{"id":1000034109,"date":"2026-08-10T19:39:10","date_gmt":"2026-08-10T22:39:10","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000034109"},"modified":"2026-08-10T19:39:13","modified_gmt":"2026-08-10T22:39:13","slug":"trituraron-millones-de-libros-para-alimentar-a-la-ia-anthropic-y-el-proyecto-panama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000034109","title":{"rendered":"Trituraron millones de libros para alimentar a la IA: Anthropic y el \u00abproyecto Panam\u00e1\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anthropic compr\u00f3 millones de libros f\u00edsicos, les cort\u00f3 el lomo, escane\u00f3 sus p\u00e1ginas y descart\u00f3 los ejemplares despu\u00e9s de convertirlos en datos para sus sistemas de inteligencia artificial. M\u00e1s all\u00e1 del debate legal, el caso expone una pregunta inquietante: \u00bfqu\u00e9 idea de progreso convierte al libro en un objeto descartable una vez extra\u00eddo su conocimiento?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anthropic, creadora de Claude, compr\u00f3 millones de libros f\u00edsicos, les quit\u00f3 la encuadernaci\u00f3n, cort\u00f3 sus p\u00e1ginas, los escane\u00f3 y descart\u00f3 los ejemplares despu\u00e9s de convertirlos en archivos digitales. Un juez federal consider\u00f3 l\u00edcito ese procedimiento en las circunstancias analizadas. M\u00e1s all\u00e1 del debate sobre copyright y de los US$1.500 millones que la compa\u00f1\u00eda termin\u00f3 pagando por otra colecci\u00f3n obtenida de fuentes piratas, queda una pregunta mucho m\u00e1s inc\u00f3moda: \u00bfqu\u00e9 clase de progreso necesita destruir millones de libros para quedarse con sus datos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante siglos destruimos cosas porque ya no ten\u00edan valor. Esta vez ocurri\u00f3 exactamente al rev\u00e9s. Millones de libros fueron destruidos precisamente porque ten\u00edan demasiado valor. No por el precio de su papel, sus tapas o su encuadernaci\u00f3n. Lo que interesaba estaba adentro: las palabras, las ideas, los relatos, las investigaciones, las estructuras del lenguaje y el conocimiento acumulado por generaciones de seres humanos.&nbsp;<strong>Anthropic<\/strong>, la empresa estadounidense creadora de&nbsp;<strong>Claude<\/strong>, compr\u00f3 millones de ejemplares f\u00edsicos \u2014muchos de ellos usados\u2014 para construir una gigantesca biblioteca digital. El procedimiento consta en la documentaci\u00f3n judicial del caso&nbsp;<strong><em>Bartz v. Anthropic<\/em><\/strong>: proveedores contratados retiraban las encuadernaciones, cortaban las p\u00e1ginas, las escaneaban y convert\u00edan cada ejemplar en un archivo digital legible por m\u00e1quinas. Despu\u00e9s, el libro f\u00edsico era descartado. No estamos hablando de una met\u00e1fora. Se compraba el libro. Se le cortaba el lomo. Se separaban sus p\u00e1ginas. Se digitalizaba su contenido. Y cuando la informaci\u00f3n ya estaba dentro de los servidores, el objeto que la hab\u00eda conservado pod\u00eda desaparecer. Ese es probablemente el aspecto m\u00e1s perturbador de toda esta historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El libro convertido en envase descartable<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puede argumentarse que quien compra un libro tiene derecho a romperlo, regalarlo, quemarlo o tirarlo a la basura. Jur\u00eddicamente, la propiedad sobre ese ejemplar permite hacer muchas cosas con el objeto f\u00edsico. Pero aqu\u00ed no estamos hablando de una persona que destruye un libro. Estamos hablando de una compa\u00f1\u00eda tecnol\u00f3gica ejecutando el procedimiento de manera industrial sobre&nbsp;<strong>millones de ejemplares<\/strong>. La diferencia de escala transforma completamente la discusi\u00f3n.&nbsp;<strong><em>Anthropic&nbsp;<\/em><\/strong>no estaba destruyendo libros porque fueran in\u00fatiles. Los destru\u00eda despu\u00e9s de extraer aquello que necesitaba de ellos.