{"id":1000032083,"date":"2026-06-08T11:36:09","date_gmt":"2026-06-08T14:36:09","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000032083"},"modified":"2026-06-08T11:36:11","modified_gmt":"2026-06-08T14:36:11","slug":"el-secreto-detras-de-las-banderas-que-son-casi-identicas-a-la-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000032083","title":{"rendered":"El secreto detr\u00e1s de las banderas que son casi id\u00e9nticas a la argentina"},"content":{"rendered":"\n<p>Si uno despliega sobre una mesa las banderas de Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Argentina, el parecido es casi inc\u00f3modo: las mismas dos franjas celestes abrazando una blanca, el mismo aire de familia. La pregunta brota sola. \u00bfC\u00f3mo es que pa\u00edses separados por miles de kil\u00f3metros, que San Mart\u00edn y Belgrano jam\u00e1s pisaron, terminaron vistiendo los colores rioplatenses? La respuesta corta es que hubo una \u00e9poca en que el celeste y blanco no era una bandera nacional, sino una idea: la de que en el extremo sur del continente hab\u00eda nacido algo libre. Y esa idea viaj\u00f3. La respuesta larga incluye una virgen, una guerra de independencia, un pr\u00f3cer salvadore\u00f1o con buena memoria y \u2014ac\u00e1 empieza lo bueno\u2014 un corsario de origen franc\u00e9s que se tom\u00f3 el atrevimiento de pasear nuestra bandera por tres oc\u00e9anos.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos familias de banderas<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9rica Latina, mirada desde el aire, se reparte en dos linajes crom\u00e1ticos. Por un lado, el rojo, amarillo y azul de Venezuela, Ecuador y Colombia, herencia del tricolor que ide\u00f3 Francisco de Miranda y que abraz\u00f3 la Gran Colombia de Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Por el otro, el celeste y blanco que se derrama desde el R\u00edo de la Plata hacia Centroam\u00e9rica. La frontera entre ambos mundos no es caprichosa: dibuja, casi con precisi\u00f3n de mapa, hasta d\u00f3nde lleg\u00f3 la gesta de cada libertador. Bol\u00edvar en el norte; San Mart\u00edn en el sur. Nuestro celeste y blanco nace con Manuel Belgrano, que lo enarbol\u00f3 por primera vez a orillas del Paran\u00e1, en Rosario, el 27 de febrero de 1812. Sobre el origen de los colores se discute desde entonces: hay quien los atribuye al manto de la Virgen, quien a las cintas que luc\u00edan los Patricios durante las Invasiones Inglesas de 1806, quien incluso a las condecoraciones del rey Carlos III. Lo que no se discute es lo que vino despu\u00e9s. En tiempos en que casi toda la Am\u00e9rica espa\u00f1ola ca\u00eda de nuevo bajo el dominio realista, el R\u00edo de la Plata se mantuvo en pie. Y esa terquedad lo convirti\u00f3, a los ojos del continente, en el faro de la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>El eslab\u00f3n documentado: un salvadore\u00f1o con memoria<\/p>\n\n\n\n<p>Ac\u00e1 pisamos terreno firme, del que figura en los archivos. Cuando Centroam\u00e9rica se sacude el dominio espa\u00f1ol y, m\u00e1s tarde, resiste su anexi\u00f3n al Imperio Mexicano, aparece la figura de Manuel Jos\u00e9 Arce. En 1822, nombrado jefe de los milicianos salvadore\u00f1os, Arce necesita una bandera para los suyos. Y no inventa: recuerda. Recuerda los colores de los pr\u00f3ceres argentinos, de ese San Mart\u00edn y ese Belgrano que en el sur estaban torci\u00e9ndole el brazo al imperio. Le encarga entonces a su esposa, Felipa Aranzamendi, y a su hermana, que confeccionen con seda blanca y celeste el primer pabell\u00f3n de la Provincia de El Salvador. De esa semilla brota, en 1824, la bandera de la Rep\u00fablica Federal de Centro Am\u00e9rica \u2014Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica\u2014, calcada en su concepto de la de las Provincias Unidas del R\u00edo de la Plata. Cuando la federaci\u00f3n se desmembra entre guerras civiles, cada rep\u00fablica se queda con su jir\u00f3n de aquel sue\u00f1o com\u00fan. Por eso, dos siglos despu\u00e9s, siguen ondeando celeste, blanco y celeste. (Costa Rica fue la excepci\u00f3n: le sum\u00f3 el rojo y rompi\u00f3 a medias el molde.) La prueba m\u00e1s elocuente no la damos nosotros: hasta hoy, el propio Estado salvadore\u00f1o reconoce oficialmente que sus colores son \u201clos de los pr\u00f3ceres argentinos San Mart\u00edn y Belgrano\u201d. No hay vanidad