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Gaza, ocho meses después del alto el fuego: miles de muertos más, dos millones de desplazados y una infancia que sobrevive entre escombros

Gazzettino Italiano Patagónico by Gazzettino Italiano Patagónico
22 de junio de 2026
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Gaza nuovo massacro di palestinesi in attesa di aiuti: 27 morti e 200 feriti
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La fotografía que dejó esta semana el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es la de una tregua que no termina de serlo. A ocho meses de la entrada en vigor del alto el fuego en la Franja de Gaza —10 de octubre de 2025—, el Subsecretario General de Asuntos Humanitarios y Coordinador del Socorro de Emergencia, Tom Fletcher, fue tajante: la situación humanitaria es insostenible. Más de mil palestinos murieron desde que se silenciaron oficialmente los cañones, más de 250 de ellos niños. Y la población, dijo, “sigue sin seguridad, refugio, agua, atención médica ni dignidad”. La sesión fue convocada a pedido de los diez miembros electos del Consejo, preocupados porque la crisis de Gaza esté quedando opacada por otros frentes regionales. La advertencia del funcionario británico, que había recorrido el enclave en octubre pasado, fue clara: lo logrado hasta ahora es “el mínimo indispensable” y de ningún modo equivale a una respuesta suficiente.

Una tregua que no detuvo las muertes

El alto el fuego nació al amparo del plan integral de 20 puntos impulsado por la administración Trump y luego respaldado por la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad, aprobada el 17 de noviembre de 2025 con 13 votos a favor y las abstenciones de China y Rusia. La resolución avaló la creación de una Junta de Paz (Board of Peace) para supervisar la entrega de ayuda, la reconstrucción y la administración cotidiana del enclave —un esquema que organizaciones palestinas y voces críticas dentro del propio sistema multilateral cuestionaron por su carácter de tutela internacional. Más allá del andamiaje político, el balance en el terreno es elocuente. Según cifras del Ministerio de Salud de Gaza y de las autoridades israelíes, hasta mayo de 2026 más de 73.000 palestinos habían muerto en la guerra. Entre ellos, más de 20.000 niños y 10.000 mujeres. Los heridos superan los 173.000, de los cuales unos 40.500 son niños. Se estima que más de 14.400 cuerpos siguen sepultados bajo los escombros.

