{"id":1000033421,"date":"2026-07-16T21:50:37","date_gmt":"2026-07-17T00:50:37","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000033421"},"modified":"2026-07-16T21:50:38","modified_gmt":"2026-07-17T00:50:38","slug":"la-valiente-epica-del-futbol-y-la-cobarde-irresponsabilidad-de-la-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000033421","title":{"rendered":"La valiente \u00e9pica del f\u00fatbol y la cobarde irresponsabilidad de la pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"\n<p>La previa del partido entre Argentina e Inglaterra volvi\u00f3 a llenar las redes de llamados a una supuesta revancha por Malvinas. El f\u00fatbol puede expresar una identidad colectiva, pero no debe convertirse en el escenario donde descargamos las responsabilidades pol\u00edticas que evitamos asumir como sociedad. La soberan\u00eda se defiende con memoria, diplomacia, desarrollo y decisiones econ\u00f3micas aut\u00f3nomas, no poniendo sobre once jugadores una carga que no les corresponde.<\/p>\n\n\n\n<p>Este mi\u00e9rcoles 15 de julio, desde las 16, Argentina e Inglaterra disputar\u00e1n en Atlanta una de las semifinales del Mundial. Es un partido importante, cargado de historia futbol\u00edstica y capaz de paralizar durante algunas horas a buena parte del pa\u00eds. Pero en las redes sociales hace tiempo dej\u00f3 de hablarse solamente de f\u00fatbol. Aparecieron las arengas patri\u00f3ticas, las referencias a Malvinas, las im\u00e1genes de soldados, los llamados a una \u201crevancha\u201d y la pretensi\u00f3n de convertir un partido en una batalla simb\u00f3lica por la soberan\u00eda nacional. La Federaci\u00f3n de Veteranos de Guerra 2 de Abril consider\u00f3 necesario intervenir para recordar algo que nunca deber\u00eda haber sido confundido: el encuentro no constituye \u201cuna revancha armada\u201d ni una compensaci\u00f3n hist\u00f3rica. Tambi\u00e9n pidi\u00f3 mantener una l\u00ednea clara entre la pasi\u00f3n deportiva y la causa nacional, evitando el odio y la xenofobia. Lionel Scaloni y el arquero ingl\u00e9s Jordan Pickford expresaron una idea semejante: lo que estar\u00e1 en juego ser\u00e1 un partido de f\u00fatbol.&nbsp;&nbsp;Parece una aclaraci\u00f3n elemental. Sin embargo, fue necesaria. Y el hecho de que haya sido necesaria dice bastante sobre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Un pa\u00eds que necesita reconocerse<\/p>\n\n\n\n<p>La psicolog\u00eda social estudia desde hace d\u00e9cadas la manera en que los grandes acontecimientos deportivos fortalecen las identidades colectivas. Durante un Mundial, millones de personas que tienen condiciones econ\u00f3micas, posiciones pol\u00edticas, historias personales e intereses completamente diferentes pasan a reconocerse dentro de un mismo \u201cnosotros\u201d. La camiseta, el himno, la bandera y los goles ofrecen una pertenencia inmediata. No exigen argumentos, programas pol\u00edticos ni explicaciones. Basta con alentar. Los grandes eventos deportivos producen emociones compartidas, contagio emocional y una sensaci\u00f3n de unidad que puede ser aut\u00e9ntica, aunque generalmente sea transitoria. El f\u00fatbol funciona como un ritual colectivo: concentra la atenci\u00f3n de millones de personas, genera s\u00edmbolos comunes y permite experimentar durante algunas horas la sensaci\u00f3n de formar parte de una comunidad cohesionada. En una Argentina fragmentada, empobrecida y atravesada por enfrentamientos permanentes, esa experiencia adquiere una potencia todav\u00eda mayor. El seleccionado ofrece algo que la pol\u00edtica hace tiempo no consigue ofrecer: un espacio de identificaci\u00f3n colectiva que no parece dividido entre vencedores y derrotados internos. Pero para que esa identidad se vuelva m\u00e1s intensa suele necesitar tambi\u00e9n un adversario. Y pocos adversarios poseen para la memoria argentina una carga hist\u00f3rica tan profunda como Inglaterra. No enfrentamos solamente a once futbolistas. En el imaginario colectivo aparecen el colonialismo, la guerra de 1982, los soldados muertos, la dictadura que utiliz\u00f3 el conflicto para intentar prolongarse en el poder y una herida territorial que contin\u00faa abierta. El rival deportivo queda as\u00ed convertido en la representaci\u00f3n simplificada de una historia mucho m\u00e1s compleja.