{"id":1000035951,"date":"2026-11-03T20:31:10","date_gmt":"2026-11-03T23:31:10","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000035951"},"modified":"2026-11-03T20:31:11","modified_gmt":"2026-11-03T23:31:11","slug":"los-nuevos-profetas-del-odio-la-derecha-y-el-miedo-como-herramienta-de-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000035951","title":{"rendered":"Los nuevos profetas del odio: la derecha y el miedo como herramienta de poder"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A casi setenta a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de Los profetas del odio, el pensamiento de Arturo Jauretche permite reconocer mecanismos pol\u00edticos que conservan una inquietante vigencia en la Argentina. La construcci\u00f3n de enemigos internos, la manipulaci\u00f3n de valores profundamente arraigados y la utilizaci\u00f3n del resentimiento social encuentran nuevas expresiones en el discurso de la derecha radical. En tiempos en que el gobierno de Javier Milei ha incorporado la confrontaci\u00f3n permanente a su estrategia pol\u00edtica, recuperar las reflexiones de Jauretche permite comprender c\u00f3mo una sociedad puede terminar enfrent\u00e1ndose consigo misma mientras pierde de vista los intereses que realmente est\u00e1n en disputa. En 1957, Arturo Jauretche public\u00f3 una de las cr\u00edticas m\u00e1s profundas a la manera en que determinados sectores de la dirigencia argentina hab\u00edan construido una imagen despectiva del pueblo al que pretend\u00edan gobernar. Su preocupaci\u00f3n no se limitaba a las diferencias ideol\u00f3gicas ni a las disputas entre partidos pol\u00edticos. Intentaba explicar c\u00f3mo una sociedad pod\u00eda incorporar prejuicios contra su propia identidad, aceptar como verdades naturales los intereses de los grupos dominantes y terminar despreciando las expresiones pol\u00edticas y culturales de amplios sectores populares. En Los profetas del odio, Jauretche examin\u00f3 el papel de los intelectuales, las instituciones educativas y los medios de comunicaci\u00f3n en la construcci\u00f3n de una interpretaci\u00f3n de la realidad que favorec\u00eda determinadas relaciones de poder. Comprendi\u00f3 que la dominaci\u00f3n econ\u00f3mica necesitaba tambi\u00e9n una estructura cultural capaz de justificarla, y que esa estructura resultaba mucho m\u00e1s eficaz cuando sus ideas eran asumidas por los propios sectores perjudicados. Casi siete d\u00e9cadas despu\u00e9s, la Argentina atraviesa una experiencia pol\u00edtica que invita a recuperar aquellas reflexiones. El crecimiento de una derecha radical que ha convertido la confrontaci\u00f3n en parte central de su identidad, la utilizaci\u00f3n del insulto como herramienta de comunicaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de categor\u00edas morales destinadas a separar a los ciudadanos entre buenos y malos presentan similitudes con los procedimientos que Jauretche denunciaba. Las circunstancias hist\u00f3ricas son diferentes y no corresponde establecer equivalencias mec\u00e1nicas. Pero existe una continuidad que merece atenci\u00f3n: la posibilidad de organizar el pensamiento colectivo alrededor del desprecio hacia determinados sectores sociales, utilizando ese enfrentamiento para desplazar discusiones sobre la distribuci\u00f3n de la riqueza, el ejercicio del poder y los intereses econ\u00f3micos que condicionan la vida nacional. Jauretche analiz\u00f3 c\u00f3mo se fabricaba el desprecio hacia el pueblo. La pregunta que surge frente a la realidad actual es c\u00f3mo se consigue que ese desprecio circule dentro de la propia sociedad, hasta lograr que ciudadanos con problemas semejantes se reconozcan como enemigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De la civilizaci\u00f3n y barbarie a los argentinos de bien<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los conceptos fundamentales de Jauretche fue el de colonizaci\u00f3n pedag\u00f3gica, mediante el cual describ\u00eda la formaci\u00f3n de una conciencia social subordinada a ideas, valores e interpretaciones provenientes de los centros de poder. En sus palabras, \u00abLa &#8216;intelligentzia&#8217; es el fruto de una colonizaci\u00f3n