Concejala, feminista negra y favelada. La asesinaron el 14 de marzo de 2018. Su voz sigue sonando.
La noche del 14 de marzo de 2018, Marielle Franco salía de un evento cultural en el centro de Río de Janeiro llamado ‘Jóvenes Negras Moviendo las Estructuras’. Iba en un automóvil con su asistente, Fernanda Chaves, y el chofer Anderson Gomes. En la calle Joaquim Palhares, en el barrio del Estácio, otro auto se acercó y un hombre disparó nueve balas hacia el interior del vehículo. Cuatro de ellas alcanzaron a Marielle Franco en la cabeza. Anderson Gomes también murió. Fernanda Chaves sobrevivió. Tenía treinta y ocho años. Era concejala por el Partido Socialismo e Liberdade en la Cámara Municipal de Río de Janeiro, elegida en 2016 con más de cuarenta y seis mil votos: el quinto resultado más alto de las elecciones municipales de ese año. Era negra, era mujer, era lesbiana, era de la favela de la Maré. Era exactamente todo lo que el poder tradicional de Río de Janeiro no esperaba ver en un cargo político. Marielle Viana Franco había nacido en 1979 en el Complexo da Maré, uno de los conjuntos de favelas más grandes de Río de Janeiro, en el norte de la ciudad, lejos de las playas y los carteles turísticos. Creció en una comunidad donde la violencia policial era una amenaza cotidiana, donde las oportunidades dependían de quién conocías y de qué lado de la ciudad vivías, donde el Estado aparecía principalmente en forma de armas. A los dieciséis años quedó embarazada. Tuvo a su hija Luyara, que crece hoy en el mundo que su madre intentó cambiar. El embarazo temprano podría haber cerrado puertas. Marielle Franco eligió que no. Estudió en la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro gracias a una beca, y después hizo una maestría en Administración Pública en la Universidade Federal Fluminense, donde investigó la política de seguridad pública en las favelas y cómo esa política afectaba desproporcionadamente a la población negra. Trabajó durante años en organizaciones de derechos humanos y en el gabinete de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Municipal. Aprendió cómo funcionan las instituciones desde adentro, cómo se toman las decisiones que afectan a los que viven lejos del centro del poder. Y cuando decidió entrar a la política directamente, lo hizo con una plataforma que no intentaba suavizar nada para resultar más aceptable: feminismo negro, derechos de las personas LGBTQ+, fin de la violencia policial en las favelas, vivienda digna, salud pública. En el Concejo Municipal de Río, fue durante dieciséis meses una presencia que incomodaba a quienes estaban acostumbrados a que ciertas voces no llegaran a ciertos espacios. Fiscalizó las operaciones de seguridad en las favelas con datos. Denunció las ejecuciones extrajudiciales. Cuestionó la intervención federal militar en Río de Janeiro, decretada por el presidente Temer tres semanas antes de su muerte. Nombró lo que el discurso oficial prefería dejar innombrado. El crimen ocurrió en ese contexto. Los asesinos materiales fueron identificados y condenados: Ronnie Lessa, policía militar retirado, disparó las balas. Élcio de Queiroz condujo el auto. Pero la investigación sobre quién ordenó el crimen —los mandantes intelectuales— tomó años de demoras, bloqueos y sospechas de complicidad institucional que sacudieron la política brasileña. En 2024, el expresidente Jair Bolsonaro y su aliado político Domingos Brazão fueron formalmente acusados de ser los mandantes del asesinato. El proceso judicial continúa. La justicia, cuando llega, llega lenta y sin devolver lo que se llevó. Pero algo que nadie calculó ocurrió después de esa noche: Marielle Franco se volvió más presente. Su nombre se escribió en muros de todo Brasil, de toda América Latina, de Europa, de Estados Unidos. ‘Marielle Presente’ se convirtió en un grito de protesta en manifestaciones feministas y antirracistas de todo el mundo. Sus palabras —que en vida llegaban a Río de Janeiro— en muerte llegaron a todas partes. Su hija Luyara, que tenía diecinueve años cuando la mataron, se convirtió en activista. Su esposa Monica Benicio siguió siendo una voz pública por la justicia. El PSOL, su partido, nombró candidatas en su honor. En 2022, Anielle Franco —su hermana— fue elegida diputada federal y luego nombrada ministra de Igualdad Racial en el gobierno de Lula. El disparo que mató a Marielle Franco quería silenciarla. Produjo lo contrario: la multiplicó.
“Fui elegida por la fuerza de las mujeres negras de las favelas y voy a ocupar este espacio con mucho orgullo.” — Marielle Franco
M.T.



