{"id":1000023567,"date":"2025-10-07T22:55:19","date_gmt":"2025-10-08T01:55:19","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000023567"},"modified":"2025-10-07T22:55:21","modified_gmt":"2025-10-08T01:55:21","slug":"el-siglo-de-la-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000023567","title":{"rendered":"El siglo de la violencia"},"content":{"rendered":"\n<p>El siglo XXI promet\u00eda ser el de la informaci\u00f3n, la cooperaci\u00f3n global y los derechos humanos universales. Pero a un cuarto de su recorrido, esa utop\u00eda se ha desvanecido. Lo que avanza no es la ilustraci\u00f3n, sino el miedo; no la palabra, sino la fuerza. El mundo parece haber entrado en una era donde la violencia, m\u00e1s que una excepci\u00f3n, se ha convertido en el idioma com\u00fan del poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Vivimos el siglo de la violencia: la violencia pol\u00edtica, econ\u00f3mica, simb\u00f3lica, ambiental y digital, ejercida por Estados, corporaciones y aparatos ideol\u00f3gicos que operan bajo el disfraz del orden, la libertad o la defensa de la patria. En las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, el planeta ha visto la instalaci\u00f3n de gobiernos de derecha o ultraderecha con un mismo patr\u00f3n: promesas de orden, discursos antipol\u00edticos, exaltaci\u00f3n de la seguridad y desprecio por la diversidad. De Hungr\u00eda a Italia, de Estados Unidos a Brasil, de Argentina a Polonia, de Israel a Espa\u00f1a, el mapa pol\u00edtico del mundo se ti\u00f1e de conservadurismo autoritario. Estas derechas no llegan con tanques, sino con votos. Pero una vez instaladas, vac\u00ed\u00adan las democracias desde adentro, capturando los medios, las cortes, las universidades y el lenguaje p\u00fablico. Sustituyen la palabra \u00abpueblo\u00bb por \u00abmercado\u00bb, y la palabra \u00abjusticia\u00bb por \u00abpropiedad\u00bb. El resultado: sociedades cada vez m\u00e1s controladas, empobrecidas y fragmentadas, donde la represi\u00f3n no es una anomal\u00eda sino parte de la gesti\u00f3n cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La represi\u00f3n como paisaje urbano<\/p>\n\n\n\n<p>La represi\u00f3n, que anta\u00f1o evocaba im\u00e1genes de dictaduras, hoy se normaliza en las capitales del mundo.&nbsp;&nbsp;En Francia, la polic\u00eda reprime a diario manifestaciones sindicales, estudiantiles y ambientalistas. Las protestas contra la reforma jubilatoria de Macron en 2023 terminaron con m\u00e1s de 900 detenidos y centenares de heridos. El uso indiscriminado de gases lacrim\u00f3genos, granadas de dispersi\u00f3n y balas de goma fue condenado por Human Rights Watch y Amnist\u00eda Internacional. En Alemania, las movilizaciones propalestinas y las protestas por Gaza son criminalizadas bajo la acusaci\u00f3n de \u00abantisemitismo\u00bb. Estudiantes y profesores universitarios son desalojados con violencia, mientras el gobierno se refugia en una ret\u00f3rica de \u00abtolerancia cero\u00bb. La represi\u00f3n se reviste de correcci\u00f3n moral. En Espa\u00f1a e Italia, la violencia contra migrantes y refugiados se volvi\u00f3 estructural. Los muertos en el Mediterr\u00e1neo ya no son noticia; son estad\u00edstica. En la valla de Melilla, 37 africanos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad en 2022. En Italia, el gobierno de Meloni consolid\u00f3 acuerdos con Libia para interceptar barcos y devolver seres humanos a campos de detenci\u00f3n. En Estados Unidos, la brutalidad policial deja m\u00e1s de mil muertos por a\u00f1o, mayormente afroamericanos o latinos. Las protestas de Black Lives Matter fueron infiltradas, vigiladas y reprimidas con armas de guerra. En la frontera sur, el trato a migrantes se asemeja al de prisioneros: ni\u00f1os enjaulados, familias separadas, deportaciones sin debido proceso. El siglo XXI normaliz\u00f3 que un Estado golpee, gasee o encierre a quien protesta. La represi\u00f3n se volvi\u00f3 pol\u00edtica p\u00fablica, el miedo una pedagog\u00eda social.