pedag\u00f3gica\u00bb. No se refer\u00eda al conocimiento adquirido en el extranjero ni rechazaba la incorporaci\u00f3n de avances culturales o cient\u00edficos. Cuestionaba a quienes trasladaban modelos ajenos sin considerar la realidad argentina y terminaban utilizando esos modelos para justificar su subordinaci\u00f3n. La hist\u00f3rica oposici\u00f3n entre civilizaci\u00f3n y barbarie constitu\u00eda, para Jauretche, una herramienta fundamental de ese procedimiento. Permit\u00eda presentar los intereses de una minor\u00eda como expresi\u00f3n del progreso, mientras identificaba las costumbres, las demandas y las expresiones pol\u00edticas populares con el atraso. Quienes se atribu\u00edan la representaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n tambi\u00e9n se reservaban el derecho de decidir qu\u00e9 sectores de la sociedad estaban capacitados para gobernar y cu\u00e1les deb\u00edan aceptar una posici\u00f3n subordinada. Esa operaci\u00f3n cultural encuentra una expresi\u00f3n contempor\u00e1nea en la distinci\u00f3n entre los llamados \u00abargentinos de bien\u00bb y un conjunto de adversarios que el discurso libertario identifica con la corrupci\u00f3n, el parasitismo y la decadencia nacional. Durante La Derecha Fest, celebrada en C\u00f3rdoba el 22 de julio de 2025, Javier Milei estableci\u00f3 una separaci\u00f3n expl\u00edcita entre los integrantes de lo que denomin\u00f3 el partido del Estado \u2014incluyendo dirigentes pol\u00edticos, sindicalistas, empresarios y periodistas a quienes descalific\u00f3\u2014 y los \u00abargentinos de bien\u00bb que acompa\u00f1aban su proyecto. La divisi\u00f3n no se limit\u00f3 a cuestionar comportamientos concretos: atribuy\u00f3 condiciones morales diferentes a dos conjuntos de ciudadanos definidos por su posici\u00f3n frente al oficialismo. El discurso resulta particularmente significativo porque la expresi\u00f3n \u00abgente de bien\u00bb remite a valores compartidos por la mayor\u00eda de la sociedad: la honestidad, el trabajo, el respeto por las normas y la responsabilidad individual. Al asociarlos con una determinada identidad pol\u00edtica, esos valores dejan de funcionar como principios comunes y pasan a utilizarse como elementos de diferenciaci\u00f3n y confrontaci\u00f3n. El procedimiento es reconocible. Quien adhiere al proyecto oficial queda ubicado dentro de una comunidad moralmente leg\u00edtima, mientras el adversario puede ser presentado como representante de un sistema corrupto, incluso cuando sus cuestionamientos se refieran a decisiones econ\u00f3micas, derechos sociales o pol\u00edticas p\u00fablicas que merecen una discusi\u00f3n espec\u00edfica. La semejanza con los mecanismos estudiados por Jauretche no reside en que los protagonistas actuales reproduzcan exactamente las ideas de las antiguas \u00e9lites liberales. Se encuentra en la pretensi\u00f3n de atribuir superioridad moral a un sector y utilizar esa supuesta condici\u00f3n para descalificar las demandas del resto. Hay, sin embargo, una diferencia importante. Mientras Jauretche describ\u00eda una cultura dominante que despreciaba al pueblo desde una posici\u00f3n de superioridad social e intelectual, la derecha libertaria construy\u00f3 buena parte de su identidad denunciando a las \u00e9lites pol\u00edticas tradicionales. Su eficacia consisti\u00f3 precisamente en apropiarse del lenguaje de la rebeli\u00f3n contra los privilegios y convertirlo en una explicaci\u00f3n general de los problemas argentinos. La paradoja es evidente: un movimiento que lleg\u00f3 al poder denunciando la arrogancia de la dirigencia pol\u00edtica termin\u00f3 incorporando a su propio discurso una clasificaci\u00f3n moral que tambi\u00e9n establece qui\u00e9nes representan a la Argentina leg\u00edtima y qui\u00e9nes constituyen un obst\u00e1culo para su desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El malestar social y la manipulaci\u00f3n de las creencias<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser\u00eda imposible comprender el surgimiento de Milei sin reconocer el profundo deterioro de la relaci\u00f3n entre una parte considerable de la sociedad y sus representantes pol\u00edticos. La