{"id":1000034182,"date":"2026-08-14T12:58:49","date_gmt":"2026-08-14T15:58:49","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000034182"},"modified":"2026-08-14T12:58:51","modified_gmt":"2026-08-14T15:58:51","slug":"a-108-anos-de-su-nacimiento-manuel-j-castilla-la-voz-inmortal-del-norte-argentino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000034182","title":{"rendered":"A 108 a\u00f1os de su nacimiento: Manuel J. Castilla, la voz inmortal del norte argentino"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A 108 a\u00f1os de su nacimiento, la figura del escritor salte\u00f1o conserva una vigencia profunda. Periodista, poeta y letrista, hizo del paisaje, los trabajadores y las voces populares del norte argentino una obra universal. Junto a Gustavo \u201cCuchi\u201d Leguizam\u00f3n dej\u00f3 algunas de las canciones m\u00e1s hondas del folklore nacional. Fue el 14 de agosto de 1918, en la vivienda ferroviaria de la estaci\u00f3n de Cerrillos, en Salta, donde su padre, Ricardo Anselmo Castilla, era jefe de estaci\u00f3n. Su primera geograf\u00eda estuvo hecha de andenes, silbatos, partidas y regresos; de trenes que cruzaban el valle llevando personas, noticias, mercader\u00edas y despedidas. Tal vez por eso, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, su poes\u00eda conservar\u00eda algo de aquel paisaje inaugural: la mirada atenta de quien ve pasar el mundo y comprende que cada viajero carga una historia. Castilla aprendi\u00f3 temprano que la tierra no es un decorado. La tierra trabaja, recuerda, alimenta, duele. Tiene nombres propios. Tiene manos agrietadas, rostros castigados por el sol, fiestas, silencios, ausencias y una m\u00fasica antigua que no siempre llega a los grandes centros donde se decide qu\u00e9 merece ser llamado cultura. \u00c9l hizo de esas vidas una patria escrita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El periodismo como otra forma de mirar<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los 18 a\u00f1os comenz\u00f3 a trabajar en El Intransigente, el hist\u00f3rico diario salte\u00f1o fundado por David Michel Torino. Empez\u00f3 con tareas menores y lleg\u00f3 a convertirse en uno de sus columnistas m\u00e1s reconocidos. La redacci\u00f3n fue durante d\u00e9cadas su lugar de trabajo, pero tambi\u00e9n una escuela de observaci\u00f3n y de lenguaje: all\u00ed comparti\u00f3 oficio con escritores como Ra\u00fal Ar\u00e1oz Anzo\u00e1tegui, Walter Adet y Jacobo Regen.&nbsp;&nbsp;En Castilla, el periodista y el poeta no fueron dos hombres separados. El periodista le ense\u00f1\u00f3 al poeta a mirar de cerca; el poeta le impidi\u00f3 al periodista acostumbrarse al dolor ajeno. De esa convivencia naci\u00f3 una escritura capaz de encontrar belleza sin ocultar la injusticia y de reconocer la dureza de una vida sin quitarle dignidad a quien la padec\u00eda. Su obra se acerc\u00f3 a mineros, hacheros, arrieros, lavanderas, panaderos, copleras y trabajadores an\u00f3nimos. Pero no los convirti\u00f3 en figuras pintorescas ni en adornos de una postal regional. Los mir\u00f3 como personas completas: con cansancio, deseo, humor, memoria y misterio. En sus textos, el paisaje tampoco aparece vac\u00edo. Los cerros, los r\u00edos, la puna, los cardones y los valles existen unidos a quienes los habitan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una voz del norte, no una voz encerrada en el norte<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la d\u00e9cada de 1940, Castilla integr\u00f3 La Carpa, el movimiento literario nacido en Tucum\u00e1n que reuni\u00f3 a escritores y artistas de distintas provincias del Noroeste. Su aparici\u00f3n signific\u00f3 una afirmaci\u00f3n cultural decisiva: se pod\u00eda escribir desde el norte sin pedir permiso, sin imitar a Buenos Aires y sin quedar encerrado en un regionalismo superficial. La Carpa defendi\u00f3 una poes\u00eda vinculada con la tierra y con los seres humanos que la habitan, pero con aspiraci\u00f3n universal. Su programa se apartaba de un \u201cnativismo\u201d meramente ornamental y propon\u00eda una literatura atravesada por la belleza, la libertad, la justicia y la paz. La investigaci\u00f3n acad\u00e9mica sobre el grupo sit\u00faa en la Muestra colectiva de poemas de 1944 su principal manifestaci\u00f3n p\u00fablica y destaca la conciencia regional y renovadora de aquel proyecto. As\u00ed lo documenta un estudio publicado en la revista acad\u00e9mica Anclajes. Castilla fue una de las voces mayores de esa aventura. Comprendi\u00f3 que escribir desde una provincia no significaba escribir