Un alto el fuego que Israel firmó y nunca acató: el patrón regional

Si algo desmiente la idea de que la guerra terminó es el propio comportamiento del Estado de Israel sobre el terreno. Lejos de respetar el cese de hostilidades que él mismo suscribió, el gobierno de Benjamin Netanyahu ha sostenido una ofensiva de baja intensidad pero continua en Gaza, ha endurecido la represión y la expansión colonial en Cisjordania, y ha desatado —en paralelo— una invasión militar al sur del Líbano cuya tregua, firmada el viernes 19 de junio, fue rota por Israel a las pocas horas. El conjunto configura un patrón que la región conoce y que los organismos multilaterales no logran contener. Gaza: violaciones diarias bajo el paraguas de la “tregua”. Según la Oficina de Medios del Gobierno de Gaza, Israel acumulaba ya más de 2.400 violaciones del alto el fuego hacia fines de abril de 2026, con más de 823 palestinos muertos desde la entrada en vigor del acuerdo, incluyendo más de 300 niños, mujeres y ancianos. La propia Oficina de Derechos Humanos de la ONU había documentado, ya para el 21 de enero, al menos 216 muertos en la Franja, entre ellos 46 niños y 28 mujeres, en particular en ataques con drones contra refugios de desplazados y edificios residenciales. Hubo episodios que conmocionaron incluso en medio de la rutina del horror: en noviembre, un ataque israelí contra un autobús que transportaba a una familia palestina en el norte de Gaza dejó 11 muertos, entre ellos siete niños y dos mujeres. En enero, dos primos adolescentes —Salman al-Zawarah, de 13 años, y Mohammed al-Zawarah, de 15— murieron en un ataque con drones mientras juntaban leña cerca del hospital Kamal Adwan. El paso de Rafah, condicionado por Israel a la entrega del cuerpo del último rehén, sigue funcionando con cuentagotas. Cisjordania: violencia de colonos y reactivación de asentamientos. Fletcher fue enfático en un punto que la cobertura latinoamericana suele desatender: lo que pasa en Gaza no puede leerse separado de lo que ocurre al otro lado de la línea verde. En lo que va de 2026 se registraron más de 1.000 incidentes de violencia de colonos —un promedio de seis por día—, junto con desplazamientos forzados, demoliciones de viviendas, confiscación de tierras y restricciones de circulación. Casi 700 palestinos de nueve comunidades fueron desplazados por ataques de colonos. Entre el 20 de octubre de 2025 y el 22 de abril de 2026 se registraron al menos 151 palestinos muertos en Cisjordania, según el cruce de datos de OCHA y el Ministerio de Salud palestino: casi una muerte por día en un territorio formalmente fuera del alto el fuego. A esto se sumó, en abril, el restablecimiento oficial del asentamiento de Sanur en Cisjordania —desmantelado hacía más de dos décadas— y la muerte de un niño palestino atropellado por el convoy de seguridad de una ministra israelí. Esas acciones, advirtió Fletcher, “parecen dirigidas a alterar la composición demográfica del Territorio Palestino Ocupado, en violación del derecho internacional, y deben cesar”, lo que en lenguaje no diplomático significa Limpieza étnica. Líbano: invasión, tregua y violación inmediata. El frente libanés —que muchos creían cerrado tras la tregua de noviembre de 2024 entre Israel y Hezbolá— se reabrió en 2026 con una nueva ofensiva israelí. La invasión y los bombardeos previos a la última tregua dejaron más de 2.500 muertos en territorio libanés. El viernes 19 de junio se anunció un nuevo alto el fuego, negociado por Catar, Estados Unidos e Irán después de que los ataques mortales en el Líbano amenazaran el acuerdo entre Washington y Teherán. Pero el respiro fue tan breve que rozó lo simbólico: este sábado 20 —menos de 24 horas después— el ejército israelí reanudó su ofensiva en el sur del Líbano con un ataque que dejó al menos seis muertos, entre ellos un militar libanés, mientras el Ejército de Líbano denunciaba la continuidad de las “salvajes agresiones israelíes”. Drones israelíes impactaron motocicletas y viviendas en Arab Salim, Deir Zahrani y Dweir, con daños materiales en infraestructura civil y diplomacia internacional en suspenso por el repunte de la violencia. Durante la invasión previa, Human Rights Watch documentó el uso de bombas incendiarias de fósforo blanco sobre zonas residenciales libanesas, lo que constituiría una violación del derecho internacional humanitario, y dos ataques con misiles israelíes alcanzaron un cuartel general de un batallón de la FINUL en Bint Jbeil, hiriendo a tres cascos azules ghaneses. La propia ONU calificó esos ataques como posibles crímenes de guerra. El patrón es difícil de leer como una sucesión de “incidentes”. Tres treguas firmadas —una con Hamás, una previa con Hezbolá y la nueva del viernes pasado— y tres treguas violadas por la misma parte en cuestión de semanas, horas o incluso minutos. En palabras del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, ya en noviembre, Israel exhibe un “historial de incumplir sus promesas y violar otros acuerdos de alto el fuego”. Los Estados garantes —Estados Unidos, Egipto, Catar y Turquía— no han mostrado, hasta ahora, voluntad ni capacidad efectiva para sancionar esas violaciones.