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia del supremacismo y el sionismo pol\u00edtico<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia no solo proviene del Estado, sino tambi\u00e9n de los discursos que lo legitiman. En Europa y Am\u00e9rica del Norte, el supremacismo blanco y el nacionalismo excluyente crecen a la sombra del desempleo, la inmigraci\u00f3n y la manipulaci\u00f3n medi\u00e1tica. En Alemania y Francia, los ataques de extrema derecha se incrementaron un 40 % en tres a\u00f1os. En Italia, el neofascismo se asienta en el discurso oficial, exaltando la patria y deshumanizando al extranjero. En Espa\u00f1a, Vox convierte la discriminaci\u00f3n en plataforma electoral. Y en el plano internacional, el sionismo pol\u00edtico \u2014no como identidad religiosa, sino como ideolog\u00eda expansionista y militarizada\u2014 se ha transformado en un modelo de impunidad global. En nombre de la \u00abseguridad de Israel\u00bb se justifican genocidios, se destruyen hospitales, se bombardean civiles y se asesinan miles de ni\u00f1os en Gaza. La paradoja es brutal: los gobiernos que reprimen en casa justifican la represi\u00f3n ajena fuera de sus fronteras. Francia, Alemania, Estados Unidos e Italia apoyan sin fisuras una violencia que niega los mismos derechos humanos que dicen defender.<\/p>\n\n\n\n<p>La descalificaci\u00f3n del ambientalismo: la nueva herej\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las formas m\u00e1s sutiles \u2014y peligrosas\u2014 de violencia contempor\u00e1nea es la descalificaci\u00f3n del cuidado ambiental. El pensamiento ecol\u00f3gico, que deber\u00eda ser el consenso \u00e9tico del siglo XXI, ha sido convertido por estas derechas en un enemigo ideol\u00f3gico. En discursos oficiales y medios alineados se ridiculiza a quienes defienden el ambiente: se los llama \u00abambientalistas radicales\u00bb, \u00abenemigos del progreso\u00bb, \u00abalarmistas clim\u00e1ticos\u00bb o, en Am\u00e9rica Latina, \u00abantipatrias\u00bb. En Estados Unidos, el negacionismo clim\u00e1tico fue pol\u00edtica de Estado bajo Donald Trump, que retir\u00f3 al pa\u00eds del Acuerdo de Par\u00eds. En Brasil, Bolsonaro habilit\u00f3 la deforestaci\u00f3n masiva del Amazonas. En Argentina, el gobierno de Javier Milei disolvi\u00f3 el Ministerio de Ambiente y calific\u00f3 la transici\u00f3n energ\u00e9tica como una \u00abmentira socialista\u00bb. El odio a la causa ambiental cumple una funci\u00f3n: eliminar cualquier l\u00edmite moral o ecol\u00f3gico al capital. Se proh\u00edben protestas ecologistas, se encarcelan activistas, se persiguen cient\u00edficos, se flexibilizan normas para la miner\u00eda, el fracking o la ganader\u00eda industrial. La represi\u00f3n ambiental \u2014desde la caza de ballenas en Jap\u00f3n hasta la criminalizaci\u00f3n de defensores del agua en Am\u00e9rica Latina\u2014 es otra cara del mismo sistema de dominaci\u00f3n global. El ambientalismo no solo denuncia el da\u00f1o ecol\u00f3gico: denuncia el modelo econ\u00f3mico que lo produce. Por eso se lo reprime. Porque es la forma m\u00e1s peligrosa de rebeld\u00eda contempor\u00e1nea: aquella que no se limita a cambiar gobiernos, sino que cuestiona la ra\u00edz civilizatoria del poder.