un dispositivo identitario que le permite marcar distancia frente a lo establecido y construir una narrativa de excepcionalidad política.”
— Damián Setton, sociólogo, citado por el teólogo NicolásPanotto
En ese contexto, los pastores evangélicos pro-Israel dejaronde ser aliados periféricos para convertirse en actores centrales del nuevoorden político. El vínculo no es solo simbólico: tiene forma de contratos,convenios y transferencias de dinero público.
ACIERA y los millones del Estado: la oración que se pagócara
El 10 de diciembre de 2023, cuando Milei asumió lapresidencia, el pastor que presidía la Alianza Cristiana de IglesiasEvangélicas de la República Argentina (ACIERA) pronunció la oración evangélicaoficial en la ceremonia. Fue un gesto cargado de significado político.
Semanas después, ese mismo gesto tuvo precio de mercado: laministra Sandra Pettovello firmó con ACIERA un convenio de asistenciaalimentaria que transfirió a esa organización 177 millones de pesos.
El timing fue brutal. La firma se realizó mientras largasfilas de ciudadanos esperaban afuera del Ministerio de Capital Humano, cuyatitular había declarado públicamente que «los que tienen hambre vengan de a unoque les voy a anotar el DNI». El dinero destinado a los comedores evangélicosllegó sin demoras. Los comedores del Estado tardaron meses.
ACIERA es, a su vez, miembro de redes internacionales delsionismo cristiano, incluyendo la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén(ICEJ), que reporta actividades regulares en Argentina desde hace años. Laorganización agrupa a las principales iglesias evangélicas conservadoras delpaís y opera como el principal canal de interlocución entre el evangelismopolítico y el Estado argentino. Y en Neuquén, esa red tiene un nodoparticularmente denso y bien documentado.
Continúa como: Sionismo cristiano, geopolítica y laArgentina de Milei – 2° parte – El capítulolocal



