{"id":1000011661,"date":"2025-02-03T10:58:02","date_gmt":"2025-02-03T13:58:02","guid":{"rendered":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000011661"},"modified":"2025-02-03T10:58:03","modified_gmt":"2025-02-03T13:58:03","slug":"myanmar-una-nacion-agotada-y-desfigurada-por-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gazzettinoitalianopatagonico.com\/?p=1000011661","title":{"rendered":"Myanmar, una naci\u00f3n agotada y desfigurada por la guerra"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuatro a\u00f1os de guerra civil han reducido a Myanmar al borde del abismo. En el aniversario del golpe de Estado que derroc\u00f3 al gobierno elegido democr\u00e1ticamente el 1 de febrero de 2021, la naci\u00f3n se mira en el espejo y se encuentra desfigurada. Myanmar es el lugar m\u00e1s violento del mundo, seg\u00fan el proyecto Armed conflict location and event data project (Acled), una organizaci\u00f3n que recoge y analiza datos sobre conflictos en todo el mundo: hay m\u00e1s de 50.000 muertos -entre ellos m\u00e1s de 8.000 civiles- y m\u00e1s de 3,5 millones de desplazados. Es un conflicto que el Papa Francisco no deja de mencionar en sus reiterados llamamientos a la paz. La guerra trae consigo el hambre, que ha alcanzado niveles alarmantes: la situaci\u00f3n empeorar\u00e1 en 2025, seg\u00fan ha advertido el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, que prev\u00e9 que m\u00e1s de 15 millones de personas pasar\u00e1n hambre en 2025, frente a los 13,3 millones del a\u00f1o pasado. Quienes viven en zonas asoladas por los enfrentamientos armados entre el ej\u00e9rcito y las fuerzas de la oposici\u00f3n (sobre todo en los estados de Chin, Kachin y Rakhine y en la regi\u00f3n de Sagaing) sufrir\u00e1n altos niveles de inseguridad alimentaria, informa el Pma, mientras que 20 millones de personas -m\u00e1s de un tercio de toda la poblaci\u00f3n- necesitar\u00e1n ayuda para alimentos y enfermedades. Los desplazados tambi\u00e9n est\u00e1n aumentando y se espera que aumenten en un mill\u00f3n para 2025 a medida que el conflicto se consolide y se extienda a nuevas zonas. \u00abLos precios de los alimentos en Myanmar siguen subiendo cada mes. La gente no tiene recursos para comprar productos de primera necesidad, debido a la indigencia generalizada\u00bb, explica a L&#8217;Osservatore Romano el padre Bernardino Ne Ne, un sacerdote que, tras ejercer como p\u00e1rroco en Yangon, regres\u00f3 a la di\u00f3cesis de Loikaw, en el este del pa\u00eds, una zona marcada por la violencia y los desplazamientos. \u00abMiles de personas est\u00e1n al borde del abismo, se encuentran en campos de refugiados o en asentamientos espont\u00e1neos en los bosques. No pueden cultivar la tierra, sobreviven a duras penas y s\u00f3lo gracias a la ayuda de grupos caritativos como los cat\u00f3licos\u00bb, relata. Precisamente en Loikaw, donde el ej\u00e9rcito birmano ha ocupado el complejo de la catedral de Cristo Rey para convertirlo en campamento base, el obispo y sus sacerdotes tambi\u00e9n viven como desplazados y comparten la vida de los refugiados. Un cap\u00edtulo que genera un inmenso sufrimiento es el de las minas antipersona: seg\u00fan el \u00abMonitor de Minas Terrestres 2024\u00bb, las fuerzas militares han incrementado el uso de minas que matan e hieren indiscriminadamente. En el \u00faltimo a\u00f1o, se han documentado v\u00edctimas en los 14 estados y regiones de Myanmar y en cerca del 60% de las ciudades. En el primer semestre de 2024 hubo 692 v\u00edctimas civiles de las minas, un tercio de ellas ni\u00f1os. La agencia de noticias Fides informa: \u00abLos soldados entran en las aldeas y obligan a sus habitantes a huir. Colocan minas terrestres en el pueblo, en las granjas, en los campos de arroz y ma\u00edz, alrededor del campamento militar. Los habitantes locales, para sobrevivir, van a esas tierras arriesgando sus vidas. Los militares da\u00f1an intencionadamente a los civiles porque les acusan de apoyar a las fuerzas de la oposici\u00f3n\u00bb. Tras cuatro a\u00f1os de conflicto, la situaci\u00f3n habla de una junta que intenta reforzar sus filas con una campa\u00f1a de reclutamiento obligatorio, y los j\u00f3venes que no quieren ser reclutados huyen a la vecina Tailandia para escapar del servicio militar. Paralelamente a este fen\u00f3meno, se produce una explosi\u00f3n del trabajo infantil: la guerra ha creado una escasez de trabajadores, que se cubre reclutando a menores, para emplearlos en sectores como la confecci\u00f3n, la agricultura, la restauraci\u00f3n, el trabajo dom\u00e9stico, la construcci\u00f3n, la venta ambulante, en abierta violaci\u00f3n de los derechos del ni\u00f1o. La Federaci\u00f3n del Trabajo de Myanmar se\u00f1ala que los ni\u00f1os son especialmente vulnerables a la explotaci\u00f3n. Y mientras las escuelas de muchas zonas permanecen cerradas sin remedio, los ni\u00f1os llevan a\u00f1os privados de su derecho b\u00e1sico a la educaci\u00f3n, lo que repercute gravemente en su futuro. Con este tr\u00e1gico tel\u00f3n de fondo, afirma Hyginus Myint Soe, sacerdote de Yangon, la comunidad cat\u00f3lica tambi\u00e9n \u00abvive en una \u00e9poca de desierto\u00bb, inmersa en una naci\u00f3n que sufre un conflicto civil, mientras en las iglesias la actividad se reduce a menudo a la celebraci\u00f3n de los sacramentos. El compromiso de sacerdotes, religiosos y laicos, tanto en las zonas m\u00e1s cruentas como en las del centro del pa\u00eds -donde hay tensi\u00f3n y miedo, pero no violencia-, es salir al encuentro de los necesitados, de los desplazados, de las v\u00edctimas de la indigencia o de la desesperaci\u00f3n, \u00abdonde falta vivienda, trabajo, comida, sustento diario, educaci\u00f3n\u00bb. Se convierten as\u00ed, en el a\u00f1o del Jubileo, en dispensadores de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Paolo Affatato<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuatro a\u00f1os de guerra civil han reducido a Myanmar al borde del abismo. 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