{"id":1000022193,"date":"2025-09-02T08:57:27","date_gmt":"2025-09-02T11:57:27","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000022193"},"modified":"2025-09-02T08:57:29","modified_gmt":"2025-09-02T11:57:29","slug":"el-espejismo-de-la-neuquinidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000022193","title":{"rendered":"El espejismo de la Neuquinidad"},"content":{"rendered":"\n<p>Un concepto pol\u00edtico nacido como herramienta de construcci\u00f3n partidaria en los a\u00f1os de la provincializaci\u00f3n hoy es reciclado como propaganda oficial. Rolando Figueroa promete cambio, pero reedita las peores pr\u00e1cticas de coerci\u00f3n y autoritarismo, mientras intenta imponer por repetici\u00f3n una m\u00edstica que se apag\u00f3 hace d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una identidad inventada. La palabra Neuquinidad se repite como un mantra en los discursos oficiales y la publicidad del actual gobierno. Nos la presentan como si fuera el reencuentro con una m\u00edstica provincial perdida, el regreso a un orgullo colectivo que nos diferenciar\u00eda del resto del pa\u00eds. Pero la historia demuestra otra cosa: la Neuquinidad no fue una herencia cultural espont\u00e1nea, sino una construcci\u00f3n pol\u00edtica deliberada en los primeros a\u00f1os de la provincializaci\u00f3n. Como se\u00f1alan Mar\u00eda Esperanza Casullo y Alejo Pasetto, en su estudio La g\u00e9nesis de la \u00abneuquinidad\u00bb como construcci\u00f3n pol\u00edtica, la identidad neuquina fue definida \u00abcomo un destino antes que como una herencia&#8230; inclusiva antes que exclusiva\u00bb y, sobre todo, identificada con el Movimiento Popular Neuquino. De esa manera, la pertenencia a la provincia se fundi\u00f3 con la adhesi\u00f3n partidaria. En palabras simples: ser neuquino se volvi\u00f3, discursivamente, sin\u00f3nimo de ser emepenista.<\/p>\n\n\n\n<p>El mito y su funci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Felipe Sapag, fundador del MPN, supo articular lo que la teor\u00eda pol\u00edtica denomina populismo subnacional. Construy\u00f3 un \u00abnosotros\u00bb contra un \u00abellos\u00bb: el pueblo neuquino frente al centralismo porte\u00f1o. Esa dicotom\u00eda, t\u00edpica de las l\u00f3gicas populistas que describe Ernesto Laclau, fue la base de una identidad inclusiva: \u00abtodos somos neuquinos\u00bb, incluso migrantes internos, extranjeros o pueblos originarios, siempre que compartieran la cruzada contra el poder central. Esta estrategia result\u00f3 eficaz. Como lo sintetiza Orietta Favaro, el MPN se present\u00f3 como un \u00abno-partido\u00bb: no representaba a una facci\u00f3n sino a toda la provincia. En los hechos, esto legitim\u00f3 su control sobre el Estado provincial y transform\u00f3 la \u00abneuquinidad\u00bb en carta de ciudadan\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>De la inclusi\u00f3n al disciplinamiento<\/p>\n\n\n\n<p>El contraste con el presente es brutal. Lo que en los a\u00f1os 60 se plante\u00f3 como inclusividad, hoy se reduce a una herramienta de control. Rolando Figueroa intenta resucitar la Neuquinidad como pegamento pol\u00edtico, pero lo hace sin la \u00e9pica del desarrollo ni la legitimidad del proyecto colectivo. Lo hace a fuerza de repetici\u00f3n publicitaria y coerci\u00f3n.