Gazzettino Italiano Patagónico
low angle photo of nuclear power plant buildings emtting smoke
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Seguridad en las centrales nucleares

Desde sus orígenes la energía nuclear ha despertado miedos, dudas, tal vez por los efectos devastadores sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la segunda guerra mundial, y las consecuencias también devastadoras de las 67 bombas que hicieron detonar los norteamericanos entre 1946 y 1958 en las Islas Marshall, durante la guerra fría con la entonces Unión Soviética. La explosión de Castillo Bravo el 1 de marzo de 1954 tenía una potencia mil veces superior a la de Hiroshima. El inmenso poder del átomo fue usado para la destrucción desde los estados más bajos del ser humano. En el subconsciente de la población quedó marcado a fuego ese mensaje. Y en muchos casos perdura hasta hoy. El posterior desarrollo de la energía nuclear y sus aplicaciones benéficas terminaron modificando esta concepción. El tiempo demostró que esa prodigiosa cantidad de energía podía utilizarse con fines benéficos. Sus múltiples aplicaciones en la investigación básica, en la producción de energía, en el campo de la medicina, y un largo etc., la colocan entre los desarrollos más notables del ingenio humano. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, constituido por científicos de un gran número de países, aconseja que, para mitigar los efectos negativos del calentamiento global, entre otras medidas, se debe multiplicar por más de dos el número de centrales nucleares que funcionan hoy en el mundo. Es decir, es una fuente energética benéfica para el ambiente. Tal vez uno de los logros más espectaculares del ser humano haya sido controlar la liberación de energía de tan singular fuente. Hoy una central nuclear es un ingenio tecnológico que nos permite producir esa energía en forma controlada. Ahí está el mérito. En el mundo funcionan 458 centrales y unas 60 más están en construcción. Y aquí vuelve una vez más la cuestión de la seguridad. Mucha gente se pregunta si una planta atómica es una bomba que puede explotar reproduciendo los inmensos daños de Hiroshima y Nagasaki estamos en condiciones de responder que decididamente no es posible. Veamos…

a) El combustible de una bomba atómica es uranio altamente enriquecido en el isótopo U235, superior al 90% de enriquecimiento. La tecnología para dicho proceso no está al alcance de todos los países. El tratado de no proliferación (TPN) permite a ciertos países (EE. UU, Inglaterra) controlar en forma minuciosa la tecnología de enriquecimiento. No podemos alcanzar a producir tal combustible. Nuestro país adhirió a dicho tratado por Ley N° 24.448, con validez a partir del 10 de febrero de 1995.                                                                                     b) También puede ser una mezcla de uranio y plutonio, elemento éste que se genera en cierto de reactores, como los reproductores. Nosotros no contamos con dicha tecnología.                    c) Existe un tipo de bomba como la que explotó en Castillo Bravo en 1954, conocida como bomba de hidrógeno, o bomba termonuclear. Usa el hidrógeno como combustible aplicando las reacciones de fusión, propias del Sol. Es un proceso que aún el hombre no domina, Se están realizando grandes esfuerzos para alcanzar el manejo de este tipo de reacciones. Considerado como el “santo grial de la energía”, promete una producción limpia e ilimitada.                          d) Todo artefacto explosivo es por definición, no controlable. Su factor de multiplicación K, o factor de Fermi, se vuelve infinito en un tiempo infinitesimal.

Lo visto hasta aquí describe en forma conceptual las características más relevantes de una bomba atómica. Entonces ¿cuáles serían las diferencias con una central nuclear como Atucha II, por ejemplo?

1) Las centrales nucleares usan un combustible distinto al de una bomba. El grado de enriquecimiento con U235 nunca supera el 3 o el 4%. El 5% a lo sumo. Hoy no contamos con tecnología para preparar dicho combustible. Nuestras centrales funcionan con uranio natural (0,7%) o muy levemente enriquecido.                                                                                                      2) Si bien los reactores con uranio natural producen pequeñas cantidades de plutonio, nunca alcanzan niveles como para preparar una bomba. Tampoco manejamos la tecnología para separar y reprocesar el plutonio como combustible (proceso MOX).                                                                               3) Más arriba explicamos que los procesos de fusión no se han alcanzado a dominar a nivel mundial. Nosotros estamos también excluidos de disponer de tales medios. Es decir, no podemos fabricar una bomba termonuclear.                                                                                        4) El diseño de nuestras centrales busca que el factor de multiplicación, o factor de Fermi, se mantenga alrededor de 1. Esto es un proceso controlado.

Esta breve descripción conceptual nos permite comprender las diferencias básicas entre una bomba y una central nuclear. Entonces, cualquiera de nuestras centrales ¿no podría explotar como una bomba atómica? Decididamente no. Lo que no quiere decir que no podamos tener accidentes. Y si ello ocurriera ¿qué podría pasar? Veamos…Las reacciones de fisión se llevan a cabo en la tina del reactor, una especie de olla a presión (como si fuera una Marmicot) con paredes de acero de un espesor de 29 centímetros, una altura de 14 mt y un diámetro de 7,37 mt. Esa olla pesa 710 toneladas en el caso de Atucha II (ver la fotografía en la parte superior). Tan recipiente se cierra con una tapa fijada con 72 bulones, cada uno de los cuales soporta una presión de 1000 toneladas. Es decir, que la tapa del reactor se cierra con una presión de 72.000 toneladas. El reactor junto con los equipos auxiliares, está protegido por un blindaje biológico de hormigón de 1,5 metros de espesor. Todos estos equipos están dentro de una esfera de contención de 2,5 cm de espesor y 56 metros de diámetro. La esfera de acero está protegida por otra esfera de hormigón de 0,70 metros de espesor con ventilación independiente.  Estas estructuras actúan también como espejos reflectantes de los neutrones para garantizar que el factor K, se mantenga alrededor de 1. Esta descripción nos permite apreciar los criterios de seguridad que se han adoptado en el diseño y la construcción de nuestras centrales nucleares. Por hipótesis de diseño, el control de las centrales contempla cuatro sistemas independientes y redundantes, es decir, cuatro mecanismos independientes uno de otro, para las operaciones normales y en emergencia. El combustible en forma de pastillas, está distribuido en numerosas barras bañadas por el refrigerante, agua pesada, preparada en la planta de Arroyito, provincia de Neuquén. El refrigerante y el moderador de las reacciones en cadena es el mismo producto: agua pesada, grado reactor (99,81% de deuterio). Pocas actividades industriales están tan controladas como el funcionamiento de nuestras plantas nucleares. De manera que podemos confiar en la seguridad de nuestras centrales porque son muy seguras y no explotaran como bombas atómicas.

Aldo Villavicencio

Villavic1951@hotmail.com

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