{"id":1000036015,"date":"2026-11-05T14:49:02","date_gmt":"2026-11-05T17:49:02","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000036015"},"modified":"2026-11-05T14:49:05","modified_gmt":"2026-11-05T17:49:05","slug":"estados-unidos-le-pone-un-freno-a-la-inteligencia-artificial-el-rechazo-a-los-centros-de-datos-crece-en-las-ciudades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000036015","title":{"rendered":"Estados Unidos le pone un freno a la inteligencia artificial: el rechazo a los centros de datos crece en las ciudades"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las encuestas revelan que el 65% de los estadounidenses se opone a la instalaci\u00f3n de centros de datos de inteligencia artificial en sus comunidades. En las elecciones del 3 de noviembre, decenas de localidades votaron para restringir o prohibir estas instalaciones. El consumo el\u00e9ctrico, el agua, las tarifas y los beneficios econ\u00f3micos de una industria multimillonaria est\u00e1n en el centro de una discusi\u00f3n que trasciende las diferencias pol\u00edticas. Mientras las grandes empresas tecnol\u00f3gicas anuncian inversiones multimillonarias para expandir la inteligencia artificial, en Estados Unidos comienza a consolidarse un movimiento ciudadano que cuestiona las consecuencias de esa expansi\u00f3n sobre los territorios. Los centros de datos, esas enormes instalaciones repletas de servidores que permiten almacenar informaci\u00f3n y ejecutar sistemas de inteligencia artificial, se est\u00e1n convirtiendo en protagonistas de un conflicto que enfrenta las promesas del progreso tecnol\u00f3gico con las necesidades de las comunidades. Y los estadounidenses est\u00e1n empezando a decir que no. Una encuesta de la Universidad de Massachusetts Amherst, publicada el 14 de septiembre de 2026, revel\u00f3 que el 65% de los consultados se opone a la construcci\u00f3n de centros de datos de inteligencia artificial en su comunidad, mientras que apenas el 11% est\u00e1 a favor. El 24% restante no manifest\u00f3 una posici\u00f3n definida. El relevamiento incluy\u00f3 a 1.000 personas y mostr\u00f3 un fen\u00f3meno poco frecuente en la polarizada sociedad estadounidense: el rechazo atraviesa las preferencias pol\u00edticas. Entre los votantes dem\u00f3cratas, la oposici\u00f3n alcanza el 76%, pero tambi\u00e9n representa una mayor\u00eda del 52% entre los republicanos. Incluso dentro del electorado m\u00e1s identificado con Donald Trump, tradicionalmente favorable a las inversiones empresariales y a la expansi\u00f3n de la infraestructura tecnol\u00f3gica, aparecen resistencias a la instalaci\u00f3n de estos complejos cerca de las viviendas. La explicaci\u00f3n est\u00e1 menos relacionada con el funcionamiento de la inteligencia artificial que con sus consecuencias materiales. Los vecinos cuestionan la enorme demanda de electricidad, el consumo de agua para refrigeraci\u00f3n, las alteraciones del entorno y, especialmente, la posibilidad de terminar financiando con sus propias tarifas las ampliaciones de infraestructura que necesitan las grandes corporaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ciudades pasaron de las encuestas a las urnas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El rechazo dej\u00f3 de ser solamente una expresi\u00f3n de preocupaci\u00f3n ciudadana. En las elecciones del martes 3 de noviembre de 2026, numerosas comunidades estadounidenses tuvieron la oportunidad de pronunciarse directamente sobre proyectos de centros de datos y nuevas restricciones a su desarrollo. Seg\u00fan el registro de Ballotpedia, una organizaci\u00f3n especializada en informaci\u00f3n electoral estadounidense, hasta el 4 de noviembre se hab\u00edan definido 47 consultas locales vinculadas con estas instalaciones durante 2026. En 46 de ellas, el resultado favoreci\u00f3 mayores limitaciones a su desarrollo, ya fuera mediante la aprobaci\u00f3n de restricciones o el rechazo de propuestas destinadas a facilitar nuevas instalaciones. En Alhambra, California, el 82% de los votantes respald\u00f3 una prohibici\u00f3n de los centros de datos dentro de la ciudad. En Edgewater, Florida, el 77% apoy\u00f3 impedir la aprobaci\u00f3n y construcci\u00f3n de nuevas instalaciones, mientras que en Bloomington, Illinois, el 78% se pronunci\u00f3 a favor de recomendar una moratoria para los grandes complejos tecnol\u00f3gicos. Se trata de decisiones con diferentes alcances legales, ya que algunas consultas fueron vinculantes y otras tuvieron car\u00e1cter consultivo. Sin embargo, consideradas en conjunto, permiten identificar una tendencia pol\u00edtica y social dif\u00edcil de ignorar: una parte significativa de las comunidades