inflaci\u00f3n, la p\u00e9rdida del poder adquisitivo, las dificultades para acceder a una vivienda, los privilegios de sectores dirigentes y los reiterados hechos de corrupci\u00f3n generaron una frustraci\u00f3n que encontraba fundamentos concretos en la experiencia cotidiana de millones de argentinos. El malestar exist\u00eda mucho antes de que Milei lo convirtiera en una bandera electoral. La importancia de su irrupci\u00f3n pol\u00edtica radica en haber conseguido organizar buena parte de esa indignaci\u00f3n alrededor de una interpretaci\u00f3n sencilla: los problemas del pa\u00eds eran consecuencia de una dirigencia parasitaria que viv\u00eda del esfuerzo de quienes trabajaban y produc\u00edan. La denuncia de privilegios pol\u00edticos result\u00f3 eficaz porque conectaba con experiencias conocidas. Pero, con el tiempo, la categor\u00eda de \u00abcasta\u00bb se ampli\u00f3 hasta incluir actores sociales muy diferentes, algunos de los cuales no integran ninguna estructura privilegiada y simplemente defienden intereses o derechos que pueden entrar en conflicto con las decisiones gubernamentales. All\u00ed aparece un aspecto central de las estrategias de polarizaci\u00f3n: la apropiaci\u00f3n de creencias profundamente arraigadas para orientar la indignaci\u00f3n hacia determinados grupos. El trabajo, el m\u00e9rito, la honestidad, la seguridad y la familia constituyen referencias fundamentales para millones de personas, independientemente de sus preferencias pol\u00edticas. Su fuerza reside en que forman parte de la vida cotidiana y de la identidad de quienes las sostienen. Precisamente por eso pueden convertirse en instrumentos particularmente eficaces para construir antagonismos. El trabajador que siente que su esfuerzo no alcanza para sostener a su familia puede encontrar una explicaci\u00f3n inmediata de sus dificultades en la imagen de alguien que recibe asistencia del Estado. Su enojo tiene una base material, pero la interpretaci\u00f3n que se le ofrece puede llevarlo a responsabilizar a otra persona que atraviesa una situaci\u00f3n de vulnerabilidad, sin examinar las condiciones econ\u00f3micas que afectan a ambos. Algo semejante ocurre con la inseguridad. El temor a sufrir un delito constituye una preocupaci\u00f3n leg\u00edtima, pero puede ser utilizado para transformar determinadas condiciones sociales en una supuesta amenaza colectiva, desplazando la discusi\u00f3n sobre las pol\u00edticas de prevenci\u00f3n, el funcionamiento policial, la Justicia y las causas que intervienen en la violencia. La defensa de la libertad individual tambi\u00e9n puede convertirse en un instrumento de confrontaci\u00f3n cuando se presenta a docentes, investigadores, periodistas o instituciones educativas como integrantes de una estructura de adoctrinamiento, sin distinguir entre controversias ideol\u00f3gicas leg\u00edtimas y pr\u00e1cticas concretas que pudieran justificar semejante acusaci\u00f3n. En estas operaciones, valores que podr\u00edan reunir a personas de distintas posiciones terminan utilizados para enfrentarlas. La preocupaci\u00f3n por el trabajo se transforma en rechazo hacia quien recibe ayuda; la defensa de la libertad deriva en sospecha contra quien sostiene otras ideas; la indignaci\u00f3n frente a la corrupci\u00f3n puede convertirse en condena indiscriminada de quienes participan de la actividad pol\u00edtica. La eficacia de este mecanismo reside en que no necesita inventar los sentimientos de las personas. Le alcanza con intervenir sobre la interpretaci\u00f3n de sus problemas y ofrecerles un responsable al que dirigir su frustraci\u00f3n. El resultado puede ser pol\u00edticamente rentable: el ciudadano encuentra una explicaci\u00f3n inmediata para su malestar, una comunidad con la cual identificarse y un adversario cuya derrota aparece como condici\u00f3n necesaria para mejorar su situaci\u00f3n. Mientras tanto, las discusiones sobre salarios, concentraci\u00f3n econ\u00f3mica, distribuci\u00f3n del ingreso o consecuencias de las decisiones gubernamentales pueden quedar subordinadas a una confrontaci\u00f3n moral mucho m\u00e1s sencilla de comunicar. La cuesti\u00f3n de fondo no es la legitimidad de los valores