&nbsp;&nbsp;La pol\u00edtica hacia los medios y periodistas se parece demasiado al viejo m\u00e9todo del \u00abplata o plomo\u00bb atribuido a Pablo Escobar: si no te pueden comprar, te persiguen. El esquema es aplicado coordinadamente con el Poder Legislativo de la provincia y el municipio capitalino. Quien no repite el catecismo oficial queda excluido de la pauta, hostigado en lo laboral o acosado en su vida privada. Una estrategia de disciplinamiento que revela el vac\u00edo del relato oficial: no alcanza con el convencimiento, se necesita el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>El cambio convertido en espejismo<\/p>\n\n\n\n<p>Figueroa lleg\u00f3 al poder prometiendo un cambio frente al desgaste del viejo MPN. Pero ese cambio se volvi\u00f3 abstracto. En lugar de abrir un nuevo ciclo pol\u00edtico, reedita las viejas pr\u00e1cticas de castigo discrecional dentro del Estado y de represi\u00f3n en la calle. Lo vimos en la violencia innecesaria contra una protesta pac\u00edfica de comunidades mapuches que s\u00f3lo reclamaban el cumplimiento de acuerdos firmados por el propio gobierno. Una escena que resuena como advertencia: cuando se vac\u00eda el discurso, la violencia se convierte en recurso.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo peor de cada casa<\/p>\n\n\n\n<p>No podemos olvidar. Jorge Sobisch crey\u00f3 que pod\u00eda proyectarse a la presidencia de la Naci\u00f3n mientras en Neuqu\u00e9n aplicaba mano dura a los docentes y movimientos sociales. De esa soberbia qued\u00f3 la herida abierta del asesinato de Carlos Fuentealba en 2007, un crimen que marc\u00f3 a fuego la pol\u00edtica provincial. Hoy Figueroa parece tentado por un camino similar. No carga a\u00fan con una tragedia de esa magnitud, pero reedita la l\u00f3gica del castigo a la disidencia, la discrecionalidad y la represi\u00f3n como respuesta. La \u00abNeuquinidad\u00bb convertida en un nuevo espejismo, detr\u00e1s del cual asoman viejas sombras.<\/p>\n\n\n\n<p>El mito y la propaganda<\/p>\n\n\n\n<p>La neuquinidad, como mito fundacional, alguna vez sirvi\u00f3 para construir autoestima y cohesi\u00f3n en una provincia joven. Hoy se la intenta revivir como propaganda. Pero no hay mito que aguante si los hechos lo contradicen. En su origen, la neuquinidad fue un proyecto de futuro inclusivo. Hoy se usa para justificar un presente excluyente y autoritario. En lugar de horizonte, se volvi\u00f3 espejo roto: refleja lo que fuimos, distorsiona lo que somos y oculta lo que falta por hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>El golpe del rechazo<\/p>\n\n\n\n<p>Si en las elecciones de octubre la ciudadan\u00eda rechaza este intento de imponer la Neuquinidad como relato hegem\u00f3nico, el golpe para el gobierno de Figueroa ser\u00e1 doble: no s\u00f3lo perder\u00e1 la legitimidad de un concepto que pretende presentarse como identidad colectiva, sino que tambi\u00e9n quedar\u00e1 expuesto el vac\u00edo de su promesa de cambio con miras a las elecciones provinciales del 2027.&nbsp;&nbsp;El desaf\u00edo es mayor a\u00fan porque los partidos nacionales, pese a cargar con una imagen deteriorada en la provincia, mantienen enclaves de poder y representaci\u00f3n. Si la ciudadan\u00eda opta por castigarlo, aun a riesgo de elegir opciones con baja credibilidad, Neuqu\u00e9n podr\u00eda ingresar en una etapa de fragmentaci\u00f3n pol\u00edtica in\u00e9dita desde la provincializaci\u00f3n, la que no podr\u00e1 frenar ni la revitalizaci\u00f3n de un Movimiento Popular Neuquino que todav\u00eda respira a duras penas. El resultado ser\u00eda un sistema m\u00e1s competitivo, menos dominado por un mito identitario, pero tambi\u00e9n m\u00e1s inestable, donde la gobernabilidad depender\u00e1 de pactos fr\u00e1giles y coyunturales, en lugar de un proyecto pol\u00edtico integrador.<\/p>\n\n\n\n<p>Adri\u00e1n Giannetti<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un concepto pol\u00edtico nacido como herramienta de construcci\u00f3n partidaria en los a\u00f1os de la provincializaci\u00f3n hoy es reciclado como propaganda oficial. 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