no est\u00e1 dispuesta a aceptar sin condiciones las consecuencias territoriales de la expansi\u00f3n tecnol\u00f3gica. La situaci\u00f3n resulta particularmente llamativa porque Estados Unidos es, al mismo tiempo, uno de los principales impulsores de la inteligencia artificial y el escenario de una creciente resistencia ciudadana a la infraestructura que necesita para funcionar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Houston: utilizan inteligencia artificial, pero rechazan tener un centro de datos cerca<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las investigaciones m\u00e1s interesantes fue realizada por la Universidad de Houston, en Texas, uno de los principales estados energ\u00e9ticos estadounidenses. El estudio, publicado en mayo de 2026, encontr\u00f3 que el 85% de los habitantes encuestados del \u00e1rea metropolitana de Houston utiliza herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, casi el 63% rechaza que se construya un centro de datos a menos de una milla, aproximadamente 1,6 kil\u00f3metros, de su vivienda. La contradicci\u00f3n es reveladora. Los ciudadanos utilizan la tecnolog\u00eda y reconocen sus beneficios, pero no necesariamente est\u00e1n dispuestos a aceptar los impactos asociados con su infraestructura. En una regi\u00f3n estrechamente vinculada con la producci\u00f3n de petr\u00f3leo, gas y electricidad, la preocupaci\u00f3n se concentra especialmente en la confiabilidad del sistema el\u00e9ctrico y en la posibilidad de que el crecimiento de la demanda industrial termine afectando el suministro y los costos que pagan los hogares. El mismo estudio encontr\u00f3 que una parte de los opositores reconsiderar\u00eda su posici\u00f3n si los centros de datos funcionaran con energ\u00edas renovables. Esto sugiere que el conflicto no representa necesariamente un rechazo a la tecnolog\u00eda, sino una exigencia de mejores condiciones ambientales y energ\u00e9ticas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Virginia: de recibir inversiones a cuestionar sus consecuencias<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Virginia ofrece otro ejemplo significativo. Durante a\u00f1os, este estado se convirti\u00f3 en uno de los principales destinos de inversiones en centros de datos, especialmente en el norte de su territorio, donde se desarroll\u00f3 una enorme concentraci\u00f3n de infraestructura digital. Pero la percepci\u00f3n p\u00fablica cambi\u00f3 considerablemente. Una encuesta realizada por The Washington Post y la Universidad George Mason determin\u00f3 que solamente el 35% de los votantes de Virginia se sentir\u00eda c\u00f3modo con la construcci\u00f3n de un nuevo centro de datos en su comunidad. En 2023, ese porcentaje alcanzaba el 69%. En apenas tres a\u00f1os, la aceptaci\u00f3n cay\u00f3 34 puntos porcentuales. El relevamiento tambi\u00e9n mostr\u00f3 que el 67% de los encuestados est\u00e1 a favor de eliminar las exenciones del impuesto sobre las ventas que reciben determinadas instalaciones tecnol\u00f3gicas. La discusi\u00f3n ya no gira exclusivamente alrededor de los efectos ambientales: tambi\u00e9n alcanza los beneficios fiscales que los gobiernos conceden a grandes empresas para atraer inversiones. El interrogante es sencillo, aunque sus implicancias econ\u00f3micas son enormes: \u00bfCu\u00e1nto recibe efectivamente una comunidad a cambio de entregar suelo, recursos, infraestructura y ventajas impositivas a compa\u00f1\u00edas que cuentan con una extraordinaria capacidad financiera?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La electricidad y el agua detr\u00e1s de la revoluci\u00f3n digital<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los centros de datos son instalaciones indispensables para el funcionamiento de buena parte de la econom\u00eda digital. Procesan informaci\u00f3n, almacenan enormes vol\u00famenes de datos y permiten ejecutar los modelos de inteligencia artificial que utilizan empresas, instituciones y millones de personas. Sin embargo, esa actividad tiene una dimensi\u00f3n f\u00edsica frecuentemente ausente de los discursos sobre innovaci\u00f3n. Los servidores necesitan grandes cantidades de electricidad y sistemas de refrigeraci\u00f3n capaces de disipar el calor generado durante su funcionamiento. Dependiendo de la tecnolog\u00eda utilizada, la ubicaci\u00f3n y las condiciones clim\u00e1ticas, esos sistemas tambi\u00e9n pueden requerir importantes vol\u00famenes de agua. La magnitud del consumo depende de cada instalaci\u00f3n, pero los proyectos de mayor escala pueden demandar potencias comparables con las de grandes establecimientos industriales. Su conexi\u00f3n a las redes el\u00e9ctricas