Cada 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de las Enfermeras, en homenaje al nacimiento de Florence Nightingale, considerada fundadora de la enfermería moderna. La fecha fue impulsada por el Consejo Internacional de Enfermeras y reconoce una tarea esencial para los sistemas de salud.
Cada 12 de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de las Enfermeras, una fecha destinada a reconocer el trabajo de quienes sostienen una parte esencial de los sistemas de salud: el cuidado directo de las personas. La jornada recuerda el nacimiento de Florence Nightingale, nacida el 12 de mayo de 1820 en Florencia, actual Italia, y considerada una figura fundacional de la enfermería moderna.
La conmemoración fue impulsada por el Consejo Internacional de Enfermeras, conocido por sus siglas en inglés ICN, que celebra esta fecha desde 1965. Documentos históricos del Comité Internacional de la Cruz Roja registran que ese año el ICN declaró el 12 de mayo como Día Internacional de las Enfermeras, en homenaje a Nightingale.
Florence Nightingale no fue solo una enfermera. Fue también una reformadora social, una impulsora de mejoras sanitarias y una pionera en el uso de datos para demostrar la importancia de la higiene, la ventilación y la organización hospitalaria. Su trabajo durante la Guerra de Crimea, a mediados del siglo XIX, permitió reducir la mortalidad de soldados heridos mediante cambios en las condiciones de atención, limpieza y administración de los hospitales militares.
Su figura quedó asociada a la imagen de “la dama de la lámpara”, porque recorría durante la noche las salas donde estaban los heridos. Sin embargo, su legado fue mucho más profundo que esa imagen romántica. Nightingale ayudó a transformar la enfermería en una profesión organizada, con formación específica, criterios técnicos y reconocimiento social. En 1860 impulsó la creación de una escuela de formación para enfermeras en Londres, un paso clave para profesionalizar la actividad.
El Día Internacional de las Enfermeras permite poner en primer plano una realidad que muchas veces queda naturalizada: sin enfermería no hay sistema de salud posible. Las enfermeras y enfermeros acompañan nacimientos, enfermedades, internaciones, emergencias, tratamientos prolongados y también los momentos finales de la vida. Están en hospitales, centros de salud, clínicas, vacunatorios, hogares, escuelas, dispositivos comunitarios y campañas sanitarias.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que las enfermeras constituyen una columna vertebral de la atención sanitaria y que, pese a ese papel central, su trabajo suele estar subvalorado y atravesado por restricciones laborales, económicas y de reconocimiento profesional.
En Argentina, como en Neuquén y en cada provincia, esta fecha también invita a mirar las condiciones concretas en las que se ejerce la profesión. La vocación no puede ser utilizada como excusa para naturalizar el desgaste, los salarios insuficientes, la sobrecarga horaria o la falta de recursos. Cuidar a quienes cuidan no es solo un gesto de gratitud: es una condición básica para sostener una salud pública y privada de calidad.
El homenaje a Florence Nightingale mantiene vigencia porque recuerda que la enfermería combina humanidad, conocimiento técnico, disciplina y compromiso social. No se trata únicamente de asistir al médico ni de ejecutar indicaciones. Se trata de una profesión con saber propio, con responsabilidad directa en la seguridad del paciente y con un rol decisivo en la prevención, el acompañamiento y la recuperación.
Cada 12 de mayo, el Día Internacional de las Enfermeras vuelve a colocar una pregunta necesaria: cuánto valor real le asignan las sociedades a quienes están presentes cuando la salud se vuelve frágil. La respuesta no debería quedar solo en palabras de reconocimiento. También debería expresarse en mejores condiciones de trabajo, formación continua, respeto profesional y políticas públicas que comprendan que el cuidado es una parte esencial de la vida comunitaria.
M.T.