desde la periferia de la experiencia humana. El amor, la explotaci\u00f3n, la soledad, la fiesta, la muerte y la esperanza pod\u00edan ser narrados desde un socav\u00f3n, una estaci\u00f3n, una quebrada o una carpa de carnaval. Lo universal no estaba lejos: respiraba all\u00ed mismo, en la vida aparentemente peque\u00f1a de hombres y mujeres a quienes la literatura central muchas veces no ve\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La palabra que se vuelve paisaje<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su producci\u00f3n literaria fue extensa. Libros como Agua de lluvia, Luna muerta, Copajira, La tierra de uno, Norte adentro, El cielo lejos, Bajo las lentas nubes, Posesi\u00f3n entre p\u00e1jaros y Cantos del gozante construyeron una de las obras po\u00e9ticas fundamentales de la Argentina del siglo XX. En 2015, el Fondo Editorial de Salta y Eudeba reunieron sus poemas y prosas en una edici\u00f3n de sus Obras completas, reconocimiento a una escritura considerada esencial dentro de la poes\u00eda argentina y de habla castellana. La edici\u00f3n puede consultarse en Eudeba. Hay en esa poes\u00eda una mirada que no se coloca por encima de las cosas. Castilla no describe el mundo desde afuera: parece entrar en \u00e9l, mezclarse con el polvo, el viento, la lluvia y los cuerpos. En sus p\u00e1ginas, lo real nunca est\u00e1 completamente separado del mito. Una monta\u00f1a puede guardar una memoria; la noche puede caminar; un \u00e1rbol puede tener oficio; el tiempo puede dejar de ser una medida y convertirse en una presencia. Esa manera de mirar explica la profundidad de su obra. Castilla no escrib\u00eda \u201csobre\u201d el norte como quien informa acerca de una regi\u00f3n distante. Escrib\u00eda desde adentro de una experiencia cultural, hist\u00f3rica y humana. Su norte no es una escenograf\u00eda de colores intensos destinada al consumo tur\u00edstico. Es un territorio vivo y contradictorio: hermoso y herido, festivo y desigual, antiguo y presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Castilla y el Cuchi: cuando la poes\u00eda encontr\u00f3 su m\u00fasica<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El encuentro con Gustavo \u201cCuchi\u201d Leguizam\u00f3n dio origen a una de las sociedades creativas m\u00e1s fecundas de la m\u00fasica popular argentina. Castilla llevaba la palabra; el Cuchi encontraba en ella una m\u00fasica que parec\u00eda haber estado escondida desde siempre. No se limitaban a colocar melod\u00eda sobre versos: constru\u00edan juntos una nueva forma de canci\u00f3n folkl\u00f3rica, arraigada en la tradici\u00f3n pero libre, audaz y contempor\u00e1nea. La relaci\u00f3n naci\u00f3 tambi\u00e9n de una amistad profunda, de caminatas, conversaciones, noches salte\u00f1as y una misma irreverencia ante lo solemne. Juntos demostraron que el folklore pod\u00eda respetar sus ra\u00edces sin convertirse en museo. Sus canciones conservaron la baguala, la zamba, la cueca y el carnaval, pero ampliaron sus armon\u00edas, su lenguaje y su capacidad para contar el mundo. El Estado nacional reconoce a Castilla y Leguizam\u00f3n como una de las duplas m\u00e1s importantes de nuestro folklore. En ese cancionero no aparecen h\u00e9roes de bronce. Aparecen personas: Eulogia Tapia, coplera de La Poma; Leoncia Santos Farf\u00e1n, cantora de la Quebrada de Reyes; la Ni\u00f1a Yolanda de Lozano; los parroquianos de una pe\u00f1a; el trabajador que deja su cuerpo en el monte. Castilla tuvo el don de nombrar sin apropiarse, de elevar sin deshumanizar. Mir\u00f3 a quienes parec\u00edan destinados al anonimato y les devolvi\u00f3 centralidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seis canciones donde su palabra sigue viva<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Balderrama. Con m\u00fasica del Cuchi Leguizam\u00f3n, la zamba convirti\u00f3 una pe\u00f1a salte\u00f1a en un territorio de la memoria colectiva. Castilla logr\u00f3 que una madrugada, un canal, un vino compartido y la m\u00fasica de los parroquianos expresaran algo mucho m\u00e1s grande: el temor a que se apague el lugar donde una comunidad se reconoce. Fue interpretada por Jorge Cafrune, Mercedes Sosa y muchas otras figuras, hasta volverse inseparable del imaginario de Salta. La pe\u00f1a y la canci\u00f3n terminaron fundidas en una misma historia cultural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Pome\u00f1a. Inspirada en Eulogia Tapia, coplera de La Poma, es una de las obras m\u00e1s delicadas de la dupla Castilla-Leguizam\u00f3n. La mujer real no desaparece detr\u00e1s