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La cúpula petrolera abandona al MPN. La fuga antes que el rescate

Gazzettino Italiano Patagónico by Gazzettino Italiano Patagónico
2 de agosto de 2025
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La cúpula petrolera abandona al MPN. La fuga antes que el rescate
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La cúpula del gremio de petroleros anunció su alejamiento del Movimiento Popular Neuquino y lanzó una nueva fuerza política. Detrás del gesto, se asoma una estrategia: despegarse del derrumbe sin asumir responsabilidades y dejar a la militancia sin rumbo, justo cuando más se necesita reconstruir.

En política, los silencios dicen tanto como las palabras. Y a veces, los gestos también. La desafiliación de la cúpula del poderoso Sindicato de Petroleros Privados del Movimiento Popular Neuquino (MPN) fue uno de esos movimientos que, más allá del enunciado, grita una verdad incómoda: algunos prefieren abandonar el barco antes que hacerse cargo del rumbo que ayudaron a trazar.

Este jueves, Marcelo Rucci -secretario general del gremio- junto a sus principales dirigentes firmó la renuncia formal al partido que gobernó la provincia durante más de 60 años. Lo hizo con un acto público, casi simbólico, desde el Juzgado Federal con competencia electoral. Y lo justificó con una frase que resume la operación política: «El MPN desapareció».

Pero el MPN, como cualquier estructura política, no desaparece porque sí. Mucho menos por la militancia o la historia. Lo que sí pueden desdibujarse -y de hecho ocurrió- son las convicciones, los liderazgos, los espacios de participación real, el espíritu transformador que lo fundó. Eso no es culpa de las bases, sino de quienes ocuparon cargos, manejaron recursos, definieron estrategias y cerraron puertas.

Desafiliarse hoy, tras la primera derrota electoral en 60 años, el derrumbe electoral y la pérdida del poder, suena más a cálculo que a ruptura ideológica. No se trata de discutir el derecho legítimo de construir una nueva herramienta política —de hecho, es necesario que emerjan expresiones desde el mundo del trabajo y los sectores populares—, sino de advertir que detrás de esta renuncia se esconde también una forma de esquivar el espejo. Una forma de decir «esto ya no me conviene» en lugar de decir «esto hay que cambiarlo desde adentro».

Rucci explicó que el objetivo es construir una fuerza «que represente a los trabajadores como corresponde», con vocación federal, sin apuros electorales. Una propuesta que, en abstracto, es valiosa. Pero en el fondo queda flotando una pregunta esencial: ¿por qué no se peleó por esa representación dentro del partido al que se perteneció durante décadas? ¿Por qué no se convocó a democratizarlo, a abrirlo, a oxigenarlo?

Porque si algo le faltó al MPN en los últimos años fue precisamente eso: participación, debate, renovación, militancia de base. Y que sean justamente quienes ocupaban lugares de poder los que hoy señalen esa falta, sin reconocer su parte en la responsabilidad, resulta -como mínimo-contradictorio.

Más aún, la construcción de «Fuerza Neuquina y Federal» no parece partir de las bases, sino de un armado que, por ahora, tiene más de aparato que de popular. Al igual que otras expresiones recientes que intentan reorganizar el campo opositor al actual gobierno, repite un patrón: pocos rostros nuevos, mucho verticalismo, alianzas tejidas desde arriba y mensajes diseñados más para la estrategia que para la escucha real del territorio.

Hay algo más que no debe perderse de vista. La renuncia de la cúpula sindical también significa, en la práctica, un desconocimiento explicito de los miles de afiliados que aún creen que el MPN no es su dirigencia circunstancial, sino un espacio, un proyecto que en su momento valdrá la pena recuperar. Que no es necesario fundar algo nuevo para decir lo que no se dijo cuando se tuvo voz, sino que la historia, con sus luces y sombras, merece ser honrada en vez de desechada como si fuera una ropa vieja.

Por eso, abandonar el barco no es sinónimo de refundar. A veces, también es una forma elegante de huir del pasado propio.

Adrián Giannetti

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