RECUADRO Las treguas que Israel firmó y no respetó
CRONOLOGÍA Noviembre 2024 — Tregua Israel-Hezbolá en el Líbano, mediada por EE.UU. y Francia. La ONU documentó al menos 127 civiles muertos en territorio libanés durante el primer año de vigencia. Enero 2025 — Primer alto el fuego entre Israel y Hamás. Duró menos de dos meses: el 18 de marzo Israel lo rompió y reanudó los bombardeos. Solo ese día murieron más de 400 personas, en su mayoría mujeres y niños. Entre marzo y octubre de 2025, más de 13.500 palestinos murieron en la nueva ofensiva. 10 de octubre de 2025 — Segundo alto el fuego en Gaza, mediado por EE.UU., Catar, Egipto y Turquía. Respaldado el 17 de noviembre por la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad (13 votos a favor, abstenciones de China y Rusia). Abril 2026 — Israel restablece oficialmente el asentamiento de Sanur en Cisjordania, desmantelado hacía más de dos décadas. Las ofensivas en el sur del Líbano se reactivan. 19 de junio de 2026 — Nueva tregua entre Israel y Hezbolá, negociada por Catar, EE.UU. e Irán. Menos de 24 horas después, Israel reanudó los ataques en el sur del Líbano: al menos seis muertos, incluido un militar libanés. LOS NÚMEROS +2.400 violaciones israelíes del alto el fuego en Gaza hasta abril de 2026 (Oficina de Medios del Gobierno de Gaza). ≈ 1.000 palestinos muertos en Gaza desde el alto el fuego del 10 de octubre, más de 250 niños entre ellos (OCHA / Min. Salud Gaza). +1.000 incidentes de violencia de colonos en Cisjordania solo en 2026 (promedio de 6 por día). +2.500 muertos en el Líbano durante la invasión israelí de 2026, antes de la tregua del 19 de junio. +73.000 palestinos muertos en Gaza desde el 7 de octubre de 2023, según el Ministerio de Salud (más de 20.000 niños y 10.000 mujeres). +14.400 cuerpos aún sepultados bajo los escombros en Gaza. ≈ 600 trabajadores humanitarios muertos en Gaza: más de la mitad del total mundial registrado en ese período. < 25 % del llamamiento humanitario para Gaza fue financiado en lo que va de 2026.

Los niños: el rostro más expuesto del colapso

Ningún dato resume mejor lo que está en juego que el referido a la infancia. Gaza —donde casi la mitad de la población tiene menos de 18 años— se convirtió en lo que UNICEF llegó a calificar, hace ya dos años, como “el peor lugar del mundo para ser niño”.

Las cifras detrás de esa frase, hoy actualizadas, son las siguientes:

•      1,1 millón de niños dependen cada día de una respuesta humanitaria incierta para acceder al agua, según informó Fletcher al Consejo.

•      Más de 64.000 niños y niñas murieron o resultaron heridos. Más de 56.000 perdieron a uno o ambos progenitores. Una generación entera está creciendo huérfana o desamparada.

•      Cerca de 700.000 niños llevan ya dos cursos sin acceso sostenido a la enseñanza. Solo el 48 % de los servicios de salud funciona, y de manera parcial.

•      Casi el 90 % de los edificios escolares fueron dañados o destruidos. Sin parques, sin estímulos, sin aulas: muchos chicos deambulan solos, conviviendo con escombros, basura y elementos cortantes.

•      246.000 niños sufren desnutrición aguda en 2026, según relevamientos compartidos por organizaciones de protección a la infancia.

La porción de hogares que reportan irse a dormir con hambre cayó del 92 % al 36 % gracias al ingreso de ayuda durante la tregua, y Gaza salió formalmente de la clasificación de hambruna. Pero el territorio sigue en crisis alimentaria severa, y la sombra del hambre vuelve cada vez que se cierra un cruce o se demora un convoy. Fletcher describió condiciones de saneamiento tan degradadas que los médicos están reportando un aumento marcado de mordeduras de ratas. Ningún hospital opera plenamente. El 70 % de los habitantes necesita vivienda adecuada: viven en carpas rotas, en estructuras semidestruidas o directamente al raso. Y por encima de todo, una herida que la estadística no termina de capturar: UNICEF estimó ya en 2024 que el 100 % de los niños de Gaza necesitaban apoyo psicosocial y de salud mental. Era —según su propio portavoz— la primera vez que la agencia hacía esa afirmación sobre la totalidad de la infancia de un territorio.

