El conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026 con los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán desató el mayor shock de oferta petrolera de la historia moderna, con el Brent tocando los 126 dólares por barril. Los ganadores y perdedores se distribuyen de manera desigual a lo largo del planeta. Argentina y Vaca Muerta aparecen entre los beneficiados, pero con límites claros.
El cierre del Estrecho de Ormuz ha llevado a lo que la Agencia Internacional de Energía caracterizó como «la mayor disrupción de suministro en la historia del mercado petrolero global». El conflicto evoca la crisis energética de los años 70, con escasez aguda de oferta, volatilidad cambiaria, inflación y riesgos elevados de estanflación y recesión. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una operación militar conjunta contra Irán que culminó con la muerte del líder supremo Ali Jamenei y otros altos funcionarios y bombardeando una escuela de niñas asesinando a mas de 160. En respuesta, Irán lanzó una serie de ataques con misiles contra bases estadounidenses en Medio Oriente. Las acciones bursátiles retrocedieron y los precios del petróleo se dispararon. El Brent llegó a tocar los 126 dólares por barril en su punto máximo, el nivel más alto desde 2022, cuando Rusia inició su invasión a Ucrania, mientras que el WTI superó los 110 dólares. El cierre del Estrecho de Ormuz, por el que transita alrededor del 20% del comercio petrolero mundial, y los ataques a la infraestructura energética de Irán y varios países del Golfo provocaron una enorme disrupción en el suministro global, con efectos sobre el petróleo, el gas natural licuado y el mercado de fertilizantes.
LOS GANADORES
Estados Unidos: exportador neto en un mercado de precios altos
Gracias a la revolución del shale, Estados Unidos pasó de ser uno de los mayores importadores de energía del mundo a un exportador neto modesto. En términos agregados, eso significa que la economía estadounidense se beneficia levemente de los precios globales más altos, aunque las ganancias se distribuirán de manera desigual. En abril, las exportaciones estadounidenses de crudo y productos derivados del petróleo alcanzaron casi 12,9 millones de barriles por día. Sin embargo, el panorama interno es contradictorio: si el petróleo se mantiene alrededor de los 100 dólares por barril, el alza resultante en los precios de la nafta eliminará para la mayoría de los estadounidenses los beneficios de las rebajas impositivas aprobadas en 2025. Solo el 30% más rico seguiría viendo una ganancia neta.
Rusia: el ganador más claro e inesperado
Rusia emerge como el ganador económico más claro del conflicto. El precio del crudo ruso está cotizando ahora por encima del índice de referencia global. «El petróleo ruso sancionado se está negociando con prima respecto del benchmark internacional más negociado, lo cual es simplemente absurdo», afirmó Nicholas Mulder, historiador económico de la Universidad de Cornell. «Si sos un trader de petróleo ruso o una empresa rusa, nunca ganaste tanto dinero vendiendo crudo como ahora, gracias a esta interrupción de la cadena de suministro».
Noruega y Canadá: exportadores seguros fuera de la zona de guerra
Los ganadores más obvios son los grandes exportadores netos de energía fuera del Golfo, cuya capacidad de vender al exterior no se ve afectada. Noruega, Rusia y Canadá son los países que más se benefician de los precios altos de la energía. En mercados bursátiles europeos, la noruega Equinor subió un 23,7% desde el inicio del conflicto, mientras que Vår Energi ganó un 19,9% y Aker BP un 17,1%.
Energías renovables: la crisis que acelera la transición
El conflicto iraní también reforzó la necesidad de energía renovable, dado que la solar y la eólica pueden reducir la vulnerabilidad ante interrupciones externas de suministro. Con precios del petróleo volátiles, la energía renovable se volvió significativamente más competitiva en costos. En bolsas europeas, los productores de biocombustibles mostraron las ganancias más llamativas: la alemana Verbio SE subió un 30,4% y la finlandesa Neste Oyj —la mayor productora de diésel renovable del mundo— ganó un 28,1%.
