{"id":1000033167,"date":"2026-07-08T17:19:34","date_gmt":"2026-07-08T20:19:34","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000033167"},"modified":"2026-07-08T17:19:34","modified_gmt":"2026-07-08T20:19:34","slug":"el-mundial-como-pausa-la-hermandad-transitoria-de-los-argentinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000033167","title":{"rendered":"El Mundial como pausa: la hermandad transitoria de los argentinos"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante cinco semanas, millones de argentinos se reconocieron en un mismo c\u00e1ntico, una misma bandera y un mismo destino. Cuando termina el partido \u2014y cuando termina el torneo\u2014 esa hermandad no siempre sobrevive el regreso a la vida cotidiana. La psicolog\u00eda social y la sociolog\u00eda tienen, desde hace d\u00e9cadas, un nombre y una explicaci\u00f3n para ese contraste. No es magia ni es hipocres\u00eda: es un mecanismo conocido, que adem\u00e1s tiene un costo pol\u00edtico concreto cuando el pa\u00eds vuelve a discutir de qu\u00e9 manera reparte su sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El term\u00f3metro de este Mundial<\/p>\n\n\n\n<p>Los datos de esta edici\u00f3n confirman el patr\u00f3n. Un relevamiento de la consultora Netquest, citado por Infobae, encontr\u00f3 que el 89% de los argentinos asocia el entusiasmo por la Copa del Mundo con el orgullo por el pa\u00eds, y el 77% lo asocia directamente con la uni\u00f3n nacional. La psic\u00f3loga consultada en esa misma nota, Pedace, ofrece la clave que ordena todo el fen\u00f3meno: los grandes eventos deportivos funcionan como una pausa emocional frente a una realidad marcada por crisis recurrentes. Pausa, no resoluci\u00f3n: el Mundial no arregla nada, adormece por un rato la sensaci\u00f3n de conflicto permanente. En la misma l\u00ednea, la especialista en tendencias Mariela Mociulsky se\u00f1al\u00f3 en La Naci\u00f3n que el Mundial deja al descubierto una necesidad humana que la vida moderna &#8211;hecha de algoritmos, consumos personalizados y agendas individuales&#8211; satisface cada vez menos: la necesidad de pertenecer a algo compartido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el yo individual se convierte en yo social<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un marco cl\u00e1sico de la psicolog\u00eda social que explica el mecanismo con precisi\u00f3n: la teor\u00eda de la identidad social, desarrollada por Henri Tajfel y John Turner. Sostiene que ninguna persona tiene una sola identidad fija, sino que alterna entre un \u00abyo individual\u00bb (sus intereses, su trabajo, su familia) y un \u00abyo social\u00bb (su pertenencia a un grupo). Cu\u00e1l de los dos predomina depende del contexto. La bandera, el himno y la camiseta activan el yo social por encima del individual: durante el partido, dejamos de procesar el mundo como individuos en competencia y empezamos a procesarlo como integrantes de un mismo equipo. A esto se suma la desindividuaci\u00f3n, otro concepto cl\u00e1sico de la psicolog\u00eda de masas: en contextos de multitud &#8211;la tribuna, el banderazo, hasta el grupo familiar frente al televisor&#8211; se diluye el freno individual y aparece la conducta que el grupo propone. Un an\u00e1lisis de Infobae sobre este Mundial, retomando trabajos del psic\u00f3logo Chris Stiff (Universidad de Keele) y de la psic\u00f3loga social Christine Ma-Kellams, describe c\u00f3mo ese mismo mecanismo puede derivar en fraternidad con un desconocido o en hostilidad hacia un rival, seg\u00fan qu\u00e9 le proponga el contexto. La desindividuaci\u00f3n no es buena ni mala en s\u00ed misma: amplifica lo que ya est\u00e1 en el ambiente.<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre cient\u00edfico de lo que pasa despu\u00e9s: anomia<\/p>\n\n\n\n<p>Para explicar el contraste con el d\u00eda despu\u00e9s, la sociolog\u00eda recurre a un concepto que \u00c9mile Durkheim formul\u00f3 hace m\u00e1s de un siglo y que sigue siendo una referencia obligada: la anomia. Durkheim la describi\u00f3 como el estado de una sociedad en la que las normas y los v\u00ednculos que regulan la convivencia se debilitan o se vuelven contradictorios, t\u00edpicamente en contextos de crisis econ\u00f3mica o de cambios sociales acelerados. En anomia, cada quien queda m\u00e1s librado a sus propios c\u00f3digos y el lazo social se afloja. El Mundial es, en ese sentido, la excepci\u00f3n que confirma la regla: durante esas semanas la anomia se suspende porque aparece, por primera vez en mucho tiempo, una norma compartida por absolutamente todos. Aplicado a la Argentina de 2026 &#8211;con destrucci\u00f3n de empleo formal, cierre de empresas y un ajuste fiscal que reconfigura el rol del Estado&#8211; el diagn\u00f3stico resulta especialmente ajustado: es precisamente en los per\u00edodos de mayor incertidumbre econ\u00f3mica cuando la literatura sociol\u00f3gica anticipa m\u00e1s anomia, es decir, menos cohesi\u00f3n cotidiana. El Mundial no revierte esa tendencia de fondo; la interrumpe durante un par\u00e9ntesis.