El Papa: en nuestras sociedades tecnócratas se pierde la alegría del vivir

El Papa: en nuestras sociedades tecnócratas se pierde la alegría del vivir

25 septiembre, 2018 Off By Gazzettino Italiano Patagónico
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Francisco en Estonia: confiar en el progreso tecnológico como única vía de desarrollo puede provocar la pérdida de los vínculos. El bienestar no significa vivir bien

Demasiada confianza en el progreso tecnológico «puede provocar que se pierda la capacidad de crear vínculos interpersonales». En nuestras «sociedades tecnocráticas» se pierde «el sentido de la vida, de la alegría de vivir», «el bienestar y el vivir bien no siempre son sinónimos». El Papa Francisco pasó de Lituania, de mayoría católica, a Letonia, en donde la mitad de la población declara no creyente. Ahora concluye su viaje a los países bálticos con un día en Tallin, en Estonia, una nación en la que el 70% de la población no profesa ninguna religión. Una vez más, dirigiéndose a las autoridades políticas en el monumental palacio presidencial, se refirió a los peligros de una sociedad que pierde el sentido de la vida y la propia identidad. Saludando a su huésped, la presidente Kersti Kaljulaid recordó que «la libertad religiosa es precisamente una de las rocas sobre las cuales se funda nuestra democracia». Recordó también la amistad y la cercanía del Vaticano con su país: «La Santa Sede nunca reconoció la ocupación de Estonia. Durante la época soviética mantuvo la administración apostólica de Estonia vacante por razones políticas. Con su autoridad política y moral la Santa Sede fue fuente de poder espiritual para las naciones europeas que fueron rehenes del comunismo». Kersti Kaljulaid observó: «Siempre tenemos que poner atención en salvaguardar nuestra libertad y los derechos humanos. Si no lo hacemos, podremos obtener algunos días de leve despreocupación, pero heredaremos un futuro lleno de preocupaciones. Ocultarse ante los problemas del mundo no hace a nadie ni más fuerte ni más feliz, porque detrás de las puertas cerradas solo puede crecer el miedo, nunca un futuro creativo y seguro. Es una responsabilidad compartida por cada uno de nosotros encontrar soluciones a los problemas del mundo, sean los sufrimientos de las personas que escapan de las atrocidades y de la guerra, el cambio climático y los problemas migratorios, o la pobreza». También afirmó que «afrontar el problema del cambio climático representa una cuestión crucial en nuestra época, y conocemos claramente el vínculo que existe entre él y el problema migratorio». También aquí, como en Lituania y en Letonia, Francisco, al tomar la palabra recordó los sufrimientos que tuvo que afrontar la población: «su pueblo debió soportar en diversos períodos de la historia momentos duros de sufrimientos y tribulaciones. Luchas por la libertad y la independencia que siempre se veían cuestionadas o amenazadas. Sin embargo, en los últimos poco más de 25 años —en los que han reingresado con título pleno en la familia de las naciones— la sociedad de Estonia ha dado “pasos de gigante” y su país, aun siendo pequeño, se encuentra en primera línea en el índice de desarrollo humano, en su capacidad de innovación, además de demostrar un alto nivel en lo relativo a la libertad de prensa, democracia y libertad política. También han estrechado vínculos de cooperación y amistad con varios países». El Papa explicó que «cultivar la memoria agradecida permite identificar todos los logros de los que hoy gozan con una historia de hombres y mujeres que lucharon para que esta libertad fuera posible, y que a su vez los desafía a rendirles homenaje abriendo caminos para los que vendrán después». Y advirtió: «es necesario recordar con insistencia que el bienestar y el vivir bien no siempre son sinónimos. Una de las consecuencias que podemos observar en nuestras sociedades tecnocráticas es la pérdida del sentido de la vida, de la alegría de vivir y, por tanto, un apagarse lento y silencioso de la capacidad de asombro, lo cual sumerge muchas veces a los ciudadanos en un cansancio existencial». Y así, puede suceder que «conciencia de pertenecer y de luchar por otros, de estar enraizados en un pueblo, en una cultura, en una familia» se va perdiendo poco a poco, «privando, especialmente a los más jóvenes, de raíces desde donde construir su presente y su futuro, ya que se les priva de la capacidad de soñar, de arriesgar, de crear». «Poner toda la confianza en el progreso tecnológico como única vía posible de desarrollo –concluyó Francisco– puede provocar que se pierda la capacidad de crear vínculos interpersonales, intergeneracionales, interculturales. En definitiva, ese tejido vital tan importante para sentirnos parte los unos de los otros y partícipes de un proyecto común en el sentido más amplio de la palabra». Una de las responsabilidades «más importantes que tenemos todos aquellos que asumimos una responsabilidad social, política, educativa, religiosa radica precisamente en cómo nos convertimos en artesanos de vínculos». Francisco encontró una temperatura más baja en Estonia de la que había en Lituania y Letonia. Brilla el sol, pero hay ráfagas de viento frío. Durante el discurso una de esas ráfagas le quitó el solideo al Papa en el Jardín de las Rosas del palacio presidencial.

Andrea Tornielli


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