La captura de Maduro por EE.UU. libera la mayor reserva de crudo del mundo. ¿Pone este nuevo escenario en riesgo las inversiones en Vaca Muerta?
El 3 de enero de 2026 marcó un hito en la geopolítica energética global. La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro no solo alteró el orden político, sino que puso en el centro de la escena a la mayor reserva probada de petróleo del planeta. Venezuela posee aproximadamente una quinta parte de las reservas globales, sumando un total de 303.000 millones de barriles de crudo. Este volumen resulta determinante para la estabilización económica regional y el suministro de crudo pesado.
El escenario actual
A pesar de la magnitud de las reservas, la realidad operativa de la industria venezolana muestra décadas de desinversión. Actualmente, el país produce cerca de 1,1 millones de barriles diarios, lo que representa apenas el 0,8% de la producción global. Esta cifra palidece frente a los 3,5 millones de barriles que la nación bombeaba antes del régimen bolivariano. Expertos internacionales, como Phil Flynn, de Price Futures Group, señalan que el impacto inmediato en los precios de la gasolina será limitado. El mercado enfrenta un escenario de exceso de oferta global previsto para 2026, lo cual funciona como un amortiguador ante posibles shocks de precios derivados del cambio de mando en Caracas. Sin embargo, la apertura del mercado de futuros y la reunión programada de la OPEP definirán si el cartel interviene para estabilizar las cotizaciones.
El desafío local
La posible normalización de Venezuela plantea un interrogante crítico para la industria energética argentina. Aunque a primera vista nada parece cambiar para la cuenca neuquina, el análisis del sector sugiere que la reapertura de Venezuela compite directamente por el flujo de inversión extranjera directa que Argentina busca captar para Vaca Muerta. Sin embargo, es importante notar que el crudo venezolano es mayoritariamente pesado y ácido, un insumo vital para las refinerías de Estados Unidos y la producción de diésel. En contraste, Vaca Muerta produce principalmente petróleo ligero (shale oil). Esta diferencia técnica implica que, en el corto plazo, ambos activos podrían ser complementarios en el sistema de refinación global, pero la competencia por el capital financiero para reconstruir la infraestructura venezolana —que opera hoy a un tercio de su capacidad— será feroz.
Logística e infraestructura: La clave del retorno
La reactivación de la industria en el país caribeño depende de la llegada de inversiones internacionales masivas para reconstruir plantas y pozos. La infraestructura operativa, aunque deteriorada, no reporta daños críticos tras la captura, lo que facilita una eventual reactivación. Las refinerías estadounidenses, diseñadas para procesar específicamente ese tipo de crudo pesado, observan con expectativa el cambio de rumbo político. Si Venezuela logra recuperar sus niveles históricos de producción, la sobreoferta mundial presionará los precios a la baja, afectando los márgenes de rentabilidad de proyectos de petróleo no convencional en Argentina si los costos operativos no se mantienen competitivos.
A.G.