invocados, sino el uso que se hace de ellos. El m\u00e9rito no pierde importancia porque se cuestione su instrumentalizaci\u00f3n pol\u00edtica, del mismo modo que denunciar la manipulaci\u00f3n del miedo no significa desconocer los problemas de seguridad o las experiencias de quienes los padecen. El interrogante es qui\u00e9n consigue apropiarse de esas preocupaciones, c\u00f3mo las transforma en una interpretaci\u00f3n de la realidad y qu\u00e9 intereses quedan fuera de discusi\u00f3n cuando la sociedad concentra su indignaci\u00f3n sobre enemigos previamente identificados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La batalla cultural: cuando el insulto se convierte en pol\u00edtica<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gobierno de Milei ha otorgado una importancia expl\u00edcita a lo que denomina \u00abbatalla cultural\u00bb. Durante la presentaci\u00f3n de los Voceros de la Libertad de la Fundaci\u00f3n Faro, el 4 de agosto de 2025, el presidente explic\u00f3 que su proyecto necesitaba actuar simult\u00e1neamente sobre la gesti\u00f3n gubernamental, la construcci\u00f3n de poder pol\u00edtico y la difusi\u00f3n de ideas que permitieran sostener sus reformas a largo plazo. La declaraci\u00f3n tiene relevancia porque demuestra que la confrontaci\u00f3n ideol\u00f3gica no constituye un elemento accesorio de su gesti\u00f3n. Forma parte de una concepci\u00f3n pol\u00edtica que reconoce la necesidad de intervenir sobre las creencias sociales para consolidar determinadas transformaciones econ\u00f3micas e institucionales. En aquella intervenci\u00f3n, Milei recurri\u00f3 al concepto de \u00abpar\u00e1sitos mentales\u00bb, tomado de un libro de Axel Kaiser, para cuestionar ideas relacionadas con la justicia social y los derechos sociales. Aunque aclar\u00f3 que no se refer\u00eda a las personas sino a las ideas, describi\u00f3 a quienes las incorporaban como individuos convertidos en \u00abzombis\u00bb y vincul\u00f3 esa condici\u00f3n con sus adversarios pol\u00edticos. La elecci\u00f3n del lenguaje merece atenci\u00f3n. Cuando una posici\u00f3n ideol\u00f3gica es presentada como una infecci\u00f3n del pensamiento, el desacuerdo deja de aparecer como resultado de experiencias, intereses o convicciones diferentes. Pasa a ser interpretado como una anomal\u00eda que debe corregirse. Existe aqu\u00ed una tensi\u00f3n particularmente significativa con el pensamiento de Jauretche. El autor de Los profetas del odio denunciaba la formaci\u00f3n de una mentalidad que imped\u00eda interpretar la realidad nacional desde los intereses propios. Milei tambi\u00e9n sostiene que existe un proceso de adoctrinamiento cultural, pero lo identifica con las ideas que cuestiona su proyecto econ\u00f3mico. Ambos discursos discuten la formaci\u00f3n de la conciencia social, aunque parten de concepciones pol\u00edticas e hist\u00f3ricas profundamente distintas. El problema contempor\u00e1neo aparece cuando esa disputa abandona la argumentaci\u00f3n y se apoya crecientemente en la descalificaci\u00f3n personal. El 1 de marzo de 2026, durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, Milei pronunci\u00f3 al menos 56 insultos a lo largo de aproximadamente cien minutos, seg\u00fan un relevamiento publicado por Chequeado. La cifra equivale a un agravio cada cien segundos y representa una frecuencia considerablemente mayor que la registrada por el mismo medio durante el discurso presidencial del a\u00f1o anterior. La reiteraci\u00f3n del insulto desde la m\u00e1xima autoridad del Estado tiene consecuencias que exceden la imagen personal de un gobernante. Contribuye a instalar una forma de relaci\u00f3n pol\u00edtica en la que la agresividad puede interpretarse como autenticidad, la descalificaci\u00f3n como fortaleza y el desprecio hacia el adversario como prueba de compromiso con una causa. La situaci\u00f3n adquiere una gravedad adicional cuando el destinatario es el periodismo. La expresi\u00f3n presidencial \u00abNo odiamos lo suficiente a los periodistas\u00bb, reiterada en distintas publicaciones y declaraciones, constituye un ejemplo particularmente claro de la distancia que puede establecerse entre la cr\u00edtica leg\u00edtima