&nbsp; El libro se hab\u00eda convertido en una suerte de envase del conocimiento: una carcasa material que pod\u00eda ser eliminada una vez transferido su contenido a una infraestructura privada. El juez federal William Alsup consider\u00f3 en junio de 2025 que esa digitalizaci\u00f3n destructiva de ejemplares comprados leg\u00edtimamente pod\u00eda constituir&nbsp;<em>fair use<\/em>&nbsp;en las circunstancias del caso. Un elemento importante de su razonamiento fue que&nbsp;<strong><em>Anthropic&nbsp;<\/em><\/strong>reemplazaba el ejemplar f\u00edsico por una copia digital para uso interno, en lugar de conservar ambas y comercializar la nueva copia. Es importante precisar que se trata del fallo de un tribunal federal de distrito y no de una autorizaci\u00f3n universal que permita a cualquier empresa hacer lo mismo en cualquier circunstancia. Pero el precedente resulta igualmente estremecedor. Porque establece una l\u00f3gica nueva alrededor de uno de los objetos culturales m\u00e1s importantes de la historia humana:&nbsp;<strong>puede resultar econ\u00f3micamente racional comprar el libro para destruirlo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>No eran libros para una biblioteca: eran materia prima<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 2024&nbsp;<strong><em>Anthropic&nbsp;<\/em><\/strong>puso en marcha una operaci\u00f3n conocida internamente como&nbsp;<strong>Project Panama<\/strong>. Documentaci\u00f3n judicial posteriormente revelada mostr\u00f3 la dimensi\u00f3n del proyecto y la determinaci\u00f3n de la empresa por conseguir enormes cantidades de libros impresos.&nbsp;<strong>The Washington Post&nbsp;<\/strong>reconstruy\u00f3 c\u00f3mo la compa\u00f1\u00eda adquiri\u00f3 ejemplares masivamente y recurri\u00f3 al llamado&nbsp;<strong><em>destructive scanning<\/em><\/strong>: cortar f\u00edsicamente los libros para acelerar su digitalizaci\u00f3n industrial. El objetivo empresarial no era crear una gran biblioteca al estilo tradicional. No hab\u00eda lectores recorriendo estanter\u00edas. No importaban demasiado las tapas. No importaba la encuadernaci\u00f3n. Ni siquiera era necesario conservar las p\u00e1ginas. Lo que importaba era transformar el lenguaje humano en informaci\u00f3n procesable por computadoras. La empresa hab\u00eda contratado incluso a&nbsp;<strong>Tom Turvey<\/strong>, quien anteriormente hab\u00eda trabajado en las asociaciones vinculadas al proyecto&nbsp;<strong>Google Books<\/strong>, dentro de una estrategia extraordinariamente ambiciosa para conseguir libros a gran escala. La inteligencia artificial necesita texto. Much\u00edsimo texto. Necesita literatura, ensayo, ciencia, historia, periodismo, manuales, investigaciones y pr\u00e1cticamente cualquier manifestaci\u00f3n escrita capaz de ense\u00f1ar relaciones entre palabras, conceptos e ideas. Y los libros tienen una caracter\u00edstica especialmente atractiva frente a buena parte del contenido que circula libremente por internet: fueron escritos, revisados, editados, corregidos y organizados por seres humanos. Son conocimiento estructurado. Precisamente por eso ten\u00edan valor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Primero desaparece el objeto, despu\u00e9s queda el dato<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay una imagen que resume perfectamente esta etapa del capitalismo tecnol\u00f3gico. De un lado queda una monta\u00f1a de papel cortado. Del otro, servidores capaces de conservar y procesar la informaci\u00f3n que esos libros conten\u00edan. El libro muri\u00f3. El dato sobrevivi\u00f3. Y adem\u00e1s cambi\u00f3 de naturaleza econ\u00f3mica. Aquello que alguna vez estuvo distribuido entre bibliotecas, librer\u00edas, casas particulares y dep\u00f3sitos editoriales pas\u00f3 a formar parte de una gigantesca infraestructura privada destinada al desarrollo de productos comerciales de inteligencia artificial. No significa que las obras hayan desaparecido del mundo ni que cada ejemplar destruido fuera \u00fanico o irremplazable. No existe evidencia que permita afirmar semejante cosa. El problema es otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Es la normalizaci\u00f3n de la destrucci\u00f3n industrial del libro como m\u00e9todo eficiente de extracci\u00f3n de informaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ejemplar deja de ser considerado un bien cultural digno de preservaci\u00f3n y pasa a ser tratado como una etapa transitoria dentro de una cadena productiva.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Comprar.<\/li>\n\n\n\n<li>Cortar.<\/li>\n\n\n\n<li>Escanear.<\/li>\n\n\n\n<li>Procesar.<\/li>\n\n\n\n<li>Descartar.<\/li>\n\n\n\n<li>La eficiencia aplicada a la cultura.