La maquinaria humanitaria, contra la pared

La tregua permitió ampliar la respuesta. Los equipos humanitarios distribuyen hoy más de un millón de comidas calientes por día y desde el alto el fuego ingresaron 21.000 camiones de ayuda. Se sostienen servicios esenciales de agua, salud, educación y refugio. Pero la asistencia se entrega bajo restricciones que el coordinador definió como “persistentes y deliberadas”: trámites complejos, controles sobre artículos de “doble uso”, campañas de desinformación contra trabajadores humanitarios y limitaciones específicas a la UNRWA —la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, blanco de una ofensiva sostenida por parte del gobierno israelí, que llegó incluso a demoler su sede en Jerusalén Este en enero de este año. A esto se suma un problema estructural: la plata no alcanza. A mitad de 2026, menos de un cuarto del llamamiento humanitario para Gaza fue financiado. Detrás de ese porcentaje, dijo Fletcher, hay “comidas que no se cocinan, agua que no se entrega y casi un millón de personas sin refugio adecuado”. El costo humano para quienes trabajan en el terreno también es enorme. Casi 600 trabajadores humanitarios murieron en Gaza en estos casi tres años de guerra, más de la mitad del total mundial registrado en el mismo período. Gaza, dijo el funcionario, es hoy “el lugar más peligroso del mundo para distribuir ayuda”.

Oxfam: “El alto el fuego está fallando”

En la misma sesión del Consejo, Bushra Khalidi, responsable de  política humanitaria de Oxfam Internacional —y palestina ella misma, residente en Cisjordania con familia atrapada en Gaza— planteó una idea simple y demoledora: la paz no se mide por declaraciones, sino por la posibilidad concreta de que la gente pueda vivir.

“Gaza está siendo dividida otra vez”, dijo, al alertar que la población se ve empujada hacia una franja cada vez más pequeña del propio territorio. Para Oxfam, eso supone restablecer sistemas básicos —agua, hospitales, refugio, saneamiento, escuelas, electricidad, protección— y permitir que los actores humanitarios trabajen sin trabas, empezando por una UNRWA que sigue bloqueada en buena parte de sus capacidades. Khalidi, que coordina la asistencia de su organización a casi 1,5 millones de personas desde octubre de 2023, fue lapidaria: siete meses después de la Resolución 2803, ni siquiera los objetivos básicos del alto el fuego se están cumpliendo.

El “mínimo indispensable” no es paz

La frase de Fletcher resume el dilema actual. Detener los bombardeos masivos fue indispensable. Devolver a los rehenes que aún estaban en manos de Hamás fue indispensable. Aliviar parcialmente los bloqueos al ingreso de ayuda fue indispensable. Pero el “mínimo indispensable” no es paz, no es reconstrucción y, sobre todo, no es vida digna para 2,1 millones de personas —incluida, recordemos siempre, una infancia entera que crece sabiendo que el cielo puede caerse encima de su cabeza en cualquier momento. “No basta con silenciar las armas”, dijo el funcionario británico ante el Consejo. “Hay que restaurar la dignidad”. Mientras esa frase no se traduzca en escuelas que vuelvan a abrir, hospitales que vuelvan a funcionar a pleno y casas que vuelvan a ofrecer techo y abrigo —y, sobre todo, mientras las partes firmantes de los acuerdos sigan violando lo que firman casi sin costo político—, lo que hay en Gaza, en Cisjordania y en el sur del Líbano no es paz. Es una pausa, cada vez más breve, entre dos rondas de fuego.

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