a los medios de comunicaci\u00f3n y la promoci\u00f3n de una hostilidad generalizada hacia quienes ejercen esa profesi\u00f3n. Existen motivos para cuestionar coberturas period\u00edsticas, investigar relaciones econ\u00f3micas entre medios y gobiernos, denunciar informaci\u00f3n falsa o exigir responsabilidades profesionales. El propio Jauretche dedic\u00f3 buena parte de su obra a examinar c\u00f3mo determinadas estructuras de comunicaci\u00f3n contribu\u00edan a reproducir intereses dominantes. Pero esas discusiones exigen identificar hechos y responsabilidades concretas, no atribuir condiciones negativas a una profesi\u00f3n entera. Los antecedentes documentados muestran que el conflicto ha adquirido una dimensi\u00f3n institucional. El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) registr\u00f3 278 ataques contra periodistas durante 2025, de los cuales atribuy\u00f3 119 al presidente. En una presentaci\u00f3n realizada ante Naciones Unidas el 26 de octubre de 2026, la organizaci\u00f3n inform\u00f3 que los casos acumulados en 2026 ya hab\u00edan superado el r\u00e9cord del a\u00f1o anterior y contabiliz\u00f3 175 hechos atribuidos a Milei durante el per\u00edodo. El informe tambi\u00e9n advirti\u00f3 sobre el agravamiento del lenguaje presidencial. Entre los antecedentes mencion\u00f3 una publicaci\u00f3n del 6 de octubre en la que el mandatario utiliz\u00f3 la expresi\u00f3n \u00abTorpedo a la cabeza de los sicarios corruptos del micr\u00f3fono\u00bb. La gravedad de estos episodios no depende de la simpat\u00eda que pueda despertar un periodista ni de la opini\u00f3n que merezca un medio. El problema surge de la utilizaci\u00f3n de una posici\u00f3n institucional de enorme poder para desacreditar de manera reiterada a quienes pueden investigar, cuestionar o exponer decisiones oficiales. Un gobierno tiene derecho a responder informaciones falsas y confrontar p\u00fablicamente con sus cr\u00edticos. El ejercicio de ese derecho, sin embargo, plantea responsabilidades particulares cuando quien habla dispone de la autoridad y de los recursos comunicacionales de la Presidencia. El da\u00f1o democr\u00e1tico no aparece solamente cuando una agresi\u00f3n se transforma en violencia f\u00edsica. Tambi\u00e9n puede producirse cuando la repetici\u00f3n del hostigamiento contribuye a que una parte de la sociedad deje de considerar leg\u00edtimo el trabajo de quienes investigan al poder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El odio que distrae de los intereses en disputa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En uno de los pasajes m\u00e1s importantes de su an\u00e1lisis sobre la ense\u00f1anza superior, Jauretche cuestiona la pretensi\u00f3n de presentar los problemas del gobierno como cuestiones exclusivamente t\u00e9cnicas o culturales, ocultando los intereses econ\u00f3micos y sociales que intervienen en las decisiones pol\u00edticas. La observaci\u00f3n conserva actualidad porque obliga a mirar aquello que frecuentemente queda fuera de los grandes enfrentamientos p\u00fablicos. La econom\u00eda argentina plantea discusiones de enorme trascendencia sobre la distribuci\u00f3n del ingreso, el endeudamiento, el sistema tributario, las jubilaciones, el empleo, la inversi\u00f3n y el papel del Estado. Son decisiones que producen consecuencias diferentes seg\u00fan la posici\u00f3n econ\u00f3mica y social de cada ciudadano, por lo que deber\u00edan ocupar un lugar central en el debate democr\u00e1tico. Sin embargo, cuando una controversia pol\u00edtica se organiza principalmente alrededor de categor\u00edas morales, la evaluaci\u00f3n de esas consecuencias puede quedar desplazada por una disputa entre identidades. El trabajador que pierde capacidad de compra, el peque\u00f1o empresario que enfrenta dificultades para sostener su actividad y el jubilado cuyos ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades pueden experimentar problemas relacionados con un mismo contexto econ\u00f3mico. Pero si sus preocupaciones son interpretadas exclusivamente mediante una confrontaci\u00f3n entre quienes defienden la libertad y quienes supuestamente representan el parasitismo estatal, la discusi\u00f3n