<\/p>\n\n\n\n<p>El modelo global de control<\/p>\n\n\n\n<p>El siglo XXI ha perfeccionado un sistema en el que la violencia funciona como lubricante de la econom\u00eda global. Estados militarizados garantizan inversiones extractivas, y corporaciones que contaminan financian campa\u00f1as pol\u00edticas. La represi\u00f3n se terceriza: empresas de seguridad, algoritmos de vigilancia, ej\u00e9rcitos privados. Y todo se justifica en nombre de la libertad de mercado. En Europa, la \u00abseguridad energ\u00e9tica\u00bb se impone sobre la transici\u00f3n verde. En Am\u00e9rica Latina, los territorios ind\u00edgenas se destruyen en nombre de la inversi\u00f3n extranjera. En Estados Unidos, el lobby petrolero dicta la pol\u00edtica ambiental. En \u00c1frica, las potencias trasladan su basura t\u00f3xica y sus residuos digitales. La violencia ambiental \u2014el silencioso asesinato de la naturaleza\u2014 es la forma m\u00e1s extendida de represi\u00f3n contempor\u00e1nea: no deja huellas visibles, pero mata millones de vidas humanas y no humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia cultural: censura y miedo<\/p>\n\n\n\n<p>El autoritarismo actual no se presenta con uniformes, sino con algoritmos. Se censura sin prohibir, se manipula sin declarar, se castiga sin juicio. Los medios masivos repiten consignas, las redes amplifican el odio y las universidades temen ense\u00f1ar pensamiento cr\u00edtico. El discurso de \u00aborden y libertad\u00bb se ha vuelto un ox\u00edmoron: libertad para el capital, orden para los pobres. La censura alcanza a artistas, periodistas y cient\u00edficos. Hablar de feminismo, de Palestina, de cambio clim\u00e1tico o de justicia social se ha vuelto peligroso en muchos pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p>Resistir el siglo de la violencia<\/p>\n\n\n\n<p>No todo est\u00e1 perdido. La historia ense\u00f1a que los pueblos, incluso en los momentos m\u00e1s oscuros, encuentran modos de resistir. La resistencia hoy implica repensar la pol\u00edtica m\u00e1s all\u00e1 de los partidos: reconstruir redes, recuperar la empat\u00eda, defender el conocimiento libre y la solidaridad. Implica tambi\u00e9n reivindicar el ambientalismo como acto pol\u00edtico y \u00e9tico, como defensa del derecho m\u00e1s b\u00e1sico: el de existir. Frente a los gobiernos que destruyen la tierra, la resistencia ambiental no es un lujo: es supervivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la violencia se disfraza de progreso<\/p>\n\n\n\n<p>El siglo XXI ser\u00e1 recordado como el siglo de la violencia si seguimos aceptando que la represi\u00f3n es orden, que la desigualdad es libertad y que la devastaci\u00f3n del planeta es desarrollo. La violencia ya no se expresa solo en las armas: est\u00e1 en el discurso, en la indiferencia, en el desprecio por la vida. Y cada vez que se burla a un activista, se encierra a un migrante o se bombardea un hospital, se destruye un poco m\u00e1s la idea misma de humanidad. A\u00fan hay tiempo para cambiar el rumbo. Pero solo si entendemos que cuidar el ambiente, defender los derechos humanos y oponerse a la violencia no son causas distintas: son la misma batalla por la dignidad de la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siglo XXI promet\u00eda ser el de la informaci\u00f3n, la cooperaci\u00f3n global y los derechos humanos universales. Pero a un cuarto de su recorrido, esa utop\u00eda se ha desvanecido. Lo que avanza no es la ilustraci\u00f3n, sino el miedo; no la palabra, sino la fuerza. 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