patri\u00f3tica que invente eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ac\u00e1 entra el corsario<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed, la historia con sello y firma. Lo que sigue es donde el dato se entrevera con la leyenda, y es \u2014no lo vamos a negar\u2014 la parte m\u00e1s linda. Hip\u00f3lito Bouchard era franc\u00e9s de nacimiento, pero argentino de causa. Marino al servicio de las Provincias Unidas, entre 1817 y 1819 protagoniz\u00f3 una de las epopeyas m\u00e1s ins\u00f3litas de nuestra historia naval: una circunnavegaci\u00f3n corsaria al mando de la fragata La Argentina, una nave que, vuelta de tuerca po\u00e9tica, le hab\u00eda arrebatado a los propios espa\u00f1oles. Conviene aclarar que \u201ccorsario\u201d no es lo mismo que \u201cpirata\u201d: el pirata roba para s\u00ed; el corsario navega con patente legal de su gobierno para hostigar al enemigo. Bouchard llevaba la suya, firmada por el Directorio. Su traves\u00eda parece guion de aventura: Madagascar, donde frustr\u00f3 un cargamento de esclavos; el sudeste asi\u00e1tico, donde cruz\u00f3 ca\u00f1onazos con piratas malayos; Filipinas; Haw\u00e1i, donde el rey Kamehameha \u2014al que apodaban el Napole\u00f3n de la Polinesia\u2014 habr\u00eda reconocido la independencia argentina; California, donde sus hombres tomaron y arrasaron Monterrey, entonces capital de la Alta California; y las costas del Pac\u00edfico mexicano y centroamericano. Una vuelta al mundo dando batalla, con el celeste y blanco flameando en lo m\u00e1s alto del palo mayor. Y es justamente ese palo mayor el que enciende la leyenda. Entre marzo y abril de 1819, La Argentina naveg\u00f3 frente a las costas centroamericanas exhibiendo el pabell\u00f3n rioplatense. Algunos historiadores sostienen que aquella bandera, vista desde la playa por ojos que so\u00f1aban con su propia libertad, fue la chispa que inspir\u00f3 los colores de la futura Centroam\u00e9rica. La imagen es irresistible: un barco solitario, salido del fin del mundo, mostr\u00e1ndole a un continente todav\u00eda encadenado el color exacto de lo que pod\u00eda llegar a ser.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00f3nde termina el dato y empieza el mito<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene, eso s\u00ed, no enamorarse del cuento al punto de cre\u00e9rselo entero. El v\u00ednculo entre Bouchard y las banderas centroamericanas es una hip\u00f3tesis seductora, no una certeza de archivo. Las propias fuentes que lo cuentan lo hacen en condicional: \u201cse cree\u201d, \u201calgunos historiadores se\u00f1alan\u201d. El eslab\u00f3n s\u00f3lido sigue siendo Arce y su decisi\u00f3n deliberada de homenajear a los pr\u00f3ceres argentinos. Lo de Bouchard como detonante es tradici\u00f3n m\u00e1s que documento. Hay, adem\u00e1s, un personaje que suele colarse y confundir las fechas: otro corsario franc\u00e9s, Louis-Michel Aury, este al servicio de Bol\u00edvar, que el 4 de julio de 1818 tom\u00f3 la isla de Providencia, en el Caribe, tambi\u00e9n bajo una ense\u00f1a celeste y blanca. M\u00e1s de una cr\u00f3nica mezcla a los dos hombres en un solo relato. Pero fueron corsarios distintos, en mares distintos \u2014Bouchard en el Pac\u00edfico, Aury en el Caribe\u2014 y en a\u00f1os distintos. Quiz\u00e1 esa misma niebla sea lo m\u00e1s fiel a la \u00e9poca. En los a\u00f1os en que el sur del continente le ense\u00f1aba al norte que la independencia era posible, las ideas viajaban m\u00e1s r\u00e1pido que los documentos, y los s\u00edmbolos se contagiaban de barco en barco, de playa en playa. Sea por la mano firme de Arce o por la estela de la fragata de Bouchard \u2014probablemente por ambas\u2014, lo cierto es que el celeste y blanco dej\u00f3 de pertenecernos solo a nosotros. Hoy, cuando flamea en Tegucigalpa, en Managua o en San Salvador, no est\u00e1 copiando a nadie. Est\u00e1 recordando un tiempo en que media Am\u00e9rica so\u00f1\u00f3 con una sola bandera. Y nosotros, sin propon\u00e9rnoslo del todo, le pusimos los colores.<\/p>\n\n\n\n<p>M.T.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si uno despliega sobre una mesa las banderas de Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Argentina, el parecido es casi inc\u00f3modo: las mismas dos franjas celestes abrazando una blanca, el mismo aire de familia. 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