“Reposo no es divertirse y ganar, sino hacer la paz con la propia vida”

“Reposo no es divertirse y ganar, sino hacer la paz con la propia vida”

5 septiembre, 2018 Off By Gazzettino Italiano Patagónico
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Audiencia general en la Plaza San Pedro; el Papa prosigue con la catequesis dedicada a los Diez Mandamientos: «La publicidad pinta el mundo ideal como un gran parque de diversiones, pero conduce a huir de la realidad»

Es una sociedad «sedienta» y «anestesiada» por diversiones y vacaciones, en la que la vida parece un «gran parque de diversiones» en el cual es posible refugiarse para huir de la realidad. Es la sociedad que describió el Papa Francisco durante la audiencia general de hoy en la Plaza San Pedro, en la que retomó su “viaje” por el Decálogo bíblico. La etapa de hoy fue el mandamiento sobre el día del descanso, tema principal de la reflexión del Pontífice, que explicó a alrededor de 20 mil fieles que no es tan sencillo seguir este mandamiento. ¿No es simple reposar? Sí, parecería una paradoja, pero es así, subrayó Francisco, porque existen «un reposo falso» y «un reposo verdadero». El primero es una «fuga de la realidad», mediante las diversiones y el hedonismo en general, una fuga de los «hechos que no se aceptan», de las «partes difíciles de la propia existencia»; el segundo, en cambio, es el reposo según la concepción cristiana de «bendición de la realidad», aunque a menudo sea dura, desilusione y canse. Es un reposo que proviene de la «paz» encontrada en el interior, cuando se logra reconciliarse con la propia historia. El reposo falso, insistió el Papa Francisco, es el que ofrece la sociedad de hoy «sedienta de diversiones y vacaciones», en la que «la industria de la distracción es tan floreciente y la publicidad pinta el mundo ideal como un gran parque de diversiones en el que todos se divierten. El concepto dominante de vida hoy –afirmó el Papa– no tiene su baricentro en la actividad ni en el compromiso, sino en la evasión. Ganar para divertirse». «La imagen-modelo es la de una persona de éxito que puede permitirse amplios y diferentes espacios de placer». El problema es que esta «mentalidad lleva a resbalar hacia la insatisfacción de una existencia anestesiada por la diversión que no es reposo, sino enajenación y fuga de la realidad», advirtió Bergoglio. «El hombre nunca ha descansado como en la actualidad; sin embargo, ¡el hombre nunca ha experimentado tanto vacío como hoy!». En los Diez Mandamientos hay una luz diferente sobre el descanso, sobre el reposo. El reposo verdadero, «en el nombre del Señor», que alude al final de la Creación, cuando Dios dijo: «Dios vio cuanto había creado y era una cosa muy buena». Entonces inicia el día del reposo, «que es la alegría de Dios por lo que ha creado». El reposo es, pues, «el día de la contemplación y de la bendición», «el momento de la alabanza». Es el tiempo para ver la realidad y decir: ¡cómo es bella la vida! Al reposo como fuga de la realidad, el Decálogo ofrece el reposo como bendición de la realidad», explicó el Pontífice. Para los cristianos, «el centro del día del Señor, el domingo, es la Eucaristía, que significa “dar gracias”. Es el día para decirle a Dios: gracias por la vida, por tu misericordia, por todos tus dones», prosiguió. «El domingo no es el día para cancelar los demás días, sino para recordarlos, bendecirlos y hacer las paces con la vida, diciendo: “La vida es preciosa; no es fácil, a veces es dolorosa, pero es preciosa”». Ser introducidos, pues, al reposo auténtico es «una obra de Dios en nosotros, pero exige que nos alejemos de la maldición y de su fascinación. Plegar el corazón a la infelicidad, de hecho, subrayando los motivos de descontento es muy fácil. La bendición y la alegría implican una apertura al bien que es un movimiento adulto del corazón. El bien es amoroso y no se impone nunca. Debe ser elegido». Y también «la paz se elige», insistió el Papa: «no se puede imponer y no se encuentra por casualidad. Alejándose de las llagas amargas de su corazón, el hombre necesita hacer las paces con aquello de lo que huye. Es necesario reconciliarse con la propia historia, con los hechos que no se aceptan, con las partes difíciles de la propia existencia. La verdadera paz no es cambiar la propia historia, sino acogerla y darle valor». «¡Cuántas veces hemos encontrado a cristianos enfermos que nos han consolado con una serenidad que no se encuentra en los hedonistas!», acotó Bergoglio. Y, ¡cuántas veces «hemos visto personas humildes y pobres alegrarse de pequeñas gracias con una felicidad que sabía a eternidad!». Esta es la manera en la que «se vuelve bella la vida», cuando, concluyó Francisco, «se comienza a pensar bien sobre ella, sea la que sea nuestra historia. Cuando se abre camino el don de una duda: que todo es una gracia, y ese santo pensamiento derrumba el muro interior de la insatisfacción, inaugurando el reposo auténtico».

Salvatore Cernuzio


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