<\/p>\n\n\n\n<p>La revancha imposible<\/p>\n\n\n\n<p>El f\u00fatbol tiene la capacidad de producir compensaciones simb\u00f3licas. Ocurri\u00f3 en M\u00e9xico 1986, cuando los goles de Diego Maradona contra Inglaterra fueron interpretados por millones de argentinos como una reparaci\u00f3n emocional despu\u00e9s de la guerra. Aquella victoria fue extraordinaria desde el punto de vista deportivo y cultural. Pero no modific\u00f3 la situaci\u00f3n territorial de las islas, no alter\u00f3 la correlaci\u00f3n diplom\u00e1tica internacional y no devolvi\u00f3 soberan\u00eda alguna. Un gol puede producir alegr\u00eda, orgullo y memoria. No puede reemplazar una pol\u00edtica de Estado. El problema no es que el partido despierte sentimientos vinculados con Malvinas. Ser\u00eda absurdo pretender separar completamente el deporte de la historia de los pueblos. El problema aparece cuando la emoci\u00f3n simb\u00f3lica ocupa el lugar de la responsabilidad pol\u00edtica. Depositamos en los jugadores una misi\u00f3n que no les corresponde porque resulta m\u00e1s sencillo pedirles que \u201cvenguen\u201d a la patria que preguntarnos qu\u00e9 hacemos nosotros para defenderla. La revancha futbol\u00edstica ofrece una soluci\u00f3n r\u00e1pida, visible y emocional. Dura noventa minutos, tiene reglas conocidas y permite identificar con claridad qui\u00e9n gana y qui\u00e9n pierde. La disputa real por la soberan\u00eda, en cambio, exige d\u00e9cadas de diplomacia, construcci\u00f3n de consensos internacionales, pol\u00edticas cient\u00edficas, presencia en el Atl\u00e1ntico Sur, capacidad militar defensiva, desarrollo econ\u00f3mico y continuidad institucional. No tiene relato \u00e9pico inmediato. No se resuelve con una corrida, una atajada o un penal.<\/p>\n\n\n\n<p>El patriotismo c\u00f3modo<\/p>\n\n\n\n<p>Existe adem\u00e1s una forma de patriotismo c\u00f3modo. Es la que se indigna frente a una camiseta inglesa, pero permanece indiferente cuando el pa\u00eds resigna herramientas econ\u00f3micas, tecnol\u00f3gicas o estrat\u00e9gicas. Mientras las redes discuten cu\u00e1ntos goles necesita Argentina para vengar Malvinas, el pa\u00eds atraviesa transformaciones profundas respecto de qui\u00e9n controla su infraestructura, sus servicios p\u00fablicos, sus recursos naturales y su capacidad para definir pol\u00edticas futuras. El R\u00e9gimen de Incentivo para Grandes Inversiones garantiza a los proyectos adheridos estabilidad tributaria, aduanera, cambiaria y regulatoria durante treinta a\u00f1os. Tambi\u00e9n permite que determinadas controversias sean llevadas a tribunales arbitrales internacionales y que la sede del arbitraje se establezca fuera de la Argentina. El Gobierno nacional vendi\u00f3 toda la participaci\u00f3n estatal en la sociedad controlante de Transener, empresa que administra una parte central de la red el\u00e9ctrica de alta tensi\u00f3n, y abri\u00f3 la licitaci\u00f3n para transferir el 90 por ciento de las acciones estatales de AySA. El oficialismo presenta esas decisiones como mecanismos para conseguir inversiones y mejorar la eficiencia. Tambi\u00e9n es leg\u00edtimo analizarlas desde otro lugar: qu\u00e9 capacidad conserva el Estado para intervenir en \u00e1reas estrat\u00e9gicas y qui\u00e9n tomar\u00e1 las decisiones sobre infraestructuras indispensables para el desarrollo nacional. La pretendida aprobaci\u00f3n de una ley que habilitar\u00e1 la