sobre las decisiones que afectan sus condiciones de vida corre el riesgo de quedar en segundo plano. El enfrentamiento entre ciudadanos con dificultades semejantes no elimina las diferencias reales de intereses que existen en una sociedad. Lo que puede conseguir es ocultarlas detr\u00e1s de una disputa emocional m\u00e1s inmediata. En ese punto, la lectura de Jauretche permite recuperar una dimensi\u00f3n fundamental del conflicto pol\u00edtico: detr\u00e1s de las ideas, de las consignas y de los discursos sobre la moralidad p\u00fablica tambi\u00e9n existen decisiones sobre qui\u00e9nes reciben recursos, qui\u00e9nes soportan los costos y qui\u00e9nes disponen de capacidad para influir sobre el Estado. Por eso resulta insuficiente examinar la confrontaci\u00f3n pol\u00edtica contempor\u00e1nea \u00fanicamente como un problema de lenguaje o de modales presidenciales. El insulto puede ser el aspecto m\u00e1s visible de un proceso mucho m\u00e1s profundo, mediante el cual determinados debates quedan organizados alrededor de la adhesi\u00f3n o el rechazo a figuras pol\u00edticas antes que de la evaluaci\u00f3n de sus decisiones. Las plataformas digitales amplifican ese fen\u00f3meno. Los enfrentamientos que producen indignaci\u00f3n, rechazo o adhesiones intensas circulan con facilidad y mantienen la atenci\u00f3n sobre controversias que pueden renovarse todos los d\u00edas. Un insulto presidencial puede instalar una discusi\u00f3n nacional durante horas, mientras una resoluci\u00f3n administrativa, una modificaci\u00f3n presupuestaria o una decisi\u00f3n econ\u00f3mica de consecuencias duraderas recibe una atenci\u00f3n considerablemente menor. La comparaci\u00f3n con los instrumentos de comunicaci\u00f3n que analizaba Jauretche muestra cu\u00e1nto cambi\u00f3 la tecnolog\u00eda y cu\u00e1nto persiste la disputa por orientar la percepci\u00f3n colectiva. Antes, el prestigio cultural y la concentraci\u00f3n de los medios tradicionales contribu\u00edan a establecer qu\u00e9 interpretaciones alcanzaban legitimidad. Hoy, esa capacidad se distribuye entre grandes plataformas, medios digitales, dirigentes pol\u00edticos y comunidades organizadas alrededor de identidades cada vez m\u00e1s confrontativas. El resultado no es necesariamente una sociedad mejor informada por disponer de m\u00e1s canales de comunicaci\u00f3n. La abundancia de mensajes tambi\u00e9n puede dificultar la comprensi\u00f3n cuando la informaci\u00f3n se consume principalmente para confirmar convicciones previas y desacreditar a quienes sostienen otras posiciones. Pero ser\u00eda equivocado atribuir toda esta din\u00e1mica exclusivamente a la derecha o suponer que cualquier ciudadano que adhiere al oficialismo participa conscientemente de una estrategia de manipulaci\u00f3n. El deterioro del debate p\u00fablico tiene antecedentes en distintas fuerzas pol\u00edticas, y muchas personas encontraron en el discurso libertario una respuesta a frustraciones que otros espacios fueron incapaces de atender. La particularidad del momento actual reside en que el gobierno nacional ha incorporado expl\u00edcitamente la confrontaci\u00f3n cultural a su programa pol\u00edtico y en que existen registros documentados de un uso reiterado de la descalificaci\u00f3n desde la propia Presidencia. Ese hecho obliga a examinar las responsabilidades de quienes ejercen el poder, porque su capacidad para instalar discursos y orientar comportamientos p\u00fablicos es incomparablemente mayor que la de un ciudadano com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pregunta que Jauretche dej\u00f3 planteada<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jauretche recuperaba una idea de Ernesto Palacio que resum\u00eda buena parte de su concepci\u00f3n intelectual: hab\u00eda que escribir desde el pueblo. Para \u00e9l, comprender la Argentina exig\u00eda abandonar la mirada de quienes observaban su propia sociedad como si fueran extranjeros, convencidos de poseer una superioridad cultural que los autorizaba a despreciar sus costumbres y aspiraciones. Su cr\u00edtica no estaba dirigida \u00fanicamente contra una corriente ideol\u00f3gica. Tambi\u00e9n cuestion\u00f3 a sectores de izquierda