Argentina y Vaca Muerta: oportunidad histórica con condicionantes
En el mapa de ganadores regionales, Argentina ocupa un lugar singular. Argentina consolidó su rol como potencia energética regional gracias al desarrollo de recursos no convencionales en Vaca Muerta. El país se posiciona como un proveedor seguro y confiable en un momento en que los mercados internacionales buscan alternativas para reducir la dependencia de Medio Oriente. El Ministerio de Economía informó que el país promedió 882.200 barriles por día, un 16,5% más interanual, y atribuyó el avance al desempeño de Vaca Muerta, cuya producción creció 35,5% respecto del año anterior. Neuquén concentra cerca de siete de cada diez barriles del total nacional. Con el consumo del mercado interno largamente satisfecho, cada nuevo barril que se produce va a la exportación, ya consolidada por encima de los 300.000 barriles diarios. Con ese nivel de ventas al exterior, cada variación en el precio internacional se traduce rápidamente en divisas adicionales para la economía argentina. En materia bursátil, los ADRs de las principales operadoras de Vaca Muerta capturan de forma directa el apetito inversor. Vista Energy empujó sus propios máximos históricos por encima de los 62 dólares, mientras que YPF se defiende con solidez por encima de los 36 dólares. El analista Matías Cattaruzzi, de AdCap, sostuvo que un precio del crudo más alto durante varios meses beneficiaría sobre todo a las compañías con mayor perfil exportador. «La más favorecida sería Vista Energy, que exporta más del 40% de su producción. Después aparece YPF y luego Pampa Energía». Sin embargo, existen límites concretos. El proyecto Vaca Muerta Oil Sur tiene previsto entrar en operación recién en julio de 2026 con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios. Hasta que ese ducto no esté finalizado, el excedente exportable de Argentina se encuentra topado por la logística actual. Esta «inmovilidad volumétrica» genera una paradoja donde los precios suben, pero la capacidad de colocar más barriles en el mercado externo está restringida por los plazos de obra civil. El magnate petrolero Harold Hamm, fundador de Continental Resources, que recientemente adquirió una participación en el área Los Toldos II Oeste, advirtió que «el principal desafío para el desarrollo masivo de Vaca Muerta no es geológico sino estructural». Para el vicepresidente de Chevron, Mark Nelson, en tanto, «la libertad de exportación, la normalización del tipo de cambio y los programas de incentivos para acelerar la inversión marcan una gran diferencia».
LOS PERDEDORES
Asia: el mayor consumidor golpeado en el centro
En 2024, alrededor del 84% del crudo y el 83% del GNL que pasaba por el Estrecho de Ormuz iba hacia Asia; casi el 70% del petróleo tenía como destino China, India, Japón y Corea del Sur. Los precios del gas natural en Asia aumentaron un 54% en una semana desde el inicio de las operaciones militares, mientras que en Europa el alza llegó al 63%. Entre los países más afectados de la región se encuentran Pakistán, Bangladesh y Vietnam. Pakistán se encuentra en una posición especialmente grave: importa el 40% de su energía y depende de manera especialmente intensa del GNL proveniente de Qatar, cuya oferta fue interrumpida por el conflicto.
Europa: segunda crisis energética en cuatro años
La guerra precipitó una segunda gran crisis energética para Europa, principalmente a través de la suspensión del GNL catarí y el cierre del Estrecho de Ormuz. El conflicto coincidió con niveles históricamente bajos de almacenamiento de gas europeo, estimados en apenas el 30% de la capacidad, tras un invierno 2025-2026 particularmente frío, lo que llevó al índice de referencia del gas TTF a casi duplicarse hasta superar los 60 euros por MWh. El Banco Central Europeo pospuso sus reducciones de tasas de interés planificadas el 19 de marzo, elevando sus proyecciones de inflación para 2026 y recortando sus estimaciones de crecimiento del PIB. Los economistas advirtieron que las economías con uso intensivo de energía enfrentan altos riesgos de recesión técnica si el bloqueo marítimo persiste durante la temporada de recarga de reservas de verano. En el sector corporativo, las aerolíneas recibieron algunos de los golpes más duros: Wizz Air colapsó un 31,2%, Air France-KLM perdió un 22,1% y easyJet cayó un 21,8%. Todas enfrentan la misma aritmética brutal: los costos del combustible de aviación se dispararon, y hay una capacidad limitada de trasladar esos costos a los pasajeros.
Los propios países del Golfo: atrapados en su propio recurso
El conflicto, incluyendo el cierre del Estrecho de Ormuz, generó un colapso sistémico del modelo económico del Consejo de Cooperación del Golfo. La producción petrolera de Kuwait, Irak, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos colectivamente cayó en 6,7 millones de barriles por día al 10 de marzo, y en al menos 10 millones de barriles diarios al 12 de marzo. El bloqueo marítimo desencadenó también una «emergencia de suministro alimentario» en los estados del Golfo, que dependen del Estrecho para más del 80% de su ingesta calórica; a mediados de marzo, el 70% de las importaciones alimentarias de la región fueron disrumpidas.