puede exigir nuevas l\u00edneas de transmisi\u00f3n, subestaciones y capacidad adicional de generaci\u00f3n. Todo esto requiere inversiones. Y all\u00ed aparece uno de los principales motivos del conflicto: qui\u00e9n las financia. Las empresas tecnol\u00f3gicas sostienen que sus proyectos pueden generar actividad econ\u00f3mica, empleo durante la construcci\u00f3n, ingresos fiscales y nuevas inversiones energ\u00e9ticas. Pero los habitantes de muchas localidades reclaman garant\u00edas concretas de que esos beneficios compensar\u00e1n los costos y de que las tarifas residenciales no terminar\u00e1n subsidiando la expansi\u00f3n de una industria de elevada rentabilidad. Tambi\u00e9n existe una discusi\u00f3n sobre el empleo. Aunque la construcci\u00f3n de estos complejos moviliza trabajadores y proveedores, su operaci\u00f3n posterior puede requerir planteles relativamente reducidos en comparaci\u00f3n con otras actividades industriales de inversi\u00f3n equivalente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un conflicto que trasciende a Estados Unidos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La resistencia estadounidense deja una ense\u00f1anza para las regiones que buscan atraer inversiones tecnol\u00f3gicas: la disponibilidad de energ\u00eda, agua y suelo ya no puede considerarse una ventaja competitiva sin analizar previamente qui\u00e9n asumir\u00e1 los costos sociales y ambientales de su utilizaci\u00f3n. Para una provincia energ\u00e9tica como Neuqu\u00e9n, que comienza a discutir su desarrollo tecnol\u00f3gico y el aprovechamiento de sus capacidades de generaci\u00f3n, transmisi\u00f3n y conectividad, la experiencia ofrece elementos que merecen atenci\u00f3n. No se trata de rechazar la instalaci\u00f3n de centros de datos ni de desconocer las oportunidades econ\u00f3micas que pueden representar. Se trata de comprender que la infraestructura digital tambi\u00e9n tiene impactos territoriales y que cualquier proyecto deber\u00eda evaluar su demanda el\u00e9ctrica, sus necesidades h\u00eddricas, la inversi\u00f3n requerida y los beneficios concretos para la poblaci\u00f3n. La discusi\u00f3n estadounidense est\u00e1 incorporando, adem\u00e1s, una dimensi\u00f3n democr\u00e1tica: las comunidades reclaman participar en decisiones que pueden modificar de manera permanente el uso de sus recursos y las condiciones de vida de sus habitantes. La inteligencia artificial suele presentarse como una transformaci\u00f3n inevitable, impulsada por empresas con presupuestos superiores a los de numerosos pa\u00edses. Sin embargo, las votaciones en distintas ciudades estadounidenses est\u00e1n demostrando que la expansi\u00f3n de esa tecnolog\u00eda tambi\u00e9n puede encontrar l\u00edmites definidos por la ciudadan\u00eda. La pregunta que empieza a recorrer Estados Unidos no es si la inteligencia artificial representa un avance tecnol\u00f3gico. Es qui\u00e9n se beneficia de ese avance, qui\u00e9n aporta los recursos para hacerlo posible y qui\u00e9n termina pagando sus consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A.G.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las encuestas revelan que el 65% de los estadounidenses se opone a la instalaci\u00f3n de centros de datos de inteligencia artificial en sus comunidades. En las elecciones del 3 de noviembre, decenas de localidades votaron para restringir o prohibir estas instalaciones. El consumo el\u00e9ctrico, el agua, las tarifas y los beneficios econ\u00f3micos de una industria [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1000036016,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"jnews-multi-image_gallery":[],"jnews_single_post":{"format":"standard"},"jnews_primary_category":[],"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[272],"tags":[273],"class_list":["post-1000036015","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-tecnologia","tag-tecnologia"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/wp-content\/uploads\/2026\/11\/zcx-1.jpg?fit=805%2C450&ssl=1","jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1000036015","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1000036015"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1000036015\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1000036017,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1000036015\/revisions\/1000036017"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1000036016"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1000036015"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1000036015"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1000036015"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}