cuando consideraba que subordinaban la realidad nacional a interpretaciones importadas. En ese sentido, reducir su pensamiento a una justificaci\u00f3n de determinadas posiciones partidarias contempor\u00e1neas ser\u00eda reproducir una de las actitudes que combati\u00f3. El aporte de Los profetas del odio consiste, sobre todo, en mostrar que las sociedades pueden incorporar formas de pensamiento contrarias a sus propios intereses y que esa subordinaci\u00f3n puede sostenerse mediante instituciones, discursos y prejuicios que terminan adquiriendo apariencia de sentido com\u00fan. La Argentina de 2026 plantea una versi\u00f3n diferente de ese problema. Los nuevos instrumentos de comunicaci\u00f3n permiten que las emociones pol\u00edticas circulen con una velocidad desconocida en tiempos de Jauretche, mientras el lenguaje de la confrontaci\u00f3n convierte con frecuencia al adversario en una figura moralmente inadmisible. Una sociedad enfrentada consigo misma puede terminar dedicando m\u00e1s esfuerzos a identificar culpables que a comprender las causas de sus dificultades. Y cuando la pertenencia pol\u00edtica se transforma en una condici\u00f3n para reconocer la honestidad, la dignidad o la legitimidad de una persona, el debate democr\u00e1tico pierde buena parte de su capacidad para discutir intereses concretos. Tal vez all\u00ed resida la vigencia m\u00e1s inquietante de Jauretche. Su obra recuerda que el poder tambi\u00e9n se ejerce sobre la manera en que las personas interpretan la realidad y reconocen a sus semejantes. Los profetas del odio de nuestro tiempo disponen de instrumentos que Jauretche nunca conoci\u00f3. Pueden dirigirse directamente a millones de ciudadanos, intervenir de manera permanente en sus conversaciones y convertir cualquier conflicto en un enfrentamiento nacional. Lo verdaderamente importante, sin embargo, sigue siendo aquello que el autor intentaba poner en evidencia: qui\u00e9n construye las interpretaciones que una sociedad acepta como propias y a qu\u00e9 intereses terminan sirviendo. Porque mientras los argentinos aprenden a desconfiar unos de otros, el poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico contin\u00faa tomando decisiones que afectan sus vidas. Y acaso esa sea la consecuencia m\u00e1s profunda de una sociedad atrapada en el odio: que termine discutiendo interminablemente a qui\u00e9n debe despreciar, mientras deja de preguntarse qui\u00e9n se beneficia de sus enfrentamientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A.G.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A casi setenta a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de Los profetas del odio, el pensamiento de Arturo Jauretche permite reconocer mecanismos pol\u00edticos que conservan una inquietante vigencia en la Argentina. La construcci\u00f3n de enemigos internos, la manipulaci\u00f3n de valores profundamente arraigados y la utilizaci\u00f3n del resentimiento social encuentran nuevas expresiones en el discurso de la derecha [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1000035952,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"jnews-multi-image_gallery":[],"jnews_single_post":{"format":"standard"},"jnews_primary_category":[],"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[270],"tags":[268],"class_list":["post-1000035951","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-america-latina","tag-america-latina"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/wp-content\/uploads\/2026\/11\/zda.jpg?fit=1536%2C1024&ssl=1","jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1000035951","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1000035951"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1000035951\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1000035953,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1000035951\/revisions\/1000035953"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1000035952"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1000035951"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1000035951"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1000035951"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}