Economía global: el espectro de los años 70
Según J.P. Morgan, si el Brent se mantiene alrededor de los 80 dólares por barril hasta mediados de año, el crecimiento del PIB global para el primer semestre de 2026 podría reducirse a una tasa anual del 0,6%. «Este evento genera mayor riesgo macroeconómico que los conflictos militares recientes», advirtió la entidad. La crisis del petróleo colocó a los bancos centrales en un dilema: los precios más altos de la energía alimentan la inflación, pero también dañan la economía. ¿Deberían subir las tasas para frenar la inflación, o bajarlas para impulsar el crecimiento? «Sus mentes irán fácilmente a los años 70», dijo Simon Johnson, ex economista jefe del FMI, en referencia a los errores cometidos por los bancos centrales durante el embargo petrolero árabe. La trampa interna: cuando el precio alto del petróleo golpea a los propios argentinos La oportunidad exportadora que Vaca Muerta le ofrece a Argentina en este contexto de crisis global tiene, sin embargo, una cara opuesta que no puede ignorarse: el mismo barril caro que engorda las divisas y los balances de las petroleras amenaza con agravar una situación social ya deteriorada puertas adentro. El talón de Aquiles de la economía real es el traslado del precio internacional a los combustibles domésticos. Un salto en el precio del gasoil impacta de lleno en la estructura de costos del país: desde el sector agropecuario, que entra en plena etapa de cosecha y necesita de este insumo crítico, hasta la matriz logística que mueve alimentos y bienes de consumo por ruta. El encarecimiento del flete amenaza con recalentar la inflación núcleo. El mercado argentino está funcionando con export parity —es decir, con alineación entre precios locales y globales—, lo que significa que cada escalada del Brent se traslada tarde o temprano al surtidor. Ese riesgo inflacionario llega en el peor momento posible para el consumidor argentino. Según el Monitor Mensual de Empresas de Fundar, desde el inicio del gobierno actual se perdieron 24.180 unidades productivas, un 4,7% del total, acumulando 23 caídas interanuales consecutivas. Es la peor caída en los primeros 26 meses de un gobierno. En paralelo, el número de trabajadores registrados pasó de 9.857.173 a 9.567.050, una reducción de 290.123 puestos de trabajo, equivalente al 3% del empleo formal. En ese marco, una nueva presión sobre los precios de los combustibles y el transporte no encontraría amortiguadores suficientes en una clase media y trabajadora con capacidad de ahorro ya erosionada. El riesgo mayor podría venir también por el lado financiero. En contextos de tensión internacional, los inversores suelen refugiarse en activos considerados seguros, como el dólar o los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Si el dólar se fortalece, es una mala noticia para las monedas emergentes, incluida Argentina. Los bonos soberanos argentinos sufrirían fuertes liquidaciones, lo que empujaría automáticamente hacia arriba el Riesgo País. Este encarecimiento del crédito internacional no solo aislaría más al Estado, sino que le pondría un techo de cristal al financiamiento que necesitan las propias petroleras de Vaca Muerta. El escenario configura así una paradoja dolorosa: Argentina puede exportar energía más cara al mundo y, al mismo tiempo, ver cómo ese mismo fenómeno encarece el transporte, los alimentos y los servicios básicos para una población que ya enfrenta una destrucción del entramado productivo sin precedentes en la historia reciente. La pregunta que los economistas aún no pueden responder con certeza es si el flujo de divisas extra será suficiente para compensar —o si en cambio profundizará— el deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores en una economía que, según los propios datos oficiales de la SRT, cierra empresas a un ritmo de casi 1.500 por mes.
El escenario a futuro
Los analistas advierten que los cuellos de botella en la cadena de suministro, los daños a la infraestructura y las interrupciones de producción persistentes mantendrán el mercado ajustado, anclando probablemente el Brent en el rango de 80 a 90 dólares en lugar de un retorno completo a los niveles previos a la crisis. «Este sigue siendo el mayor shock de suministro de petróleo en la historia del mercado», señaló Johnston. Para Argentina, Vaca Muerta es el activo que más rápidamente gana valor cuando el mercado internacional entra en tensión. El beneficio potencial convive con límites claros: si la tensión se desinfla rápido, el crudo también puede corregir. Para transformar un ciclo de precios altos en una mejora duradera, Argentina necesita ampliar infraestructura, sostener inversiones y evitar cuellos de botella que le impidan convertir la oportunidad en crecimiento sostenido.