compra de tierras sin limites por parte de extranjeros en lugares estrat\u00e9gicos que ning\u00fan pa\u00eds \u00abserio\u00bb permitir\u00eda. Estas discusiones no caben en una canci\u00f3n de cancha. Exigen informaci\u00f3n, participaci\u00f3n ciudadana y definiciones pol\u00edticas. Tal vez por eso generan menos entusiasmo que un partido. Resulta mucho m\u00e1s f\u00e1cil gritar contra Inglaterra durante una semifinal que discutir los l\u00edmites que un pa\u00eds debe establecer al capital extranjero, el control de sus recursos, la dependencia financiera, la capacidad tecnol\u00f3gica, la pol\u00edtica energ\u00e9tica o el destino de sus empresas p\u00fablicas. La soberan\u00eda territorial conmueve porque tiene un mapa, una bandera y un adversario externo. La soberan\u00eda econ\u00f3mica es m\u00e1s dif\u00edcil de percibir. Se pierde o se debilita mediante leyes, contratos, concesiones, endeudamiento, renuncias regulatorias y decisiones administrativas que rara vez ocupan las pantallas durante m\u00e1s de algunos minutos.<\/p>\n\n\n\n<p>Malvinas no necesita odio<\/p>\n\n\n\n<p>La causa Malvinas no pertenece a una hinchada, un gobierno o una generaci\u00f3n. Es una cuesti\u00f3n hist\u00f3rica, jur\u00eddica, territorial y diplom\u00e1tica que debe ser sostenida pac\u00edficamente. El 25 de junio de 2026, el Comit\u00e9 Especial de Descolonizaci\u00f3n de las Naciones Unidas volvi\u00f3 a solicitar que la Argentina y el Reino Unido reanuden las negociaciones bilaterales para encontrar una soluci\u00f3n pac\u00edfica y definitiva a la disputa de soberan\u00eda. Ese es el terreno donde debe sostenerse el reclamo: el derecho internacional, la diplomacia y una pol\u00edtica de Estado coherente.&nbsp;&nbsp;Convertir a los futbolistas ingleses en enemigos nacionales no fortalece esa posici\u00f3n. Tampoco honra a los 649 argentinos muertos durante la guerra. Los transforma en elementos de una escenograf\u00eda deportiva que reduce una tragedia hist\u00f3rica a una consigna para redes sociales. Los jugadores argentinos tampoco deben cargar sobre sus espaldas la obligaci\u00f3n de reparar una derrota militar, resolver una disputa colonial o restaurar el orgullo nacional. Su responsabilidad es jugar al f\u00fatbol, representar dignamente al pa\u00eds y tratar de ganar. Podemos alentar, emocionarnos y desear que Argentina llegue nuevamente a una final. No existe ninguna contradicci\u00f3n entre disfrutar del f\u00fatbol y mantener viva la memoria de Malvinas. La contradicci\u00f3n aparece cuando exigimos soberan\u00eda dentro de un estadio mientras aceptamos pasivamente que se debilite fuera de \u00e9l. La patria no se defiende solamente cuando suena el himno antes de un partido. Se defiende todos los d\u00edas: cuando se protege el trabajo nacional, cuando se desarrolla conocimiento propio, cuando se preservan los recursos estrat\u00e9gicos, cuando se sostiene una pol\u00edtica exterior independiente y cuando las decisiones centrales no quedan subordinadas a intereses ajenos. Ganarle a Inglaterra ser\u00eda una enorme alegr\u00eda deportiva. Nada m\u00e1s, pero tampoco nada menos. Malvinas seguir\u00e1 siendo argentina en nuestra memoria y en nuestro reclamo, cualquiera sea el resultado. Porque la soberan\u00eda no se recupera con un gol, ni se defiende con un hashtag. Se construye con conciencia, coherencia y decisiones pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>M.T.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La previa del partido entre Argentina e Inglaterra volvi\u00f3 a llenar las redes de llamados a una supuesta revancha por Malvinas. El f\u00fatbol puede expresar una identidad colectiva, pero no debe convertirse en el escenario donde descargamos las responsabilidades pol\u00edticas que evitamos asumir como sociedad. 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