<\/p>\n\n\n\n<p>Por qu\u00e9 esa hermandad no le llega a todos por igual<\/p>\n\n\n\n<p>El par\u00e9ntesis se cierra apenas la agenda p\u00fablica vuelve a poner en discusi\u00f3n a qui\u00e9n le toca pagar el costo del ajuste. Ah\u00ed interviene un tercer marco, esta vez de la sociolog\u00eda del bienestar social: la heur\u00edstica del merecimiento (deservingness), desarrollada por el investigador Wim van Oorschot. Seg\u00fan este modelo, la solidaridad hacia un grupo depende de si se lo percibe como cercano, sin responsabilidad por su propia situaci\u00f3n, necesitado, agradecido y bien comportado. Un hincha extranjero cumple autom\u00e1ticamente esos criterios: no disputa ning\u00fan recurso ni desaf\u00eda ninguna convicci\u00f3n pol\u00edtica. Un jubilado o una persona con discapacidad, en cambio, deja de calificar para esa solidaridad autom\u00e1tica apenas el discurso p\u00fablico los reencuadra bajo etiquetas como privilegio o curro. El psic\u00f3logo Albert Bandura describi\u00f3 el mecanismo que permite ese giro sin culpa: la desconexi\u00f3n moral. Etiquetar eufem\u00edsticamente (ajuste, sinceramiento), atribuir la responsabilidad a la propia v\u00edctima (\u00abno laburan\u00bb, \u00abviven del Estado\u00bb) o minimizar la consecuencia social de una medida son formas de sostener una postura pol\u00edtica sin sentir el costo emocional de saber que, del otro lado, hay una persona real pas\u00e1ndola mal. La literatura acad\u00e9mica sobre la Argentina reciente confirma que este no es un fen\u00f3meno difuso sino medible: investigaciones como la de Iv\u00e1n Ram\u00edrez y Alejandro Falak (\u00abTe amo, te odio: dame m\u00e1s\u00bb, Revista SAAP, 2023) y la de Sol Montero sobre el discurso de la nueva derecha en redes sociales describen una polarizaci\u00f3n afectiva creciente, es decir, animosidad hacia la identidad del otro grupo pol\u00edtico que funciona con independencia del contenido en discusi\u00f3n. Un trabajo espec\u00edfico publicado en la revista Intersticios analiz\u00f3, adem\u00e1s, c\u00f3mo ese mecanismo de deslegitimaci\u00f3n se aplic\u00f3 puntualmente a los discursos sobre la quita de pensiones por discapacidad en el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>El costado que no siempre se cuenta<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo interruptor que se enciende con la Selecci\u00f3n puertas afuera tiene, puertas adentro, su versi\u00f3n m\u00e1s oscura de todo el a\u00f1o: la violencia de las barras bravas, que seg\u00fan registros de la organizaci\u00f3n Salvemos al F\u00fatbol acumula alrededor de cien muertos en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, con picos recurrentes &#8211;cinco v\u00edctimas fatales solo en 2024&#8211;. Y la fraternidad con el turista extranjero convive, en el resto del calendario, con una tensi\u00f3n mucho menos comentada: relevamientos del INADI muestran que siete de cada diez argentinos reconocen que existe discriminaci\u00f3n hacia los inmigrantes de pa\u00edses lim\u00edtrofes, sobre todo bolivianos y paraguayos. La hermandad de la camiseta, en definitiva, nunca fue universal ni permanente: fue siempre selectiva y condicional.<\/p>\n\n\n\n<p>Conclusi\u00f3n cr\u00edtica<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que muestra el Mundial no es que los argentinos sean, en el fondo, mejores o peores personas seg\u00fan la fecha del calendario. Muestra algo m\u00e1s inc\u00f3modo: que la capacidad de sentir empat\u00eda colectiva existe, est\u00e1 intacta y se activa con facilidad, pero que su uso depende casi por completo de qu\u00e9 relato ocupa el lugar del \u00abnosotros\u00bb en cada momento. El folklore de la uni\u00f3n nacional durante la Copa del Mundo no es prueba de una argentinidad solidaria que el a\u00f1o la traiciona: es la evidencia de que esa solidaridad puede convocarse cuando conviene y desactivarse cuando incomoda a una agenda pol\u00edtica. Mientras el pa\u00eds discute qu\u00e9 hacer con sus jubilados, sus discapacitados y sus desempleados, ese mismo reservorio de fraternidad que se ve en cada Mundial permanece disponible, sin usarse, mal administrado por un sistema pol\u00edtico y comunicacional &#8211;el propio y el opositor&#8211; que encuentra m\u00e1s r\u00e9dito en administrar el enojo que en sostener la uni\u00f3n. El verdadero fracaso no es que los argentinos dejen de ser hermanos cuando termina el partido. Es que nunca nadie, desde el poder, intent\u00f3 en serio que esa hermandad sobreviviera al pitido final.<\/p>\n\n\n\n<p>A.G.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante cinco semanas, millones de argentinos se reconocieron en un mismo c\u00e1ntico, una misma bandera y un mismo destino. Cuando termina el partido \u2014y cuando termina el torneo\u2014 esa hermandad no siempre sobrevive el regreso a la vida cotidiana. 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