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La paradoja que dej\u00f3 la Justicia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caso&nbsp;<strong><em>Anthropic&nbsp;<\/em><\/strong>tambi\u00e9n tuvo otra vertiente. La empresa hab\u00eda obtenido millones de copias digitales de libros desde fuentes piratas como&nbsp;<strong>LibGen&nbsp;<\/strong>y&nbsp;<strong>Pirate Library Mirror<\/strong>. Ese comportamiento recibi\u00f3 un tratamiento judicial diferente y finalmente desemboc\u00f3 en un acuerdo multimillonario con autores y titulares de derechos. Pero concentrarse exclusivamente en los US$1.500 millones puede hacer que perdamos de vista lo verdaderamente novedoso. El problema jur\u00eddico de los archivos pirateados era relativamente reconocible: alguien obtuvo obras protegidas sin comprarlas. Lo extraordinario est\u00e1 del otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Los libros que&nbsp;<em>Anthropic&nbsp;<\/em>s\u00ed compr\u00f3 pod\u00edan ser destruidos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reuters inform\u00f3 en 2025 que Alsup consider\u00f3 transformativo el uso de obras para el entrenamiento de los modelos analizados, mientras mantuvo separado el problema de las copias obtenidas mediante pirater\u00eda. Y all\u00ed aparece una paradoja dif\u00edcil de ignorar. Comprar legalmente un libro permite destruir f\u00edsicamente ese ejemplar. La tecnolog\u00eda permite conservar, entretanto, aquello que verdaderamente interesaba de \u00e9l. El soporte desaparece y la informaci\u00f3n contin\u00faa su recorrido. No hacia una biblioteca p\u00fablica. No hacia una universidad. No hacia un archivo nacional. Hacia los servidores de una corporaci\u00f3n privada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQu\u00e9 estamos dispuestos a destruir en nombre del futuro?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser\u00eda simplista convertir esta discusi\u00f3n en una batalla entre quienes aman los libros y quienes defienden la tecnolog\u00eda. La inteligencia artificial puede ser una herramienta formidable. Tambi\u00e9n puede democratizar enormes cantidades de conocimiento y transformar \u00e1reas enteras de la ciencia, la educaci\u00f3n y la producci\u00f3n. El problema no es la tecnolog\u00eda. El problema aparece cuando consideramos inevitable cualquier cosa que contribuya a desarrollarla. Porque las sociedades tambi\u00e9n expresan sus valores mediante aquello que deciden preservar. Durante siglos se construyeron bibliotecas precisamente porque comprendimos que un libro no era solamente papel impreso. Era memoria. Era cultura. Era conocimiento transmitido entre generaciones. Era incluso un testimonio material de una determinada \u00e9poca. Ahora una de las empresas que construyen las m\u00e1quinas destinadas a administrar parte del conocimiento del futuro descubri\u00f3 que existe una manera m\u00e1s eficiente de utilizarlo: extraer la informaci\u00f3n y eliminar el soporte. Es dif\u00edcil encontrar una representaci\u00f3n m\u00e1s perfecta de nuestro tiempo. No destruyeron millones de libros porque no sirvieran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Los destruyeron porque serv\u00edan.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque detr\u00e1s de cada p\u00e1gina hab\u00eda algo que necesitaban.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Lenguaje.<\/li>\n\n\n\n<li>Ideas.<\/li>\n\n\n\n<li>Informaci\u00f3n.<\/li>\n\n\n\n<li>Experiencia humana.<\/li>\n\n\n\n<li>Todo aquello pod\u00eda permanecer.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro, aparentemente, no. Quiz\u00e1s dentro de algunos a\u00f1os este procedimiento sea recordado apenas como una extravagancia propia de los primeros tiempos de la inteligencia artificial. O quiz\u00e1s estemos viendo algo bastante m\u00e1s profundo: el momento en que empezamos a aceptar que los objetos donde la humanidad conserv\u00f3 su memoria durante siglos pueden convertirse en insumos descartables para alimentar sistemas privados capaces de absorber su contenido. Y entonces la pregunta ya no es si una empresa ten\u00eda legalmente derecho a destruir los libros que hab\u00eda comprado. La pregunta es bastante m\u00e1s inc\u00f3moda:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQue algo pueda hacerse significa que una sociedad deber\u00eda aceptar que se haga?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque si para construir las m\u00e1quinas que prometen concentrar buena parte del conocimiento del futuro comenzamos destruyendo f\u00edsicamente los objetos que preservaron el conocimiento del pasado, tal vez convenga preguntarnos qu\u00e9 entendemos exactamente por progreso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Martina Flores<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Anthropic compr\u00f3 millones de libros f\u00edsicos, les cort\u00f3 el lomo, escane\u00f3 sus p\u00e1ginas y descart\u00f3 los ejemplares despu\u00e9s de convertirlos en datos para sus sistemas de inteligencia artificial. 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