del personaje po\u00e9tico: conserva su nombre, su caja, su fuerza y su pertenencia. La canci\u00f3n fue registrada el 16 de abril de 1969 y relata a una coplera en tiempo de carnaval, seg\u00fan la rese\u00f1a oficial del Gobierno de Salta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Zamba de Lozano. Dedicada a Yolanda P\u00e9rez de Carenzo, la \u201cNi\u00f1a Yolanda\u201d, une el paisaje juje\u00f1o con la nostalgia y la celebraci\u00f3n. Castilla y Leguizam\u00f3n se la regalaron con motivo de su cumplea\u00f1os n\u00famero 50. No se limita a describir un camino hacia la Puna: lo vuelve viaje interior, recuerdo y pertenencia. El paisaje se mueve, baila y guarda la claridad de quienes alguna vez lo habitaron. La historia de Yolanda y el origen de la zamba est\u00e1n documentados en esta rese\u00f1a biogr\u00e1fica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Arenosa. Aunque suele ser mencionada err\u00f3neamente como zamba, es una cueca con m\u00fasica de Leguizam\u00f3n. En ella, Cafayate, la arena, el r\u00edo Calchaqu\u00ed y el vino componen una geograf\u00eda afectiva. La tierra no es solamente el sitio del que se parte: es aquello que guarda la huella para que el regreso todav\u00eda sea posible. El g\u00e9nero de la obra consta como cueca en la programaci\u00f3n oficial de la Orquesta Nacional de M\u00fasica Argentina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Atardecida. Aqu\u00ed la m\u00fasica pertenece a Eduardo Fal\u00fa. La obra fue registrada en SADAIC en 1962. Es una zamba atravesada por la distancia, la espera y esa hora incierta en que el d\u00eda empieza a retirarse. Castilla hace del atardecer algo m\u00e1s que un momento del paisaje: lo convierte en estado del alma, en el instante en que la ausencia adquiere contorno. La autor\u00eda y la fecha de registro constan en esta rese\u00f1a hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cantora de Yala. Musicalizada por el Cuchi, naci\u00f3 alrededor de Leoncia Santos Farf\u00e1n, trabajadora rural y coplera de la Quebrada de Reyes. Castilla la nombra con una dignidad casi ceremonial. En ella celebr\u00f3 no a una artista consagrada por escenarios y academias, sino a una mujer cuya voz proven\u00eda del trabajo, la tierra y el carnaval. La historia de Leoncia y de otras figuras reales del cancionero fue reconstruida por La Naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Argentina que tambi\u00e9n habla desde sus orillas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Manuel J. Castilla muri\u00f3 en Salta el 19 de julio de 1980. Pero hay muertes que no consiguen clausurar una voz. La suya sigue regresando cada vez que una cantora alza su caja, una guitarra demora el final de una zamba o alguien abre uno de sus libros y descubre que el paisaje puede pensar, sufrir y recordar. Recordarlo no es solamente rendir homenaje a un poeta. Es discutir la idea de una Argentina contada siempre desde un \u00fanico centro. Castilla nos recuerda que el pa\u00eds tambi\u00e9n fue escrito desde sus estaciones peque\u00f1as, sus socavones, sus monta\u00f1as, sus pe\u00f1as, sus mercados y sus caminos de tierra. La cultura nacional no desciende desde una capital hacia las provincias: se construye con las voces que nacen en cada territorio. Quiz\u00e1s all\u00ed resida el sentido m\u00e1s profundo de su legado. Manuel J. Castilla no habl\u00f3 en nombre del norte: escuch\u00f3 al norte y dej\u00f3 que hablara. Supo que en una coplera pod\u00eda caber una historia colectiva; que un trabajador an\u00f3nimo pod\u00eda contener la dignidad del mundo; que una pe\u00f1a al amanecer pod\u00eda ser tan universal como cualquier gran escenario. A 108 a\u00f1os de su nacimiento, sus palabras todav\u00eda caminan por los valles. No lo hacen como un eco del pasado, sino como una presencia. Porque Castilla escribi\u00f3 con una certeza que atraviesa toda su obra: mientras exista alguien capaz de nombrar la tierra con amor y de mirar a su pueblo sin desprecio, ninguna verdadera patria estar\u00e1 del todo perdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Manuel Casares<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 108 a\u00f1os de su nacimiento, la figura del escritor salte\u00f1o conserva una vigencia profunda. Periodista, poeta y letrista, hizo del paisaje, los trabajadores y las voces populares del norte argentino una obra universal. Junto a Gustavo \u201cCuchi\u201d Leguizam\u00f3n dej\u00f3 algunas de las canciones m\u00e1s hondas del folklore nacional. 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