{"id":1000026751,"date":"2026-01-05T12:15:23","date_gmt":"2026-01-05T15:15:23","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000026751"},"modified":"2026-01-05T12:15:26","modified_gmt":"2026-01-05T15:15:26","slug":"el-suicidio-de-lisandro-de-la-torre-una-advertencia-que-la-politica-argentina-ignoro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000026751","title":{"rendered":"El suicidio de Lisandro de la Torre, una advertencia que la pol\u00edtica argentina ignor\u00f3"},"content":{"rendered":"\n<p>Fue uno de los pol\u00edticos m\u00e1s \u00edntegros de la historia argentina. Denunci\u00f3 la corrupci\u00f3n cuando hacerlo implicaba riesgo real, sobrevivi\u00f3 a un atentado en el Senado y vio morir a su disc\u00edpulo defendi\u00e9ndolo. Aislado, marginado y sin concesiones, Lisandro de la Torre termin\u00f3 pagando con su vida el precio de no transar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un tiempo en la pol\u00edtica argentina en el que la honestidad no era un eslogan, sino una pr\u00e1ctica inc\u00f3moda. Lisandro de la Torre fue uno de esos hombres que pag\u00f3 caro no adaptarse a los atajos del poder. Nacido en Rosario el 6 de diciembre de 1868, jurista brillante, parlamentario riguroso y fundador del Partido Dem\u00f3crata Progresista, encarn\u00f3 una forma de hacer pol\u00edtica basada en la \u00e9tica, la coherencia y la denuncia frontal de los intereses que operaban desde las sombras del Estado. Su figura incomod\u00f3 desde temprano. No porque buscara el conflicto, sino porque se neg\u00f3 a callar. En el Senado de la Naci\u00f3n protagoniz\u00f3 uno de los momentos m\u00e1s dram\u00e1ticos de la historia pol\u00edtica argentina: el 23 de julio de 1935, en pleno debate por el esc\u00e1ndalo de los frigor\u00edficos y los acuerdos con intereses extranjeros, fue atacado a tiros dentro del recinto. El objetivo era \u00e9l. Pero quien termin\u00f3 recibiendo los disparos fue su disc\u00edpulo y aliado, Enzo Bordabehere, senador electo, que se interpuso para protegerlo y muri\u00f3 en el acto. Ese d\u00eda marc\u00f3 un quiebre. No solo por la violencia expl\u00edcita en el coraz\u00f3n del Congreso, sino porque dej\u00f3 al desnudo hasta d\u00f3nde estaba dispuesto a llegar el poder cuando se siente amenazado. De la Torre continu\u00f3 su lucha, pero el sistema ya hab\u00eda tomado nota: no hab\u00eda lugar para alguien que insistiera en se\u00f1alar con nombre y apellido a los responsables de la corrupci\u00f3n estructural. En 1937 renunci\u00f3 a su banca, aunque sigui\u00f3 participando como conferencista y referente moral. Sin cargos, sin estructura partidaria fuerte, cada vez m\u00e1s aislado, enfrentado con sectores de la Iglesia y con buena parte del arco pol\u00edtico, su figura fue quedando sola. No derrotada en lo intelectual, pero s\u00ed marginada en lo real. La pol\u00edtica argentina \u2014ayer como hoy\u2014 no suele perdonar a quienes no se alinean. El 5 de enero de 1939, en su departamento de la calle Esmeralda 22, en Buenos Aires, Lisandro de la Torre decidi\u00f3 poner fin a su vida. Al igual que a\u00f1os despu\u00e9s lo hiciera el Dr. Ren\u00e9 Favaloro, se dispar\u00f3 directamente al coraz\u00f3n. Ten\u00eda 70 a\u00f1os. No dej\u00f3 un mensaje grandilocuente ni una proclama partidaria. En su \u00faltima carta mecanografiada escribi\u00f3 una frase que condensa su mirada l\u00facida, austera y profundamente filos\u00f3fica sobre la existencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDesear\u00eda que mis cenizas fueran arrojadas al viento; me parece una forma excelente de volver a la nada, confundi\u00e9ndose con todo lo que muere en el Universo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>No fue un gesto de cobard\u00eda ni una huida. Fue, en muchos sentidos, el \u00faltimo acto de un hombre que se neg\u00f3 a seguir viviendo en una pol\u00edtica que hab\u00eda dejado de escuchar. Su suicidio no fue solo una tragedia personal: fue tambi\u00e9n un s\u00edntoma de \u00e9poca, una se\u00f1al temprana de c\u00f3mo la corrupci\u00f3n, el cinismo y la violencia pod\u00edan expulsar del sistema a quienes no estaban dispuestos a negociar principios. Hoy, cuando la palabra \u00ab\u00e9tica\u00bb suele usarse como recurso discursivo y no como pr\u00e1ctica concreta, recordar a Lisandro de la Torre incomoda. Porque obliga a preguntarnos cu\u00e1nto espacio real existe para la coherencia y la honestidad en la pol\u00edtica argentina.&nbsp;&nbsp;Tal vez por eso su legado sigue vigente: no como mito, sino como espejo.<\/p>\n\n\n\n<p>A.G.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue uno de los pol\u00edticos m\u00e1s \u00edntegros de la historia argentina. Denunci\u00f3 la corrupci\u00f3n cuando hacerlo implicaba riesgo real, sobrevivi\u00f3 a un atentado en el Senado y vio morir a su disc\u00edpulo defendi\u00e9ndolo. Aislado, marginado y sin concesiones, Lisandro de la Torre termin\u00f3 pagando con su vida el precio de no transar. 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