Una encuesta de Zuban Córdoba realizada entre el 30 de marzoy el 1° de abril revela que el 66% de los argentinos tiene una imagen negativadel jefe de Gabinete y que el 70% pide su renuncia. El escándalo por viajes enavión privado, propiedades no declaradas y contradicciones judiciales amenazacon erosionar el principal activo político del gobierno de Milei: su credencialmoral.
Hay escándalos que no matan a un gobierno de un golpe. Lodesangran. El caso Adorni es de ese tipo: cada nueva revelación judicial, cadaconferencia de prensa cancelada, cada foto que no convence, suma a un goteo queya lleva más de un mes y que, según los datos más recientes, empieza a lastimaralgo que Javier Milei siempre consideró su tesoro mejor guardado: la percepciónciudadana de que su gobierno es distinto. La encuesta de Zuban Córdoba yAsociados —1.200 casos, trabajo de campo del 30 de marzo al 1 de abril, margende error de +/- 3,1%— no deja margen para interpretaciones benévolas. El 66% delos argentinos tiene hoy una imagen negativa de Manuel Adorni. En enero de2024, ese número era del 50,3%. La caída libre se aceleró en las últimassemanas: en febrero de 2025, la imagen positiva era todavía del 42,7%. Hoy esdel 21,5%. En poco más de un año, el otrora vocero presidencial perdió la mitadde su capital de imagen. Pero los números más reveladores del sondeo no son losde imagen: son los de legitimidad. El 77,9% de los encuestados cree que Adorni,en tanto funcionario público, debe explicar cómo financia sus viajes. Y el70,4% considera que debería renunciar. Estos no son números de oposición. Sonnúmeros de una sociedad que internalizó el discurso anticasta y ahora lo aplicacon coherencia —y con dureza— al propio gobierno que lo proclamó.
Lo que se investiga y lo que falta explicar
El epicentro del escándalo es un inmueble de casi 200 metroscuadrados en la calle Miró, en el barrio de Caballito, adquirido por 230.000dólares, de los cuales el 87% fue financiado por dos mujeres particulares,entre ellas una jubilada que declaró a la prensa no conocer al funcionario. Lainvestigación, a cargo del fiscal federal Gerardo Pollicita, examina tambiéndos vuelos privados a Punta del Este facturados a nombre del periodista MarceloGrandio y su empresa, Imhouse. Aunque Adorni aseguró haber pagado su parte delviaje, no existen registros de transferencias bancarias que lo respalden. Lasituación se complicó con el testimonio de una empleada del broker aeronáuticoJag Aviation, quien denunció hostigamiento para anular facturas y emitir notasde crédito, confirmando que los pagos se realizaron en efectivo. Además, datosde la Dirección Nacional de Migraciones contradicen las declaraciones públicasdel funcionario: mientras sostenía que su única salida recreativa fue aUruguay, los registros oficiales muestran viajes a Perú y Ecuador, consospechas de un destino final en la isla de Aruba. Ante el avance judicial,Adorni contrató al penalista Matías Ledesma para elaborar su estrategia dedefensa en las dos causas que tramitan ante el juez federal Ariel Lijo: una porpresunto enriquecimiento ilícito y otra por las circunstancias del viaje aPunta del Este. La defensa judicial reemplazó a la defensa pública: lasconferencias de prensa se cancelan, el silencio se administra como estrategia.
El gobierno en loop
A un mes del viaje maldito, el gobierno repite el libreto yapuesta a que el paso del tiempo ordene las cosas. Adorni repite a susallegados que no lo van a quebrar. Milei lo ratificó públicamente en múltiplesoportunidades. El problema es que ese libreto ya no convence ni a los propios.Cerca del funcionario reconocen que está mal que viaje en aviones privados, queno se condice con el relato. La encuesta de Zuban Córdoba captura ese desajustecon precisión clínica. Ante la pregunta de qué hubiera aconsejado a Adornidurante la crisis, la respuesta más elegida —con el 31,6%— fue que mostraradocumentos y comprobantes públicamente. El 70,2% cree que la defensa delgobierno fue una estrategia para tapar, distraer y demorar el tema, esperandoque la sociedad se olvide. Solo el 15,3% la consideró una respuestatransparente y correcta.
El costo sistémico: cuando el escándalo cambia la percepciónde todos
Lo que más preocupa en la Casa Rosada no es Adorni en símismo: es el efecto contagio. El analista Eduardo Fidanza, de la consultoraPoliarquía, advirtió sobre un cambio de percepción que su firma registra enencuestas: la proporción de ciudadanos que cree que «ninguno» o»pocos» funcionarios del gobierno son corruptos está migrando haciala categoría «todos son corruptos». Es el peor de los mundos para ungobierno que construyó su identidad sobre la impugnación moral de la políticatradicional.
La consultora CB Consultores detectó una caída de 17 puntosen la aprobación de Adorni entre diciembre y marzo: pasó del 44% al 27%. En lamisma medición, la imagen positiva de Milei descendió 4,5 puntos respecto defebrero. El cuadro que devuelven estas consultoras es claro: el caso Adornilastima y erosiona el discurso moral del oficialismo, pero lo que estáreconfigurando el humor social de fondo es la sensación de que el ajuste ya nose compensa con una expectativa firme de mejora. El escándalo es la chispa; lapólvora es otra.
La trampa del relato
Hay una paradoja que el gobierno de Milei todavía no logróresolver: cuanto más se aferra al relato anticasta para justificar medidas deajuste que golpean a sectores medios y populares, más cara resultapolíticamente cualquier conducta de sus propios funcionarios que contradiga eserelato. Adorni no es solo un jefe de Gabinete con problemas judiciales. Es elex vocero que durante dos años habló en nombre del gobierno ante la prensa, conel tono de quien representa una ruptura ética con el pasado. Esa exposiciónacumulada amplifica el daño. El verdadero problema que enfrenta el oficialismoes que no sabe a quién poner en su lugar en caso de que las causas judicialessigan escalando y la situación se torne insostenible. Los nombres que circulan—Martín Menem, Diego Santilli, Pilar Ramírez— tienen cada uno sus propiascomplicaciones políticas internas. La crisis de Adorni reveló también unacrisis de banquillo. Mientras tanto, la encuesta muestra que el 72% de losencuestados escuchó «algo» o «bastante» sobre las denunciasde corrupción. El tema circula, se instala, se sedimenta. Y en año electoral—con Adorni perfilado como candidato a legislador en la Ciudad de BuenosAires—, el tiempo no juega necesariamente a favor del libreto presidencial deesperar y ver. El espejo que el gobierno le mostró a la sociedad durante dosaños tiene hoy una grieta muy visible. Lo que está en juego no es solo elfuturo de un funcionario, sino la consistencia de un proyecto político que hizode la ética pública su principal argumento de legitimidad.
Adrián Giannetti


